sábado, 28 de abril de 2012

viernes, 27 de abril de 2012

DOMINGO 4º DE PASCUA - Ciclo B -

HOMILÍA DE
SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI

Basílica de San Pedro
IV Domingo de Pascua
7 de mayo de 2006

Queridos hermanos y hermanas;
queridos ordenandos: 
          En esta hora en la que vosotros, queridos amigos, mediante el sacramento de la ordenación sacerdotal sois introducidos como pastores al servicio del gran Pastor, Jesucristo, el Señor mismo nos habla en el evangelio del servicio en favor de la grey de Dios.
          La imagen del pastor viene de lejos. En el antiguo Oriente los reyes solían designarse a sí mismos como pastores de sus pueblos. En el Antiguo Testamento Moisés y David, antes de ser llamados a convertirse en jefes y pastores del pueblo de Dios, habían sido efectivamente pastores de rebaños. En las pruebas del tiempo del exilio, ante el fracaso de los pastores de Israel, es decir, de los líderes políticos y religiosos, Ezequiel había trazado la imagen de Dios mismo como Pastor de su pueblo. Dios dice a través del profeta:  "Como un pastor vela por su rebaño (...), así velaré yo por mis ovejas. Las reuniré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas" (Ez 34, 12).

jueves, 26 de abril de 2012

Domingo de 4º Pascua B - Catena Aurea


Jn. 10,11-18
"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. Mas el asalariado y que no es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata y esparce las ovejas. Y el asalariado huye, porque es asalariado y porque no tiene parte en las ovejas". (vv. 11-13)

San Agustín, in Joanem tract 46 et 47
El Señor nos descubre dos cosas, que nos había propuesto en cierto modo encubiertas. Nosotros sabemos desde un principio que El mismo es la puerta; ahora nos enseña que es pastor, por estas palabras: "Yo soy el buen pastor". Más arriba nos había dicho que el pastor entraba por la puerta. Si, pues, El mismo es la puerta, ¿cómo entra por sí mismo? Así como El por sí mismo conoce al Padre y nosotros le conocemos por El, de la misma manera El entra en el redil por sí mismo y nosotros entramos allí por El. Nosotros, porque predicamos a Cristo entramos por la puerta. Pero Cristo se predica a sí mismo; porque su predicación le muestra a El mismo, muestra la luz y otras muchas cosas. Si aquellos que presiden la Iglesia, que son sus hijos, son pastores, ¿cómo es que no hay más que un solo pastor sino porque todos aquellos son miembros de un solo pastor? Y en verdad el ser pastor lo concedió a sus miembros; pues Pedro es pastor, y los demás Apóstoles son pastores, y todos los buenos obispos son pastores. Pero la prerrogativa de ser puerta no la concedió a ninguno de nosotros; la reservó para sí solo. No habría añadido a la palabra pastor la cualidad de bueno, si no hubiera pastores malos; ellos son ladrones y salteadores, o por lo menos mercenarios.

miércoles, 25 de abril de 2012

EL SECRETO DE FÁTIMA

CONGREGACIÓN
PARA LA DOCTRINA
DE LA FE

EL MENSAJE DE FÁTIMA

PRESENTACIÓN 
En el tránsito del segundo al tercer milenio, Juan Pablo II ha decidido hacer público el texto de la tercera parte del « secreto de Fátima ».
Tras los dramáticos y crueles acontecimientos del siglo XX, uno de los más cruciales en la historia del hombre, culminado con el cruento atentado al « dulce Cristo en la Tierra », se abre así un velo sobre una realidad, que hace historia y la interpreta en profundidad, según una dimensión espiritual a la que la mentalidad actual, frecuentemente impregnada de racionalismo, es refractaria.
Apariciones y signos sobrenaturales salpican la historia, entran en el vivo de los acontecimientos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial. Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio.
Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas. La primera y la segunda parte del « secreto » —que se publican por este orden por integridad de la documentación— se refieren sobre todo a la aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia, en su defección de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo comunista, provocaría a la humanidad.

