lunes, 11 de diciembre de 2017

Pensamientos de Santa Maravillas de Jesús

PENSAMIENTOS DE SANTA MARAVILLAS DE JESÚS

AMOR DE DIOS - AMOR A DIOS - CARIDAD CON EL PRÓJIMO - CONFIANZA Y ABANDONO EN DIOS - IMITACIÓN, SEGUIMIENTO Y UNIÓN CON CRISTO – REPARACIÓN – SANTIFICACIÓN – HUMILDAD - CRUCES Y CONTRARIEDADES DE LA VIDA - ¡QUE TODOS SIENTAN EL AMOR DE DIOS Y SE SALVEN! - VIRGEN MARÍA - ORACIÓN, SILENCIO, SOLEDAD


AMOR DE DIOS
“Veo al Señor cargado de los tesoros de su amor y necesitando almas vacías donde poder depositarlos”.
“Sólo en el cielo podremos comprender todo cuanto el Señor ha hecho por nosotros”.
Todo nos puede faltar. Todos los otros amores un día nos faltarán, pero el de su Corazón no nos faltará jamás”.
“El Señor bien conoce nuestra miseria, que de ella es caer y de su misericordia perdonar”.
“¿Quién puede amarte y procurar tu bien con el amor con que él te ama y con el poder y la bondad con que él lo procura?”
“¿Qué será ver a Dios cara a cara y poseerle para siempre? ¡Qué buenísimo ha sido dejándonos conocer esto poquísimo que conocemos de él!”
“¡Qué misterio de amor! Esa unión que tendremos, por su misericordia, en el cielo, empieza ya de verdad en la tierra”.
“Mire si nos ha amado, que no ha podido esperar al cielo para unirse con el alma”.
“El amor del Señor no tiene límites, que no lo tenga tampoco el nuestro”.
“No hay más que vivir de fe, y entonces ya todo resulta fácil, porque viéndole con nosotros tan bueno, tan lleno de amor, tan pendiente del nuestro, ¡quién no vivirá sólo para él y le amará con locura!”
“El pensar, como decía nuestra Santa Madre Teresa, que vamos a ser juzgados por quien con tanta razón amamos, es para deshacerse de agradecimiento, ya que mucho más nos ama él”.
“En el último lugar quiso estar Cristo en su casita de Nazaret y en la tierra, pues más último lugar que morir ajusticiado no puede haber. Fue por nuestro amor”. 

El sacerdote y la Eucaristía (II) - Cardenal Robert Sarah

Artículo  del
Cardenal Robert Sarah
publicado en la Revista Palabra



Conforme a lo que escribe en 1 Co 11, 1 8 (“Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo”), san Pablo es también modelo sacerdotal
En un texto anterior el cardenal Robert Sarah se refirió a la Eucaristía como lugar donde el sacerdote se ofrece a Dios y se configura con Cristo, Sumo Sacerdote. En este nuevo artículo se refiere, sobre todo, a la santificación como finalidad de la Eucaristía.
“Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo”(1 Co 11, 1). Pablo podría ser nuestro modelo sacerdotal. Habla, en efecto, “de la gracia que Dios me ha otorgado de ser ministro [oficiante del culto] de Cristo Jesús [un leitourgos] para con los gentiles”, o, dicho de otro modo, para con los paganos que el Apóstol Pablo evangeliza por medio de su apostolado. Y después añade: “ejerciendo el oficio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, sea agradable”(Rom 15, 15-16).
Pablo es sacerdote del Evangelio, por tanto, para que los hombres, los paganos que se convierten por medio de su apostolado, puedan ofrecerse ellos mismos a Dios. Desde luego su conversión se hará gracias a la Palabra y a los Sacramentos, particularmente la Eucaristía que celebra en medio de ellos para que se nutran y para que Cristo more en ellos como Vida de su vida. El Sacramento del Orden tiene, por tanto, una finalidad santificadora y teologal. El sacerdocio se ejerce para promover y acrecentar la fe teologal. Nuestro sacerdocio debe ayudar a los fieles cristianos a crecer y progresar en la fe teologal. Y tener fe teologal es adherirse a Dios que se revela para comunicarnos la vida, la vida divina que circula en el seno de la Trinidad.
En este punto encontramos una diferencia con Alá, el Dios de los musulmanes, quien comunica con los hombres, pero no se comunica. Comunica los preceptos religiosos del islam, pero no se comunica a sí mismo haciendo una Alianza con los hombres, ni en la gracia ni en la gloria. Para el Corán, eso incluso sería la peor blasfemia, porque supondría asociar el hombre a Dios. Prueba de lo que venimos diciendo está en que la bienaventuranza a la que el islam conduce no es la visión de Dios tal como Dios la ha prometido en la Revelación judeo-cristiana, y que encontramos perfectamente explicada en la Sagrada Biblia. El Paraíso de Alá es un lugar de delicias carnales, de bienestar puramente material y de felicidades creadas, que multiplican al máximo los placeres mundanos. En el islam no hay fe teologal, unión con Dios. Hay una adhesión religiosa. Ciertamente que el islam es una religión poderosa, con la que hoy nos relacionamos con frecuencia. Y, a primera vista, los musulmanes son mucho más religiosos y mucho más respetuosos de Dios que nosotros, los cristianos. No corramos, en consecuencia, el riesgo de comenzar a creer, como ellos, que cuanto más religioso se es, más fe se tiene.
Evangelio e ideologías

