martes, 30 de abril de 2013

La gloriosa Batalla de Lepanto durante el pontificado de San Pío V (7 de octubre de 1571)

San Pío V se dedicó a reavivar la práctica de la fe en todos los miembros del pueblo de Dios - Juan Pablo II

Visión de San Pío V durante la Batalla de Lepanto
MENSAJE DEL
SANTO PADRE
JUAN PABLO II
AL OBISPO DE ALESSANDRIA
EN EL V CENTENARIO
DEL NACIMIENTO DE
SAN PÍO V

Al venerado hermano
Mons. Fernando Charrier
Obispo de Alessandria

          1. Me complace enviarle un cordial saludo con ocasión de las celebraciones jubilares organizadas para el V centenario del nacimiento de mi predecesor san Pío V. Extiendo mi afectuoso saludo a los fieles de esa amada diócesis, que recuerda merecidamente, con alegría y gratitud hacia Dios, a su ilustre hijo.
          Las diversas manifestaciones convocadas para celebrar este feliz aniversario brindan la oportunidad de reavivar la memoria de este gran Pontífice y reflexionar sobre la rica herencia de ejemplos y enseñanzas que transmitió, muy valiosos también para los cristianos de nuestro tiempo.
          Ojalá que la celebración del V centenario de su nacimiento sea motivo de bendición para toda la Iglesia y, de manera especial, para la amada diócesis de Alessandria, así como para la comunidad eclesial de Piamonte. Que la intercesión de san Pío V y el ejemplo de sus virtudes estimulen a cada uno a fortalecer su fe, manteniéndola incontaminada y en contacto permanente con las fuentes de la Revelación, y difundiéndola en la sociedad, para edificar una humanidad abierta a Cristo y ordenada a la construcción de la civilización del amor.

lunes, 29 de abril de 2013

Aprendamos de santa Catalina de Siena a amar con valentía, de modo intenso y sincero, a Cristo y a la Iglesia - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de noviembre de 2010

Santa Catalina de Siena
          Queridos hermanos y hermanas:
          Hoy quiero hablaros de una mujer que tuvo un papel eminente en la historia de la Iglesia. Se trata de santa Catalina de Siena. El siglo en el que vivió —siglo XIV— fue una época tormentosa para la vida de la Iglesia y de todo el tejido social en Italia y en Europa. Sin embargo, incluso en los momentos de mayor dificultad, el Señor no cesa de bendecir a su pueblo, suscitando santos y santas que sacudan las mentes y los corazones provocando conversión y renovación. Catalina es una de estas personas y también hoy nos habla y nos impulsa a caminar con valentía hacia la santidad para que seamos discípulos del Señor de un modo cada vez más pleno.
          Nació en Siena, en 1347, en el seno de una familia muy numerosa, y murió en Roma, en 1380. A la edad de 16 años, impulsada por una visión de santo Domingo, entró en la Tercera Orden Dominicana, en la rama femenina llamada de las Mantellate. Permaneciendo en su familia, confirmó el voto de virginidad que había hecho privadamente cuando todavía era una adolescente, se dedicó a la oración, a la penitencia y a las obras de caridad, sobre todo en beneficio de los enfermos.
          Cuando se difundió la fama de su santidad, fue protagonista de una intensa actividad de consejo espiritual respecto a todo tipo de personas: nobles y hombres políticos, artistas y gente del pueblo, personas consagradas, eclesiásticos, incluido el Papa Gregorio XI que en aquel período residía en Aviñón y a quien Catalina exhortó enérgica y eficazmente a regresar a Roma. Viajó mucho para solicitar la reforma interior de la Iglesia y para favorecer la paz entre los Estados: también por este motivo el venerable Juan Pablo II quiso declararla copatrona de Europa: que el viejo continente no olvide nunca las raíces cristianas que están en la base de su camino y siga tomando del Evangelio los valores fundamentales que aseguran la justicia y la concordia.