Guión Domingo 4º Pascua B



ENTRADA:
Hermanos: En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia celebra la “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”. Conscientes de que el rebaño necesita pastores que lo guíen bajo la inspiración y el ejemplo de Jesús el Buen Pastor, iniciamos la celebración  poniéndonos de pie y cantando...

martes, 24 de abril de 2012

Los Guardianes de la Historia -Cap 2. Aguas Encrespadas (Juan el Bautista - La tempestad cambiada - El endemoniado de Gerasa)

Programa de la nueva evangelización - Año de la fe

Del discurso del
Cardenal Rouco Varela
en la apertura de la
Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal Española
I. El plan pastoral, la nueva evangelización y la crisis actual
1. El octavo plan pastoral de la Conferencia Episcopal
Teniendo bien presente el aludido sentido de los planes pastorales de la Conferencia, venimos estudiando un nuevo plan para el quinquenio 2011-2015 que desearíamos centrar en La Nueva Evangelización desde la Palabra de Dios: Por tu palabra, echaré las redes (Lc 5, 5).
En realidad, todos nuestros planes pastorales han estado orientados de uno u otro modo por el programa de la nueva evangelización, como se echa de ver ya en los mismos títulos que llevan: Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, Impulsar una nueva evangelización, Para que el mundo crea, Proclamar el año de gracia del Señor, Una Iglesia esperanzada: ¡Mar adentro! o Yo soy el Pan de Vida: Vivir de la Eucaristía. Pero, en cada caso, se ha procurado poner un acento especial que venía determinado por algunas circunstancias más inmediatas de la vida de la Iglesia o de nuestra sociedad. Algo semejante sucede también ahora con el nuevo plan que estudiamos. ¿Por qué, pues, la nueva evangelización? Y, ¿con qué acento especial para estos años?

LA ORACIÓN CRISTIANA EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA - 2

ARTÍCULO 2

EN LA PLENITUD
DE LOS TIEMPOS


2598 El drama de la oración se nos revela plenamente en el Verbo que se ha hecho carne y que habita entre nosotros. Intentar comprender su oración, a través de lo que sus testigos nos dicen en el Evangelio, es aproximarnos al Santo Señor Jesús como a la Zarza ardiendo: primero contemplando a él mismo en oración y después escuchando cómo nos enseña a orar, para conocer finalmente cómo acoge nuestra plegaria.

Jesús ora
2599 El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. El aprende de su madre las fórmulas de oración; de ella, que conservaba toas las "maravillas " del Todopoderoso y las meditaba en su corazón (cf Lc 1, 49; 2, 19; 2, 51). Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: "Yo debía estar en las cosas de mi Padre" (Lc 2, 49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.

lunes, 23 de abril de 2012

Vídeo resumen JMJ Madrid 2011

¿Quién inspiró al Siervo de Dios Fulton Sheen?

 
Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?". 
El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña China de once años de edad. 
Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los Comunistas penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al piso, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.
 

domingo, 22 de abril de 2012

¿Por qué la liturgia? Comentarios al Catecismo nn. 1066-1070

OFICINA PARA LAS
CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE
En el Catecismo de la Iglesia Católica a la profesión de fe, desarrollada en su primera parte, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la edificación de su Iglesia. De hecho, si en la liturgia no destacase la figura de Cristo, que es su principio y está realmente presente para hacerla válida, ya no tendríamos la liturgia cristiana, que depende totalmente del Señor y es sostenida por su presencia.
Así pues, existe una relación intrínseca entre fe y liturgia, ambas están íntimamente unidas. En realidad, sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Y, “por otra parte, la acción litúrgica nunca puede ser considerada genéricamente, prescindiendo del misterio de la fe. En efecto, la fuente de nuestra fe y de la liturgia eucarística es el mismo acontecimiento: el don que Cristo ha hecho de sí mismo en el Misterio pascual” (Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, 34).