Meditaciones para los días de adviento de San Alfonso María de Ligorio (12) - Mi dolor está siempre delante de mí




MEDITACION XII
Mi dolor está siempre delante de mí. Salmo 38, 18
Dolor meus in conspectu meo Semper.

Considera como todas las penas e ignominias que Jesús padeció en su vida y muerte, todas las tuvo presentes desde el primer instante de su vida; y todas ellas comenzó desde niño a ofrecerlas en satisfacción de nuestros pecado, principiando desde entonces a hacer de Redentor. El mismo reveló a un siervo suyo, que desde el primer momento de su vida hasta la muerte siempre padeció; y padeció tanto por los pecados de cada uno de nosotros, que si hubiese tenido tantas vidas cuantos son los hombres, tantas veces habría muerto de dolor, a no haberle conservado Dios la vida, para padecer más.
¡Oh! ¡y qué martirio tuvo siempre el amante corazón de Jesús, al ver todos los pecados de los hombres! Dice Santo Tomás que este dolor de Jesucristo en conocer la ofensa del Padre, y el daño que del pecado debía después provenir a las almas de él mismo amadas, sobrepujó al dolor de todos los pecadores contritos, aún de aquellos que murieron de puro dolor. Si, porque ningún pecador ha amado jamás a Dios y a su propia alma tanto, cuanto Jesús amaba al Padre y a nuestras almas. De aquí es, que aquella agonía padecida por el Redentor en el huerto a la vista de todas nuestras culpas, de cuya satisfacción se había encargado, la padeció ya desde el vientre materno: Pobre soy yo, y en trabajos desde mi juventud Sal. 87. Así por boca de David predijo de sí nuestro Salvador, que toda su vida debía ser un continuo padecer. De esto deduce san Juan Crisóstomo, que nosotros no debemos afligirnos de otra cosa que del pecado; y que así como Jesús por los pecados nuestros fue afligido en toda su vida; así nosotros que los hemos cometido, debemos tener un continuo dolor, acordándonos de haber ofendido a un Dios que tanto nos ha amado.
Santa Margarita, no más, basta, el Señor ya te ha perdonado. ¡Cómo! Respondió la Santa; ¿Cómo pueden serme bastantes las lágrimas derramadas y el dolor por aquellos pecados que afligieron a mi Jesús durante toda su vida?