domingo, 28 de abril de 2013

Jóvenes, poned en juego vuestra vida por grandes ideales. Papa Francisco

SANTA MISA Y CONFIRMACIÓN
HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
FRANCISCO
Plaza San Pedro
V Domingo de Pascua
28 de abril de 2013

Queridos hermanos y hermanas,
Queridos hermanos que vais a recibir el sacramento de la confirmación,
Bienvenidos:
Quisiera proponeros tres simples y breves pensamientos sobre los que reflexionar.
1. En la segunda lectura hemos escuchado la hermosa visión de san Juan: un cielo nuevo y una tierra nueva y después la Ciudad Santa que desciende de Dios. Todo es nuevo, transformado en bien, en belleza, en verdad; no hay ya lamento, luto… Ésta es la acción del Espíritu Santo: nos trae la novedad de Dios; viene a nosotros y hace nuevas todas las cosas, nos cambia. ¡El Espíritu nos cambia! Y la visión de san Juan nos recuerda que estamos todos en camino hacia la Jerusalén del cielo, la novedad definitiva para nosotros, y para toda la realidad, el día feliz en el que podremos ver el rostro del Señor, ese rostro maravilloso, tan bello del Señor Jesús. Podremos estar con Él para siempre, en su amor.

Domingo V de pascua (ciclo c) Catena Aurea

Juan 13, 31-33ª.34-35
Y como hubo salido, dijo Jesús: "Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en El. Si Dios es glorificado en El, Dios también lo glorificará a El en sí mismo, y luego le glorificará".
"Hijitos: aún estoy un poco con vosotros. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado, para que vosotros os améis también entre vosotros mismos. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis caridad entre vosotros".

Orígenes In Ioannem tom. 32
Después de los prodigios que se habían realizado por los milagros y por la transfiguración, la gloria del Hijo del hombre empieza desde el momento en que Judas sale llevando consigo a Satanás, que lo había invadido, fuera del lugar en que estaba Jesús. Por esta razón dice: "Cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre", etc. Y aquí no se habla de la gloria del Verbo Unigénito, sino del hombre que descendía de la estirpe de David. Porque si se dice con verdad en la muerte de Cristo, que glorifica a Dios: "Despojó los principados y las potestades, triunfando en el leño de su cruz" ( Col 2), y aquello otro: "Conciliando por la sangre de Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra" ( Col 1). En todo esto fue glorificado el Hijo del hombre y Dios también es glorificado en El. Por esta razón continúa: "Y Dios ha sido glorificado en El". Porque no puede glorificarse Cristo, sin que lo sea al propio tiempo el Padre. Mas como todo el que es glorificado lo es por alguien, si se pregunta por quién lo es el Hijo del hombre, veremos la respuesta en lo que sigue: "Si Dios es glorificado en El, también Dios lo glorificará en sí mismo".

Crisóstomo In Ioannem hom., 71.
Esto es, por sí mismo, no por medio de otra persona. "Y al punto le glorificará". Como diciendo: No largo tiempo después, sino inmediatamente aparecerán en la cruz todas las cosas dignas de gloria; porque el sol retrocedió, las piedras se abrieron, y muchos cuerpos de aquellos que dormían, resucitaron. De esta suerte levantó de nuevo los pensamientos de sus discípulos, que se habían abatido, y les aconseja que no se entristezcan, antes se alegren.