LA ORACIÓN CRISTIANA EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA - 1

PRIMERA SECCIÓN
LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA
2558 "Este es el Misterio de la fe". La Iglesia lo profesa en el Símbolo de los Apóstoles (Primera Parte del Catecismo) y lo celebra en la Liturgia sacramental (Segunda Parte), para que la vida de los fieles se conforme con Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre (Tercera Parte). Por tanto, este Misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.
¿QUÉ ES LA ORACIÓN?
Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, ms autob. C 25r).

sábado, 21 de abril de 2012

Domingo 3º de Pascua B - Catena Aurea

Lc. 24,35-48

Y ellos contaban lo que les había sucedido en el camino, y cómo le habían conocido al partir el pan. (v35)


Teofilacto
Como los antedichos discípulos estaban sumidos en la mayor duda, el Señor los reprendió. Por esto dice: "Y Jesús les dijo: ¡Oh necios...!"; casi lo mismo habían dicho los que presenciaron la crucifixión ( Mt 27,42): a otros salvó y no ha podido salvarse a sí mismo. "...y tardos de corazón para creer en todo lo que los Profetas han dicho!" Sucedió que creían algo de lo sucedido, pero no todo. Creen lo que dicen los Profetas sobre la crucifixión del Salvador, como aquello del Salmo ( Sal 21,17): "Taladraron mis pies y mis manos"; pero no creían lo que se decía de la resurrección, como aquella otra cita del salmo ( Sal 15,10): "No permitirás a tu santo experimentar la corrupción". Conviene, por lo tanto, dar fe a lo que dicen los profetas tanto de los tormentos, como de las glorias del Señor, ya que los tormentos abren el paso a las glorias. Por esto sigue: "¿Pues qué, no fue menester que el Cristo padeciese estas cosas, y que así entrase en su gloria?", esto es, según la humanidad.

viernes, 20 de abril de 2012

Guión Domingo 3º de Pascua B

ENTRADA:

Hermanos: En cada Misa, el Señor nos alimentada su Palabra y con la Eucaristía, así fortalece nuestra fe, anima nuestra esperanza y enciende la caridad en nuestros corazones. En este tercer domingo de Pascua, la Iglesia continúa celebrando la Resurrección de Jesús. Felices por poder compartir esta alegría, nos ponemos de pie y cantamos...

jueves, 19 de abril de 2012

¿Qué nos dice la Fe sobre nuestros difuntos?

          La santidad y la belleza de la vida de la Iglesia se manifiestan de un modo especial en las comunidades parroquiales. En ellas, la vida humana queda dignificada de forma sobre-humana por el Bautismo (nacimiento), por la Eucaristía (memorial de la Pascua y anticipo del Cielo), por los demás sacramentos, por la catequesis, por los funerales (muerte) o por la atención caritativa a pobres y a enfermos.
          En esta ocasión, quiero fijarme especialmente en los funerales, que congregan en el templo a tantos fieles, parientes, amigos y vecinos, en un momento de especial profundidad humana. No todos son creyentes, ni todos practicantes. Sin embargo, en alguna medida, todos intuyen el misterio de la Iglesia, Esposa de Cristo, cuando recuerda como Madre la muerte de uno de sus hijos. De ahí que debamos celebrar las exequias litúrgicas con el mayor esmero y devoción. Mucho colaboran a ello los coros parroquiales, a quienes hemos de agradecer su preciosa participación en la liturgia.
          Nuestro mayor agradecimiento es para los sacerdotes, que una y otra vez bendicen y santifican, con los ritos litúrgicos de las exequias, la muerte de sus feligreses. No nos cansemos de celebrar funerales, aunque sean muy numerosos en algunas parroquias y en ocasiones parezca que nuestro trabajo no es apreciado. «Hacedlo todo, para la gloria de Dios» (cf. 1Co 10,31). Si aquello que debemos hacer lo hacemos poniendo toda nuestra atención y nuestro amor por aquellos que Dios nos ha confiado, no caeremos en una rutina vacía y agobiante, sino que cada vez celebraremos las exequias con más esperanza y gozo espiritual. Hay algo que me preocupa hace tiempo en relación con este tema y que no debo ocultaros.
          La semana pasada me escribía un diocesano refiriéndome algunas expresiones que venía oyendo en predicaciones de funerales, como «nuestro hermano ha muerto y ha resucitado», «goza ya de Dios en el cielo», y otras semejantes. «¿Son correctas esas frases?», me preguntaba, «¿son católicas?». Y añadía su extrañeza por el hecho de que muchas veces en los funerales se da gracias a Dios por el difunto, pero pocas se pide por él, por su purificación final y por su salvación eterna.
          Responderé a estas preguntas recordando el Credo y ateniéndome a lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, que es también mi enseñanza como obispo y la de todos los obispos católicos en comunión con el Papa.