domingo, 10 de diciembre de 2017

El sacerdote y la Eucaristía - Cardenal Robert Sarah

Artículo  del
Cardenal Robert Sarah
publicado en la Revista Palabra


Siguiendo a Cristo, el sacerdote deberá inmolarse y abandonarse a la voluntad del Padre, en la obediencia y en el sometimiento a la muerte
Cuando nosotros celebramos la Eucaristía, no solo son transustanciadas las Sagradas especies del pan y del vino. Nosotros mismos como sacerdotes debemos parecernos en todo a Cristo mismo.
En esta ocasión he escogido para mi artículo en Palabra un tema de una importancia capital: “El sacerdote y la Eucaristía”.
¿Por qué esta elección? Porque todos nosotros comprendemos el lugar central que el sacerdote debería conceder a la Eucaristía, tanto en su vida personal como en su encargo pastoral. Los sacramentos del Orden y de la Eucaristía se interpenetran y coexisten casi inseparablemente y de manera vital en la existencia cotidiana del sacerdote. Sin la Eucaristía no podemos vivir. El Cura de Ars decía: “La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. ¡Dios mío! ¡Qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!” (B. Nodet, Le Curé d’Ars, sa pensée, son coeur, edit. Mappus, Le Puy 1958, pp. 104-105).
Primero quisiera centrarme en la Eucaristía como lugar donde el sacerdote se ofrece a Dios y se configura a Cristo Sumo Sacerdote.

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 10 (final) - Los dogmas marianos

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO DÉCIMO

LOS DOGMAS MARIANOS

BREVE RESEÑA
POR
NICOLAS MARIN NEGUERUELA

LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA - VIRGINIDAD PERPETUA DE MARÍA - LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - LA ASUNCIÓN GLORIOSA DE MARÍA EN CUERPO Y ALMA, AL CIELO - CONSECUENCIAS QUE SE DERIVAN DE ESTOS DOGMAS


La Maternidad divina de María, su perpetua virginidad, su Concepción Inmaculada y su Asunción gloriosa al cielo son los cuatro dogmas de la fe católica que miran a la celestial Madre. Explayemos ligeramente una reseña histórica de los dos primeros. Nos detendremos más despacio en el tercero y cuarto.

I. LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA.

Meditaciones para los días de adviento de San Alfonso María de Ligorio (11) - Llevó sobre si nuestras maldades



MEDITACION XI
Llevó sobre si nuestras maldades.
Iniquitates nostras ipse portavit. (Isai. LIII)

Considera como el Verbo divino, haciéndose hombre, no solo quiso tomar la figura de pecador, sino que también cargar sobre si todos los pecados de los hombres, y satisfacer por ellos como si fuesen propios, es decir, como si los hubiese cometido.
Ahora pensemos de aquí en qué opresión y angustia debía hallarse el Corazón del Niño Jesús, que ya se había cargado con todos los pecados del mundo, viendo que la justicia divina pedía de él una plena satisfacción.
Conocía bien la malicia de todo pecado, cuando con la luz de la divinidad que le acompañaba comprendía inmensamente, más que todos los hombres y todos los Ángeles, la infinita bondad de su Padre, y el mérito infinito que tiene para ser respetado y amado.
Después veía a las claras delante de sí innumerables pecados de los hombres, por los que debía él padecer y morir. Hizo ver el Señor una vez a santa Catalina de Génova la fealdad de una sola culpa venial; y a tal vista, fue tan grande el espanto y el dolor de la Santa, que cayó desmayada en tierra.
¿Qué pena seria, pues, la de Jesús niño, al verse luego que vino al mundo presentado ante el inmenso cúmulo de maldades de todos los hombres, por las cuales debía satisfacer? «Ya entonces, dice san Bernardino de Sena, tuvo conocimiento de cada culpa «en particular de todos los hombres.»
Por esto añade el cardenal Hugo, que los verdugos le atormentaron exteriormente crucificándole; pero nosotros interiormente pecando; y más afligió al alma de Jesucristo cada pecado nuestro, que afligió a su cuerpo la crucifixión y la muerte. He aquí, pues, la recompensa que ofreció a este divino Salvador cualquiera que se acuerde de haberle ofendido con pecado mortal.

Afectos y súplicas.