sábado, 27 de abril de 2013

Domingo V de pascua (ciclo c) San Alberto Hurtado 2

Amar

Grandeza del hombre: poderse dejar formar por el amor. El verdadero secreto de la grandeza: siempre avanzar y jamás retroceder en el amor. ¡Estar animado por un inmenso amor! ¡Guardar siempre intacto su amor! He aquí consignas fundamentales para un cristiano.
¿A quiénes amar?
A todos mis hermanos de humanidad. Sufrir con sus fracasos, con sus miserias, con la opresión de que son víctima. Alegrarme de sus alegrías.
Comenzar por traer de nuevo a mi espíritu todos aquellos a quienes he encontrado en mi camino: Aquellos de quienes he recibido la vida, quienes me han dado la luz y el pan. Aquellos con los cuales he compartido techo y pan. Los que he conocido en mi barrio, en mi colegio, en la Universidad, en el cuartel, en mis años de estudio, en mi apostolado... Aquellos a quienes he combatido, a quienes he causado dolor, amargura, daño... A todos aquellos a quienes he socorrido, ayudado, sacado de un apuro... Los que me han contrastado, me han despreciado, me han hecho daño. Aquellos que he visto en los conventillos, en los ranchos, debajo de los puentes. Todos esos cuya desgracia he podido adivinar, vislumbrar su inquietud. Todos esos niños pálidos, de caritas hundidas... Esos tísicos de San José, los leprosos de Fontilles... Todos los jóvenes que he encontrado en un círculo de estudios... Aquellos que me han enseñado con los libros que han escrito, con la palabra que me han dirigido. Todos los de mi ciudad, los de mi país, los que he encontrado en Europa, en América... Todos los del mundo: son mis hermanos.

Domingo V de pascua (ciclo c) San Alberto Hurtado

La orientación fundamental
del catolicismo

“Seamos cristianos, es decir, amemos a nuestros hermanos”. En este pensamiento lapidario resume el gran Bossuet su concepción de la moral cristiana. Poco antes había dicho: “Quien renuncia a la caridad fraterna, renuncia a la fe, abjura del cristianismo, se aparta de la escuela de Jesucristo, es decir, de su Iglesia”.
Al iniciar este estudio sobre el deber social de los católicos nos ha parecido que la mejor introducción es recordar el pensamiento básico que funda toda la actitud moral del catolicismo. Sin una comprensión de esta actitud, y sin entender exactamente el sitio que ocupa la caridad en el pensamiento de la Iglesia, será muy difícil evitar una actitud de crítica, de amarga protesta, ante las exigencias sociales, cuya razón íntima no se podrá percibir.

Domingo V de Pascua (ciclo c) Guión litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: En su misterio Pascual, Cristo es glorificado y nos invita a participar de su gloria por medio de la santificación por su gracia. Para celebrar la actualización del misterio de nuestra fe nos ponemos de pie y cantamos…

Domingo V de Pascua (ciclo c) San Agustín

"Amaos los unos a los otros,
 como Yo os he amado"