Los Guarda Historias - Cap 1 La Fuga - (Multiplicación de los panes - Zaqueo - La hija de Jairo)

Los Guardianes de la Historia Presentación

Domingo 3º de Pascua - Ciclo B

BENEDICTO XVI
"REGINA CAELI"


Plaza de San Pedro
III Domingo de Pascua
30 de abril de 2006

En el tiempo pascual la liturgia nos ofrece múltiples estímulos para fortalecer nuestra fe en Cristo resucitado. En este III domingo de Pascua, por ejemplo, san Lucas narra cómo los dos discípulos de Emaús, después de haberlo reconocido "al partir el pan", fueron llenos de alegría a Jerusalén para informar a los demás de lo que les había sucedido. Y precisamente mientras estaban hablando, el Señor mismo se apareció mostrando las manos y los pies con los signos de la pasión. Luego, ante el asombro y la incredulidad de los Apóstoles, Jesús les pidió pescado asado y lo comió delante de ellos (cf. Lc 24, 35-43).

martes, 17 de abril de 2012

La responsabilidad de los padres en la educación

El riesgo de creer


Carta
semanal
del
Arzobispo
de
Oviedo
15 de abril de 2012



Queridos amigos y hermanos: paz y bien.
           Tantas veces damos por descontado que nuestro mundo occidental está permeado de una cultura cristiana. Sin duda que así lo asevera nuestra historia secular, y queda manifiesto en tantas instituciones que hacen las cuentas con el acontecimiento cristiano. También nuestro mejor arte levantado en la arquitectura, cincelado en la escultura, plasmado en los lienzos de la pintura, o escrito y melodiado en nuestras letras y músicas, son un testimonio de cómo pertenecemos a un pueblo que tiene raíz inequívocamente cristiana.
           Pero, con todo este monumento cultural e histórico ante los ojos, puede que luego no se siga la vivencia y tengamos un cristianismo desvaído, o mediocre, o disidente, junto a preciosos testimonios de verdaderos cristianos que de tantos modos dan cuenta de su fe.

¿Quiénes son Doctores de la Iglesia?

          Doctor de la Iglesia es el título que se otorga oficialmente a algunos santos para proponerlos a los fieles de todos los tiempos como eminentes maestros de la fe.
          Los tres requisitos para que alguien pueda ser considerado Doctor de la Iglesia , según Benedicto XIV, son: insigne santidad de vida, doctrina celestial eminente y proclamación de la Iglesia; el de Doctor de la Iglesia no siempre implica la antigüedad, pero exige necesariamente una ciencia extraordinaria y una aprobación más solemne de la Iglesia.
          Es decisivo, para que un santo sea proclamado Doctor de la Iglesia, que su doctrina haya sido declarada eminente, que haya gozado de un particular carisma de sabiduría, dado por el Espíritu Santo para el bien de la Iglesia, comprobado y ratificado por la influencia benéfica en el pueblo de Dios. Un Maestro, un Doctor de la Iglesia es, pues, quien ha estudiado y contemplado con singular clarividencia los misterios más profundos de la fe y es capaz de exponerlos a los fieles de modo que les sirvan de guía en su formación y en su vida espiritual.

Debéis conocer lo que creéis

PRÓLOGO DEL
SANTO PADRE
BENEDICTO XVI

A «
YOUCAT»

Queridos jóvenes amigos:
Hoy os aconsejo la lectura de un libro extraordinario.
Es extraordinario por su contenido pero también por el modo como se ha formado, que deseo explicaros brevemente, para que se pueda comprender su singularidad. Youcat tiene su origen, por decirlo así, en otra obra que se remonta a los años 80. Era un período difícil tanto para la Iglesia como para la sociedad mundial, durante el cual surgió la necesidad de nuevas orientaciones para encontrar un camino hacia el futuro. Después del concilio Vaticano II (1962-1965) y en el nuevo clima cultural, numerosas personas ya no sabían correctamente en qué debían creer propiamente los cristianos, qué enseñaba la Iglesia, si es que podía enseñar algo tout court, y cómo podía adaptarse todo esto al nuevo clima cultural.
El cristianismo en cuanto tal ¿no está superado? ¿Se puede todavía hoy ser creyentes razonablemente? Estas son las preguntas que se siguen planteando muchos cristianos. El Papa Juan Pablo II tomó entonces una decisión audaz: decidió que los obispos de todo el mundo escribieran un libro para responder a estas preguntas.