Mi amado Jesús, yo que hasta ahora os he ofendido, no soy digno de gracia; mas por el mérito de aquellas penas que padecisteis y ofrecisteis a Dios a la vista de todos mis pecados, satisfaciendo por ellos a la justicia divina, hacedme participante de la luz con que Vos entonces conocisteis su malicia, y de aquella aversión con que los detestasteis.
Porque ¿se habrá de verificar, oh mi Salvador, que yo soy verdugo de vuestro corazón todos los momentos de vuestra vida, y aún más cruel que cuantos os crucificaron? ¿Y que esta pena la he renovado y acrecentado siempre que he vuelto a ofenderos?
Señor, Vos habéis muerto ya para salvarme; pero no basta para esto vuestra muerte, si yo de mi parte no detesto sobre todo mal y no tengo verdadero dolor de las ofensas que os he hecho. Mas este dolor también me lo habéis de dar Vos, que lo dais a quien os lo pide.
Yo os lo pido por el mérito de todas vuestras penas que padecisteis en esta tierra: dádmelo tal, que corresponda a mi malicia.
Ayudadme, Señor, a hacer este acto de contrición: Eterno Dios, sumo e infinito bien; yo miserable gusano he tenido el atrevimiento de perderos el respeto, y despreciar vuestra gracia. Yo detesto sobre todo mal y aborrezco la injuria que os he hecho; me arrepiento de ello con todo el corazón, no tanto por el infierno que he merecido, cuanto porque que he ofendido vuestra infinita bondad.
Espero por los méritos de Jesucristo que me perdonaréis, y espero también con el perdón la gracia de amaros.
Os amo, oh Dios digno de infinito amor, y siempre quiero repetiros, yo os amo, yo os amo, yo os amo, y como os decía vuestra amada santa Catalina de Génova estando al pie de vuestra cruz, de la misma manera yo que estoy á vuestros pies quiero deciros:
«Señor mío, no más pecados, «no más pecados.» No, Jesús mío, que Vos no merecéis ser ofendido, sí que solamente merecéis ser amado. Redentor mío, ayudadme.
Madre mía María, socorredme, no os pido otra cosa que vivir amando a Dios en esta vida que me resta.


sábado, 9 de diciembre de 2017

Cosas católicas 8 - La Importancia de la Oración

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 9 - Devoción de España a María

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO NOVENO

DEVOCIÓN DE ESPAÑA A MARÍA


Para encomiar la veneración y amor que España profesa a María, basta recordar algunos párrafos de JUAN VÁZQUEZ DE MELLA:
«La Cristología y la Mariología forman una unidad que la historia de la Teología demuestra que no se puede separar y que tiene que ser afirmada o negada totalmente.
El tipo de la Virgen es de una grandeza tal, que excede a todas las ideas más altas de los hombres.
Hija, esposa, madre, virgen, todo a un tiempo y en una sola unidad, es el ideal realizado de una belleza sobrenatural que toscamente los artistas de la primera época de la Edad Media querían representar en la imagen de Santa Ana teniendo en su regazo a la Virgen, que tenía en el suyo al Niño Dios.
Turbada y humilde en la salutación angélica; transportada de
gozo en el Magnificat; atravesada con todas las espadas del dolor en el Stabat Mater Dolorosa, bajo todas las formas y advocaciones ha rendido la admiración de los hombres, pues hasta el mahometismo, la religión de la impureza, ha proclamado en el Corán su virginidad y su Concepción Inmaculada, y ningún verdadero poeta ha pasado delante de su altar sin saludarla con una vibración de su lira y de su alma.
Hay una palabra que es la primera que se pronuncia: Madre. Sólo los que la han conocido y la han perdido después de vivir y crecer bajo el impulso de su amor, pueden comprender todo lo que ese nombre encierra.
El despertar de la niñez y las primeras oraciones puestas con los primeros besos en los labios; las horas doradas de la adolescencia que no volverán; las inquietudes, las ilusiones, las esperanzas y también los desengaños que las marchitan; las congojas y las alegrías, todo se enlaza a la que nos comunicó la savia del cuerpo y del alma; y por eso, cuando la perdemos, nos acompaña como una sombra invisible, dejándonos un recuerdo fúnebre que los años no borran en la memoria y una espina siempre
clavada en el corazón.
¡La orfandad! ¿Qué religión y filosofía han pensado en aliviarla y en suprimirla sustituyendo la madre muerta con una que no muere nunca?