 Nuestro Señor Jesucristo declara que da a sus discípulos un mandato nuevo de amarse unos a otros: Un mandato nuevo os doy: que os améis unos a otros. ¿No había sido dado ya este precepto en la antigua Ley de Dios, cuando escribió: Amaras a tu prójimo como a ti mismo? ¿Por qué, pues, el Señor lo llama nuevo, cuando se conoce su antigüedad? ¿Tal vez será nuevo porque, despojándonos del hombre viejo, nos ha vestido del hombre nuevo? El hombre que oye, o mejor, el hombre que obedece, se renueva, no por una cosa cualquiera, sino por la caridad, de la cual, para distinguirla del amor carnal, añade el Señor: "Como yo os he amado". Porque mutuamente se aman los maridos y las mujeres, los padres y los hijos y todos aquellos que se hallan unidos entre sí por algún vínculo humano; por no hablar del amor culpable y condenable, que se tienen mutuamente los adúlteros y adúlteras, los barraganes y las rameras y aquellos a quienes unió, no un vínculo humano, sino una torpeza perjudicial de la vida humana. Cristo, pues, nos dio el mandato nuevo de amarnos como Él nos amó. Este amor nos renueva para ser hombres nuevos, herederos del Nuevo Testamento y cantores del nuevo cántico. Este amor, carísimos hermanos, renovó ya entonces a los justos de la antigüedad, a los patriarcas y profetas, como renovó después a los apóstoles, y es el que también ahora renueva a todas las gentes; y el que de todo el género humano, difundido por todo el orbe, forma y congrega un pueblo nuevo, cuerpo de la nueva Esposa del Hijo unigénito de Dios, de la que se dice en el Cantar de los Cantares: ¿Quién es esta que sube blanca? Blanca, sí, porque está renovada, y ¿por quién sino por el mandato nuevo? Por esto en ella los miembros se atienden unos a otros, y si un miembro sufre, con él sufren los otros; y si un miembro es honrado, con él se alegran todos los miembros. Oyen y observan el mandato nuevo que os doy, de amaros unos a otros, no como se aman los hombres por ser hombres, sino como se aman por ser dioses e hijos todos del Altísimo, para que sean hermanos de su único Hijo, amándose mutuamente con el amor con que Él los ha amado, para conducirlos a aquel fin que les sacie y satisfaga todos sus deseos. Entonces, cuando Dios sea todo en todas las cosas, no habrá nada que desear. Este fin no tiene fin. Nadie muere allí adonde nadie llega sin morir antes a este mundo, no con la muerte común a todos, consistente en la separación del alma del cuerpo, sino con la muerte de los justos, por la cual, aun permaneciendo en la carne mortal, se coloca allá arriba el corazón. De esta muerte decía el Apóstol: Estáis muertos y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Y quizá por esta razón se ha dicho: Fuerte es el amor como la muerte. Este amor hace que muramos para este mundo aun cuando estemos en esta carne mortal, y nuestra vida esté escondida con Cristo en Dios; aún más, el mismo amor es nuestra muerte para el mundo y nuestra vida con Dios. Porque, si la muerte es la salida del alma del cuerpo, ¿cómo no ha de ser muerte cuando del mundo sale nuestro amor? Fuerte como la muerte es el amor. ¿Qué puede haber más fuerte que aquello con que se vence al mundo?

viernes, 26 de abril de 2013

El credo explicado siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica

El credo explicado
(Basado en el
Catecismo de
la Iglesia Católica)

“Creo en Dios”: Esta es la primera afirmación y la más importante. Así como los demás mandamientos dependen del primero, del amar a Dios, las demás partes del Credo dependen de esta afirmación, ya que es el núcleo central; el resto de nuestro Credo nos ayudan a conocer más y mejor a Dios.
Nuestro Dios es :
  • Unico:  “Yo soy Dios, no existe ningún otro… ante mi se doblará toda rodilla…” (Is 45,23). Si bien son tres Personas, es una sola Esencia o Naturaleza simple.
  • Vivo: Dios de los padres, compasivo y fiel a sus promesas. “Yo soy”… Dios no dice “Yo fui” o “Yo seré”, es un Dios vivo y presente, siempre y para siempre. Por eso es que es fiel a sí mismo y a sus promesas.
  • la Verdad: Por eso sus palabras no pueden engañar, y sus promesas se cumplen, es un Dios verdadero. El pecado nació de la mentira del tentador, que llevó al hombre a dudar de la Palabra de Dios. A causa de esto, Dios nos envió a su Hijo Jesús para “dar testimonio de la verdad” (Jn 18,37)
  • Amor: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” (Jn 3,16). El amor de Dios es gratuito, misericordioso, que a pesar de nuestras infidelidades y nuestros pecados nos perdona, y eterno: “Los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará” (Is 54,10).

jueves, 25 de abril de 2013

No es posible encontrar a Jesús fuera de la Iglesia - Papa Francisco

CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
CON LOS SEÑORES CARDENALES
RESIDENTES EN ROMA
CON OCASIÓN DE LA
FIESTA DE SAN JORGE
HOMILÍA DEL
SANTO PADRE FRANCISCO
Capilla Paulina
Martes, 23 de abril de 2013