sábado, 14 de abril de 2012

DOMINGO 2º DE PASCUA - DE LA MISERICORDIA DIVINA


HOMILÍA DE
JUAN PABLO II

Domingo 30 de abril de 2000

1."Confitemini Domino quoniam bonus, quoniam in saeculum misericordia eius", "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (Sal 118, 1). Así canta la Iglesia en la octava de Pascua, casi recogiendo de labios de Cristo estas palabras del Salmo; de labios de Cristo resucitado, que en el  Cenáculo  da  el gran anuncio de la misericordia divina y confía su ministerio a los Apóstoles:  "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. (...) Recibid el Espíritu Santo; a  quienes  les  perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos" (Jn 20, 21-23).
Antes de pronunciar estas palabras, Jesús muestra sus manos y su costado, es decir, señala las heridas de la Pasión, sobre todo la herida de su corazón, fuente de la que brota la gran ola de misericordia que se derrama sobre la humanidad. De ese corazón sor Faustina Kowalska, la beata que a partir de ahora llamaremos santa, verá salir dos haces de luz que iluminan el mundo:  "Estos dos haces -le explicó un día Jesús mismo- representan la sangre y el agua" (Diario, Librería Editrice Vaticana, p. 132).

viernes, 13 de abril de 2012

ALABANZAS A LA DIVINA MISERICORDIA

Que el alma titubeante lea estas consideraciones sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza.

LETANIAS A LA MISERICORDIA DIVINA

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos, Cristo óyenos
Cristo escúchanos, Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres Un solo Dios,
ten piedad de nosotros.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA - CANTADA

Coronilla de La Divina Misericordia: como rezarla

María y la resurrección de Cristo

JUAN PABLO II

1. Después de que Jesús es colocado en el sepulcro, María «es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección» (Catequesis durante la audiencia general del 3 de abril de 1996, n. 2: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de abril de 1996, p. 3). La espera que vive la Madre del Señor el Sábado santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas.
Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.
Suponiendo que se trata de una «omisión», se podría atribuir al hecho de que todo lo que es necesario para nuestro conocimiento salvífico se encomendó a la palabra de «testigos escogidos por Dios» (Hch 10, 41), es decir, a los Apóstoles, los cuales «con gran poder» (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Antes que a ellos, el Resucitado se apareció a algunas mujeres fieles, por su función eclesial: «Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 10).
Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe.

jueves, 12 de abril de 2012

Apariciones a los apóstoles

La corona de espinas de Cristo

"No tenía, como acostumbramos a ver en las representaciones artísticas, forma de diadema, sino más bien de gorro o casquete de espinas que cubría toda la cabeza: la frente, el occipital y todo el cuello por detrás, incluida la nuca. En el lienzo de Turín se han contabilizado unas 50 heridas puntiformes procedentes de las espinas, con sus regueros de sangre vital, venosa y arterial. Estas se clavaron profundamente en su cuero cabelludo, como se puede deducir por la sangre que originaron. Debieron afectar a troncos nerviosos, como los occipitales entre otros, provocando dolores intensísimos. En Jerusalén se encuentran plantas espinosas, tales como el Zízyphus spina o el Paliurus spina Christi, que con alta probabilidad utilizaron los soldados romanos de la cohorte para trenzar dicha corona".

"La primera Semana Santa de la historia", de Carlos Llorente

(Tomado de: http://tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com.ar/ )

A Cristo Crucificado, Señor Coronado

Porque está tu esplendor
coronado de espinas,
es la rosa la flor
que más se te avecina.


Porque entrega la vid
su sangre en el lagar,
Tú pudiste decir:
Yo soy vid de verdad.

Y porque la mujer
que sufre dando a luz,
por el que ve nacer
se olvida de su cruz,

nos pudiste explicar
por qué debías sufrir,
pues no es posible amar,
como Tú, sin morir.