Meditaciones para los días de adviento de San Alfonso María de Ligorio (10) - Varón de dolores y que sabe de trabajos



Meditación X
Virum dolorum et scientem infirmitatem. (Isai. LIII, 3).
Varón de dolores y que sabe de trabajos.

Así llamó el profeta Isaías a Jesucristo, el hombre de dolores; sí, porque este hombre fue engendrado para padecer, y desde niño comenzó a sufrir los mayores dolores que jamás habían sufrido los otros.
El primer hombre Adán tuvo algún tiempo en que gozó en esta tierra las delicias del paraíso terrenal. Pero el segundo Adán, Jesucristo, no tuvo momento alguno de su vida que no estuviese lleno de afanes y agonías; habiéndole ya afligido desde niño la vista funesta de todas las penas e ignominias que debía padecer en su vida, y especialmente después en su muerte, sumergido en una tempestad de dolores y oprobios; como ya predijo David por aquellas palabras: He llegado a alta mar, y la tempestad me vio anegado. “Y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”. Flp. 2, 8.
Jesucristo desde el vientre de María aceptó la obediencia dada a él por el Padre, acerca de su pasión y muerte: Facius obediens usqve ad mortem; pues que desde el vientre de María previó los azotes, y ofreció a estos sus carnes: previó las espinas y ofrecióles su cabeza: previó las bofetadas y ofreció sus mejillas: previó los clavos y ofreció las manos y los pies: previó la cruz y ofreció su vida.
De aquí fue, que nuestro Redentor desde la primera infancia, en todos los momentos de su vida padeció un continuo martirio, y este le ofreció sin cesar por nosotros al eterno Padre.
Pero lo que más le afligió fue la vista de los pecados que debían cometer los hombres, aun después de su penosa redención.
Conocía bien con su luz divina la malicia de todos los pecados, y para quitarlos venia al mundo; mas viendo además un número grande que se habían de cometer después, esto dio mayor pena al corazón de Jesús, que las penas que han padecido y padecerán todos los hombres de la tierra.

¿Cómo era Juan Diego? ¿Por qué Dios se fijó en él? - San Juan Pablo II

CANONIZACIÓN DE JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Ciudad de México, Miércoles 31 de julio de 2002



1. “¡Yo te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!” (Mt 11, 25).
Queridos hermanos y hermanas: Estas palabras de Jesús en el evangelio de hoy son para nosotros una invitación especial a alabar y dar gracias a Dios por el don del primer santo indígena del Continente americano.
Con gran gozo he peregrinado hasta esta Basílica de Guadalupe, corazón mariano de México y de América, para proclamar la santidad de Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el indio sencillo y humilde que contempló el rostro dulce y sereno de la Virgen del Tepeyac, tan querido por los pueblos de México.
2. Agradezco las amables palabras que me ha dirigido el Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de México, así como la calurosa hospitalidad de los hombres y mujeres de esta Arquidiócesis Primada: para todos mi saludo cordial. Saludo también con afecto al Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, Arzobispo emérito de México y a los demás Cardenales, a los Obispos mexicanos, de América, de Filipinas y de otros lugares del mundo. Asimismo, agradezco particularmente al Señor Presidente y a las Autoridades civiles su presencia en esta celebración. 
Dirijo hoy un saludo muy entrañable a los numerosos indígenas venidos de las diferentes regiones del País, representantes de las diversas etnias y culturas que integran la rica y pluriforme realidad mexicana. El Papa les expresa su cercanía, su profundo respeto y admiración, y los recibe fraternalmente en el nombre del Señor.
3. ¿Cómo era Juan Diego? ¿Por qué Dios se fijó en él? El libro del Eclesiástico, como hemos escuchado, nos enseña que sólo Dios “es poderoso y sólo los humildes le dan gloria” (3, 20). También las palabras de San Pablo proclamadas en esta celebración iluminan este modo divino de actuar la salvación: “Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios” (1 Co 1, 28.29).
Es conmovedor leer los relatos guadalupanos, escritos con delicadeza y empapados de ternura. En ellos la Virgen María, la esclava “que glorifica al Señor” (Lc 1, 46), se manifiesta a Juan Diego como la Madre del verdadero Dios. Ella le regala, como señal, unas rosas preciosas y él, al mostrarlas al Obispo, descubre grabada en su tilma la bendita imagen de Nuestra Señora.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Domingo II de adviento (Ciclo b) Catena Aurea