          Agradezco a Su Eminencia, el Señor Cardenal Decano, sus palabras: muchas gracias, Eminencia, gracias.
          Les doy las gracias también a ustedes, que han querido venir hoy. Gracias. Porque me siento muy bien acogido por ustedes. Gracias. Me siento bien con ustedes, y eso me gusta.
          La primera lectura de hoy me hace pensar que, precisamente en el momento en que se desencadena la persecución, prorrumpe la pujanza misionera de la Iglesia. Y estos cristianos habían llegado hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y proclamaban la Palabra (cf. Hch 11,19). Tenían este fervor apostólico en sus adentros, y la fe se transmite así. Algunos, de Chipre y de Cirene —no éstos, sino otros que se habían hecho cristianos—, una vez llegados a Antioquía, comenzaron a hablar también a los griegos (cf. Hch 11,20). Es un paso más. Y la Iglesia sigue adelante así. ¿De quién es esta iniciativa de hablar a los griegos, algo que no se entendía, porque se predicaba sólo a los judíos? Es del Espíritu Santo, Aquel que empujaba más y más, siempre más.

San Marcos Evangelista

Juan Marcos era su nombre completo. Bien conocido por el historiador Lucas y a través de sus afirmaciones, desparramadas en su obra llamada Hechos de los Apóstoles y completadas con las que están en el tercer Evangelio, es posible reconstruir varios aspectos muy interesantes de la vida de Marcos.
Era hijo de una tal María que algunos, jugando con pasajes neotestamentarios, la hacen dueña de la casa donde se celebró la última cena y de aquella otra que sirvió de primer refugio de Pedro cuando en ángel lo libró de la prisión en Jerusalén.
A Marcos se le identifica con el joven que, la noche del prendimiento de Jesús en Getsemaní, salió huyendo desnudo después de haber dejado la sábana que lo cubría en manos de los que intentaban prenderlo.

miércoles, 24 de abril de 2013

Los templos cristianos significan y manifiestan a la Iglesia

Interior de la Basílica de San Juan de Letran
OFICINA PARA LAS
CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE

¿Dónde celebrar? (CEC 1179-1186)

          En su existencia, el hombre se identifica con dos coordenadas fundamentales: el espacio y el tiempo, dos realidades que no se construyen, sino que se dan. El hombre está ligado al espacio y al tiempo, y también lo es su oración a Dios. Mientras que la oración como simple acto religioso se puede hacer en todas partes, la liturgia, sin embargo, como un acto de culto público y ordenado, requiere de un lugar, por lo general de un edificio donde se pueda realizar el rito sagrado.
          El edificio de culto cristiano no es el equivalente al templo pagano, donde la celda con la efigie de la deidad era considerada en cierto sentido también la casa de esta última. Como dice san Pablo a los atenienses: "Dios no habita en templos hechos por manos de hombre" (Hch. 17,24).

La existencia de Dios ¿es comprobable?

Existencia de Dios
Pbro. Dr. Pablo Arce Gargollo
La existencia de Dios es la verdad fundamental de la religión, el punto de partida. No tendría siquiera sentido hablar de la fe, de la religión o del dogma sin antes dejar sentada esta verdad.
1.1 VERDAD FUNDAMENTAL Y COMPROBABLE
La existencia de Dios es la verdad fundamental de la religión, el punto de partida. No tendría siquiera sentido hablar de la fe, de la religión o del dogma sin antes dejar sentada esta verdad. La razón humana, con su sola fuerza, sin ayuda de lo sobrenatural, puede llegar a demostrar la existencia de Dios, y a deducir muchas de sus perfecciones.
Ciertamente no podemos comprender a Dios, pues siendo infinito, no puede abarcarlo el limitado entendimiento humano; pero podemos conocerlo.
Lo anterior es, además, verdad de fe. El Concilio Vaticano I afirma que "La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas" (Const. dogm. Dei Filius, c. 2, Dz. 1785).

martes, 23 de abril de 2013

La interpretación de las Sagradas Escrituras que debe ser siempre confrontada, integrada y autenticada por la tradición viva de la Iglesia - Papa Francisco