Y rosa, vid, mujer,
reflejan esta ley
de amor y padecer
que les puso su Rey

para prefigurar
qué precio de dolor
tendría que pagar
el amor del Señor.

Todo el que aspira a amar
como Tú nos amaste,
ha de poder pasar
por lo que tú pasaste;

por eso es que, - quizás -
das tu amor con medida,
pues si nos dieras más
nos quitaría la vida.

¿Quién osará pedir
la gracia de ese don
si no puede sufrir
otra crucifixión?

Dale al espino rosas,
dale vino al lagar,
da hijos a la esposa,
da valor para amar

Tú que a amar nos conduces
y a sufrir nos enseñas
fabricándonos cruces...
pero cruces pequeñas

(Tomado de: http://tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com.ar/ )

¿MUJERES SACERDOTES?

CARTA APOSTÓLICA
ORDINATIO SACERDOTALIS

DEL PAPA
JUAN PABLO II
SOBRE LA
ORDENACIÓN SACERDOTAL
RESERVADA
SÓLO A LOS HOMBRES
   
Venerables Hermanos en el Episcopado:
1. La ordenación sacerdotal, mediante la cual se transmite la función confiada por Cristo a sus Apóstoles, de enseñar, santificar y regir a los fieles, desde el principio ha sido reservada siempre en la Iglesia Católica exclusivamente a los hombres. Esta tradición se ha mantenido también fielmente en las Iglesias Orientales.
Cuando en la Comunión Anglicana surgió la cuestión de la ordenación de las mujeres, el Sumo Pontífice Pablo VI, fiel a la misión de custodiar la Tradición apostólica, y con el fin también de eliminar un nuevo obstáculo en el camino hacia la unidad de los cristianos, quiso recordar a los hermanos Anglicanos cuál era la posición de la Iglesia Católica: "Ella sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones comprenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que escogió sus Apóstoles sólo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia"(1).
Pero dado que incluso entre teólogos y en algunos ambientes católicos se discutía esta cuestión, Pablo VI encargó a la Congregación para la Doctrina de la Fe que expusiera e ilustrara la doctrina de la Iglesia sobre este tema. Esto se hizo con la Declaración Inter insigniores, que el Sumo Pontífice aprobó y ordenó publicar(2).

Preguntas sobre la Iglesia

CONGREGACIÓN PARA
LA DOCTRINA DE LA FE

RESPUESTAS A
ALGUNAS PREGUNTAS
ACERCA DE
CIERTOS ASPECTOS
DE LA DOCTRINA
SOBRE LA IGLESIA

Introducción
El Concilio Vaticano II, con la Constitución dogmática Lumen gentium y con los Decretos sobre el Ecumenismo (Unitatis redintegratio) y sobre las Iglesias orientales (Orientalium Ecclesiarum), ha contribuido de manera determinante a una comprensión más profunda de la eclesiología católica. También los Sumos Pontífices han profundizado en este campo y han dado orientaciones prácticas: Pablo VI en la Carta Encíclica Ecclesiam suam (1964) y Juan Pablo II en la Carta Encíclica Ut unum sint (1995).
El sucesivo empeño de los teólogos, orientado a ilustrar mejor los diferentes aspectos de la eclesiología, ha dado lugar al florecimiento de una amplia literatura sobre la materia. La temática, en efecto, se ha mostrado muy fecunda, pero también ha necesitado a veces de puntualizaciones y llamadas de atención, como la Declaración Mysterium Ecclesiæ (1973), la Carta Communionis notio (1992) y la Declaración Dominus Iesus (2000), publicadas todas por la Congregación para la Doctrina de la Fe.
La vastedad del argumento y la novedad de muchos temas siguen provocando la reflexión teológica, la cual ofrece nuevas contribuciones no siempre exentas de interpretaciones erradas, que suscitan perplejidades y dudas, algunas de las cuales han sido sometidas a la atención de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ésta, presuponiendo la enseñanza global de la doctrina católica sobre la Iglesia, quiere responder precisando el significado auténtico de algunas expresiones eclesiológicas magisteriales que corren el peligro de ser tergiversadas en la discusión teológica.