Marcos 1,1-8
Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como está escrito en Isaías profeta: He aquí que mando a mi ángel ante tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti: Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor; haced rectas sus sendas.
San Juan estuvo en el desierto bautizando y predicando el bautismo de penitencia para la remisión de los pecados. E iban a encontrarle todas las gentes de Jerusalén y de toda la Judea, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y Juan andaba vestido de pelos de camello y un ceñidor de cuero a la cintura, y su comida era langostas y miel silvestre, y predicaba diciendo: "En pos de mí viene el que es más fuerte que yo: ante el cual no soy yo digno de postrarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado en agua; mas El os bautizará en el Espíritu Santo".

San Jerónimo, en el prólogo
Marcos evangelista, levita según su linaje, siendo sacerdote en Israel, convertido al Señor, escribió el Evangelio en Italia (1). En él mostraba lo que Cristo debía a su linaje. Señalaba el principio del orden de la elección levítica, al decir: "Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Y comenzaba el Evangelio con una exclamación profética sobre Juan, hijo de Zacarías.

San Jerónimo, en el principio del comentario
Se llama Evangelio ( euaggelion ), en griego, lo que en latín significa buena nueva. Porque se refiere propiamente al reino de Dios y a la remisión de los pecados, y porque es por el Evangelio por donde viene la redención de los fieles y la bienaventuranza de los santos. Los cuatro Evangelios, en realidad, no forman más que uno, ya que en cada uno se contienen los cuatro. En hebreo se dice Jesús, en griego Soter (swthr ), y en latín Salvador. Cristo se dice en griego cristoV , que en hebreo es Mesías y en latín Ungido, esto es, Rey Sacerdote.

Domingo II de adviento (ciclo b) Guión litúrgico



Entrada:
Celebramos hoy el segundo domingo de Adviento, que es el tiempo de preparación para la venida de Cristo en la Navidad. No hay mejor modo de prepararse a la venida de Cristo que participando dignamente del Santo Sacrificio de la Misa. En él Cristo se hace presente de una manera verdadera, real y sustancial. Participemos activamente en él. Para iniciar esta celebración nos ponemos de pie y cantamos…

La Inmaculada Concepción en el Catecismo de la Iglesia Católica



 ... nació de la Virgen María

487 Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.

La predestinación de María

488 "Dios envió a su Hijo" (Ga 4, 4), pero para "formarle un cuerpo" (cf. Hb 10, 5) quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a "una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María" (Lc 1, 26-27):
«El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la Encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida» (LG56; cf. 61).

489 A lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada por la misión de algunas santas mujeres. Al principio de todo está Eva: a pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una descendencia que será vencedora del Maligno (cf. Gn 3, 15) y la de ser la madre de todos los vivientes (cf. Gn 3, 20). En virtud de esta promesa, Sara concibe un hijo a pesar de su edad avanzada (cf. Gn 18, 10-14; 21,1-2). Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil (cf. 1 Co 1, 27) para mostrar la fidelidad a su promesa: Ana, la madre de Samuel (cf. 1 S 1), Débora, Rut, Judit, y Ester, y muchas otras mujeres. María "sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación" (LG55).