DISCURSO DEL
SANTO PADRE
 FRANCISCO
A LOS MIEMBROS
DE LA PONTIFICIA
COMISIÓN BÍBLICA
Viernes 12 de abril de 2013

Eminencia,
venerados hermanos,
queridos miembros de la Pontificia Comisión Bíblica:

          Con alegría os recibo al final de vuestra asamblea plenaria anual. Doy las gracias al presidente, arzobispo Gerhard Ludwig Müller, por sus palabras de saludo y la concisa exposición del tema que ha sido objeto de atenta reflexión en el curso de vuestros trabajos. Os habéis reunido nuevamente para profundizar un tema muy importante: la inspiración y la verdad de la Biblia. Se trata de un tema que concierne no sólo a cada creyente, sino a toda la Iglesia, porque la vida y la misión de la Iglesia se fundan en la Palabra de Dios, la cual es alma de la teología y, a la vez, inspiradora de toda la existencia cristiana.
          Las Sagradas Escrituras, como sabemos, son el testimonio escrito de la Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento de la Revelación. La Palabra de Dios, por lo tanto, precede y excede a la Biblia. Es por ello que nuestra fe no tiene en el centro sólo un libro, sino una historia de salvación y sobre todo a una Persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende más allá de la Escritura, para comprenderla adecuadamente es necesaria la constante presencia del Espíritu Santo que «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Es preciso situarse en la corriente de la gran Tradición que, bajo la asistencia del Espíritu Santo y la guía del Magisterio, reconoció los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a su pueblo y nunca dejó de meditarlos y descubrir en ellos las riquezas inagotables. El Concilio Vaticano II lo ratificó con gran claridad en la constitución dogmática Dei Verbum: «Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios» (n. 12).

domingo, 21 de abril de 2013

Domingo IV de pascua (ciclo c) - Catena Aurea

Juan 10, 27-30
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen. Y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y ninguno las arrebatará de mi mano. Lo que me dio mi Padre es sobre todas las cosas, y nadie lo puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una cosa".

Teófilacto
Después de haberles dicho: "No sois de mis ovejas", les exhorta al punto para que se hagan sus ovejas, diciendo: "Mis ovejas oyen mi voz".

Alcuino
Esto es, siguen de corazón mis preceptos. "Y yo las conozco", es decir, yo las elijo. "Y ellas me siguen" aquí abajo, yendo delante de ellas por el camino de la mansedumbre y de la inocencia, y después entrando en los goces de la vida eterna: "Y yo les doy vida eterna".

sábado, 20 de abril de 2013

Domingo IV de pascua (ciclo c) - Juan Pablo II

De la Homilía
Del Santo Padre
JUAN PABLO II
VISITA PASTORAL
A LA PARROQUIA ROMANA
DE SANTA MARÍA
«IN TRASTEVERE»
Domingo 27 de abril de 1980

La liturgia de este domingo está llena de la alegría pascual, cuya fuente es la resurrección de Cristo. Todos nosotros nos alegramos, de ser "su pueblo y ovejas de su rebaño". Nos alegramos y proclamamos "las grandezas de Dios" (Act 2, 11).
"Sabed que el Señor es Dios, que El nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño" (Sal 99 [100], 3).
Toda la Iglesia se alegra hoy porque Cristo resucitado es su Pastor: el Buen Pastor. De esta alegría participa cada una de las partes de este gran rebaño del Resucitado, cada una de las falanges del Pueblo de Dios, en toda la tierra. También vuestra parroquia romana en el Trastévere, que tengo la suerte de visitar como su Obispo, puede repetir estas palabras del Salmo, que resuena en la liturgia del IV domingo de Pascua:
"Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos..., porque el Señor es bueno..., su fidelidad por todas las edades" (Sal 99 [100], 4 s.).
Nosotros somos suyos.
La Iglesia, varias veces, propone a los ojos de nuestra alma la verdad sobre el Buen Pastor. También hoy escuchamos las palabras que Cristo dijo de Sí mismo: "Yo soy el Buen Pastor..., conozco mis ovejas y ellas me conocen" (Canto antes del Evangelio).