miércoles, 11 de abril de 2012

Los discipulos de Emaus

LA LUZ PASCUAL

Vigilia Pascual
HOMILÍA
DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI

Queridos hermanos y hermanas!
Pascua es la fiesta de la nueva creación. Jesús ha resucitado y no morirá de nuevo. Ha descerrajado la puerta hacia una nueva vida que ya no conoce ni la enfermedad ni la muerte. Ha asumido al hombre en Dios mismo. «Ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios», dice Pablo en la Primera Carta a los Corintios (15,50). El escritor eclesiástico Tertuliano, en el siglo III, tuvo la audacia de escribir refriéndose a la resurrección de Cristo y a nuestra resurrección: «Carne y sangre, tened confianza, gracias a Cristo habéis adquirido un lugar en el cielo y en el reino de Dios» (CCL II, 994). Se ha abierto una nueva dimensión para el hombre. La creación se ha hecho más grande y más espaciosa. La Pascua es el día de una nueva creación, pero precisamente por ello la Iglesia comienza la liturgia con la antigua creación, para que aprendamos a comprender la nueva. Así, en la Vigilia de Pascua, al principio de la Liturgia de la Palabra, se lee el relato de la creación del mundo. En el contexto de la liturgia de este día, hay dos aspectos particularmente importantes. En primer lugar, que se presenta a la creación como una totalidad, de la cual forma parte la dimensión del tiempo. Los siete días son una imagen de un conjunto que se desarrolla en el tiempo. Están ordenados con vistas al séptimo día, el día de la libertad de todas las criaturas para con Dios y de las unas para con las otras. Por tanto, la creación está orientada a la comunión entre Dios y la criatura; existe para que haya un espacio de respuesta a la gran gloria de Dios, un encuentro de amor y libertad. En segundo lugar, que en la Vigilia Pascual, la Iglesia comienza escuchando ante todo la primera frase de la historia de la creación: «Dijo Dios: “Que exista la luz”» (Gn 1,3). Como una señal, el relato de la creación inicia con la creación de la luz. El sol y la luna son creados sólo en el cuarto día. La narración de la creación los llama fuentes de luz, que Dios ha puesto en el firmamento del cielo. Con ello, los priva premeditadamente del carácter divino, que las grandes religiones les habían atribuido. No, ellos no son dioses en modo alguno. Son cuerpos luminosos, creados por el Dios único. Pero están precedidos por la luz, por la cual la gloria de Dios se refleja en la naturaleza de las criaturas.

La alegría de la Pascua

“Noche verdaderamente feliz”
(Pregón pascual)

Homilía de la Vigilia Pascual
Catedral de Mar del Plata, 7/8 de abril de 2012

Queridos hermanos:

Estamos en la “noche santa en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la Vida”. El Pregón pascual la llama “noche verdaderamente feliz” y “clara como el día”. Al contemplar el triunfo de Cristo y la gloria de su humanidad resucitada, deseamos quedar “inundados de tanta luz”. Éstas y muchas otras expresiones emplea la liturgia para manifestar su gozo. Podemos decir que en la Vigilia pascual la Iglesia no teme derrochar y, por eso, acude a los mejores recursos para comunicar su asombro y su incontenible gozo.

Tan grande es la alegría, que nos hace olvidar la penuria de la condición humana y, casi forzando la lógica y el lenguaje habitual, ante la revelación de la belleza suprema, oíamos exclamar en el Pregón: “¡Oh feliz culpa, que nos mereció tan noble y tan grande Redentor!”

Guión Domingo 2 de Pascua "B"

2º DOMINGO DE PASCUA o De la Divina Misericordia
(Ciclo “B”)


ENTRADA:
Hermanos: En este segundo domingo de Pascua, instituido por el Beato Juan Pablo II como de la Divina Misericordia, concluimos la Octava Pascual que hemos celebrado durante toda esta semana, renovando nuestra alegría en Cristo resucitado. Es tanto el gozo de la Iglesia se extiende durante cincuenta días hasta Pentecostés. Con el firme propósito de recorrer este camino hasta la venida del Espíritu Santo con verdadera Fe y Esperanza, nos ponemos de pie y cantamos...