La Inmaculada Concepción

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 8 - La Madre Dolorosa

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO OCTAVO

LA MADRE DOLOROSA

MARIA POR EL CAMINO DEL DOLOR - LA MADRE DOLOROSA Y NUESTRO DOLOR

Los sabios y artistas de todo el mundo saludan con gran acontecimiento el día en que el rey de Suecia entrega el I Premio Nóbel a los que lo consiguieron.
En 1928, el premio de Literatura fue concedido a una escritora, Sigrid Undset. El día 7 de diciembre pasaba ella por Oslo, camino de Estocolmo, para recibir el premio. En Oslo se organizó una gran fiesta en su honor, y al siguiente día, en la fiesta de la Inmaculada, ella fue a la iglesia de los dominicos y depositó en silencio a los pies de la Madre Dolorosa la corona de laurel recibida, la noche anterior, de sus admiradores.
No sabemos cuántas veces debió estar arrodillada esta escritora de fama mundial ante la estatua de la Madre Dolorosa. No sabemos qué cosas pudo decirle el rostro de la Madre Dolorosa sobre ambiciones, planes de vida, esfuerzos, amor, paz. No sabemos sino que fueron millones los hombres que miraron así los ojos de la Madre afligida, y encontraron consuelo, tranquilidad y nuevo ánimo de vida... a los pies de la Dolorosa.
¡La Madre Dolorosa! A. ella deseo consagrar el presente capítulo.
¡La Madre Dolorosa! Por el camino de la vida —camino de zarzales, pedregoso, rudo y triste— quisiera conducir yo a mis lectores para hacerles comprender después la influencia maravillosa que ejerce su culto en el alma humana. I. Primero iremos por el camino espinoso que hubo de andar María, porque solamente así II. Descubriremos con claridad aquellas fuentes de vida que brotan de la Madre Dolorosa para endulzar nuestras penas.

Meditaciones para los días de adviento de San Alfonso María de Ligorio (9) - Nos amó y se entregó a si mismo por nosotros



MEDITACIÓN IX
Nos amó y se entregó a si mismo por nosotros.
Dilexit nos, et tradidit semelipsum pro nobis. (Ephes. V, II)

Considera como el Verbo eterno es aquel Dios infinitamente feliz en sí mismo; de manera que su felicidad no puede ser ya más grande, ni la salvación de todos los hombres podía aumentarla, ni disminuirla cosa alguna. Y con todo, ha hecho, y padecido tanto por salvar a nosotros miserables gusanos, que si su bienaventuranza (dice santo Tomás) hubiese dependido de la del hombre, no habría podido padecer ni sufrir más. Quasi sine ipso beatus esse non posset.
Y en verdad, si Jesucristo no pudiera haber sido bienaventurado sin redimirnos ¿cómo hubiera podido humillarse más de lo que se ha humillado, hasta tomar sobre sí nuestras enfermedades, los abatimientos de la infancia, las miserias de la vida humana, y una muerte tan cruel e ignominiosa?
Solo un Dios era capaz de amar con tanto exceso a nosotros miserables pecadores, que éramos tan indignos de ser amados. Dice un devoto autor, que si Jesucristo nos hubiese permitido pedirle las pruebas más grandes de su amor, ¿quién jamás se habría atrevido a demandarle que se hiciese niño como nosotros, que se vistiese de todas nuestras miserias, y además fuese el más pobre entre todos los hombres, el más vilipendiado y el más maltratado, hasta morir por manos de verdugos y a fuerza de tormentos sobre un infame patíbulo, maldecido y abandonado de todos, hasta de su mismo Padre que desampara el Hijo, por no dejarnos sepultados en nuestras ruinas?
Pero lo que nosotros no nos habríamos ni aun atrevido a pensar, el Hijo de Dios lo pensó, y lo ha ejecutado.
Desde niño se ha sacrificado por nosotros a las penas, a los oprobios y a la muerte. Dilexit nos, el tradidit semetipsum pro nobis.
Nos ha amado, y por amor se nos ha dado así mismo, a fin de que ofreciéndole por víctima al Padre en satisfacción de nuestras deudas, podamos por sus méritos alcanzar de la bondad divina cuantas gracias deseemos: víctima más estimada al Padre, que si le fuesen ofrecidas las de todos los hombres, y de todos los Ángeles. Ofrezcamos, pues, nosotros siempre a Dios los méritos de Jesucristo, y por ellos pidamos y esperemos todo bien.

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