ALGUNOS ASPECTOS DE LA EVANGELIZACIÓN

CONGREGACIÓN PARA
LA DOCTRINA DE LA FE

NOTA DOCTRINAL
ACERCA DE
ALGUNOS ASPECTOS
DE LA EVANGELIZACIÓN

I. Introducción
1. Enviado por el Padre para anunciar el Evangelio, Jesucristo invita a todos los hombres a la conversión y a la fe (cf. Mc 1, 14-15), encomendando a los Apóstoles, después de su resurrección, continuar su misión evangelizadora (cf. Mt 28, 19-20; Mc 16, 15; Lc 24, 4-7; Hch 1, 3): «como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21; cf. 17, 18). Mediante la Iglesia, quiere llegar a cada época de la historia, a cada lugar de la tierra y a cada ámbito de la sociedad, quiere llegar hasta cada persona, para que todos sean un solo rebaño con un solo pastor (cf. Jn 10, 16): «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Mc 16, 15-16).
Los Apóstoles, entonces, «movidos por el Espíritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo»[1], porque la «Iglesia peregrina es necesaria para la Salvación»[2]. Es el mismo Señor Jesucristo que, presente en su Iglesia, precede la obra de los evangelizadores, la acompaña y sigue, haciendo fructificar el trabajo: lo que acaeció al principio continúa durante todo el curso de la historia.
Al comienzo del tercer milenio, resuena en el mundo la invitación que Pedro, junto con su hermano Andrés y con los primeros discípulos, escuchó de Jesús mismo: «rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar» (Lc 5, 4)[3]. Y después de la pesca milagrosa, el Señor anunció a Pedro que se convertiría en «pescador de hombres» (Lc 5, 10).
2. El término evangelización tiene un significado muy rico[4]. En sentido amplio, resume toda la misión de la Iglesia: toda su vida, en efecto, consiste en realizar la traditio Evangelii, el anuncio y transmisión del Evangelio, que es «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rm 1, 16) y que en última instancia se identifica con el mismo Cristo (1 Co 1, 24). Por eso, la evangelización así entendida tiene como destinataria toda la humanidad. En cualquier caso evangelización no significa solamente enseñar una doctrina sino anunciar a Jesucristo con palabras y acciones, o sea, hacerse instrumento de su presencia y actuación en el mundo.
«Toda persona tiene derecho a escuchar la “Buena Nueva” de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación»[5]. Es un derecho conferido por el mismo Señor a toda persona humana, por lo cual todos los hombres y mujeres pueden decir junto con San Pablo: Jesucristo «me amó y se entregó por mí» (Gal 2, 20). A este derecho le corresponde el deber de evangelizar: «no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Co 9, 16; cf. Rm 10, 14). Así se entiende porqué toda actividad de la Iglesia tenga una dimensión esencial evangelizadora y jamás debe ser separada del compromiso de ayudar a todos a encontrar a Cristo en la fe, que es el objetivo primario de la evangelización: «La cuestión social y el Evangelio son realmente inseparables. Si damos a los hombres sólo conocimientos, habilidades, capacidades técnicas e instrumentos, les damos demasiado poco»[6].
3. Hoy en día, sin embargo, hay una confusión creciente que induce a muchos a desatender y dejar inoperante el mandato misionero del Señor (cf. Mt 28, 19). A menudo se piensa que todo intento de convencer a otros en cuestiones religiosas es limitar la libertad. Sería lícito solamente exponer las propias ideas e invitar a las personas a actuar según la conciencia, sin favorecer su conversión a Cristo y a la fe católica: se dice que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a su propia religión, que basta con construir comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Además, algunos sostienen que no debería anunciar a Cristo a quienes no lo conocen, ni favorecer la adhesión a la Iglesia, pues sería posible salvarse también sin un conocimiento explícito de Cristo y sin una incorporación formal a la Iglesia.
Para salir al paso de esta problemática, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha estimado necesario publicar la presente Nota, la cual, presuponiendo toda la doctrina católica sobre la evangelización, ampliamente tratada en el Magisterio de Pablo VI y de Juan Pablo II, tiene como finalidad aclarar algunos aspectos de la relación entre el mandato misionero del Señor y el respeto a la conciencia y a la libertad religiosa de todos. Son aspectos con implicaciones antropológicas, eclesiológicas y ecuménicas.

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