Domingo IV de pascua (ciclo c) - P. Leonado Castellani

Yo soy el Buen Pastor
 “Yo soy el Buen Pastor” (Jn X).
Esta afirmación de Cristo y la Parábola del Pastor y el Mercenario que la continúa en los oídos de los que la escucharon equivale neta y simplemente a esta otra afirmación capital: “Yo soy el Mesías, aquel que los Profetas prenunciaron.”
De hecho, Cristo terminó este sermón proclamándose no solamente Mesías sino también Hijo de Dios, y Dios como el Padre: “Yo y el Padre somos uno”; en donde algunos de los fariseos lo llamaron “endemoniado y quisieron darle muerte. Esto ocurrió en el último año de su vida pública, antes de lo que se llama las “Ultimas excursiones” y del viaje a la Perea.
Pastor es el principal de los nombres que los profetas dieron del Cristo, del Ungido de Dios. Aun cuando lo llaman Rey, que es el nombre más frecuente –Mesías en hebreo significa “Ungido”, así como Christós en griego–, aluden de hecho a su condición de Pastor, puesto que los antiguos llamaban a los reyes pastores de pueblos, como vemos en Homero. Los Apóstoles Pablo y Pedro llaman a Cristo en sus epístolas el “Gran Pastor” y el Protopastor” o “Príncipe de los Pastores, como traduce la Vulgata latina.

Domingo IV de pascua (ciclo c) - San Agustín


Buen Pastor, siglo II, Cripta de Lucina,
Catacumbas de San Calixto, Roma

El Buen Pastor
      Mis ovejas oyen mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. Recordaréis que antes había dicho: Y entrarán, y saldrán y hallarán pastos. Hemos entrado creyendo y salimos muriendo. Y así como hemos entrado por la puerta de la fe, así salgamos del cuerpo con la misma fe, y de este modo salimos por la misma puerta, para poder hallar los pastos. Buen pasto es la vida eterna, donde la hierba no se seca, siempre está toda verde y lozana. Hay una hierba que se llama siempreviva; sólo allí se encuentra. Yo, dice, les daré la vida eterna a mis ovejas. Vosotros sólo maquináis calumnias, porque sólo pensáis en la vida presente.
Y no perecerán eternamente, como si quisiera decirles: Vosotros pereceréis eternamente porque no sois de mis ovejas. Nadie las arrebatará de mi mano. Escuchad con mayor atención: Lo que mi Padre me ha dado, sobrepuja a todo. ¿Qué podrán el lobo, el ladrón y el salteador? No perderán sino a los predestinados a la muerte. Pero de aquellas ovejas de las cuales dice el Apóstol: Conoce el Señor quiénes son los suyos. A quienes previo, los predestinó; a quienes predestinó, los llamó; a quienes llamó, los justificó, y a quienes justificó, a estos mismos glorificó; de estas ovejas ni el lobo arrebata, ni el ladrón roba, ni el salteador mata. Seguro está de su número, porque sabe lo que dio por ellas. Por eso dice que nadie las arrebatará de sus manos; y, dirigiéndose al Padre, dice que lo que el Padre le dio supera a todo. ¿Qué es lo que el Padre le dio que vale más que todo? El ser su Hijo unigénito. ¿Qué quiere significar el vocablo dio? ¿Existía ya aquel a quien daba, o lo dio con la generación? Porque, si existía aquel a quien daba el ser Hijo, hubo un tiempo en que no era Hijo. Jamás tengáis el pensamiento de que en algún tiempo Cristo existiera sin ser Hijo. De nosotros bien puede decirse, pues en algún tiempo éramos hijos de los hombres, pero no éramos hijos de Dios. A nosotros la gracia de Dios nos hizo hijos suyos; a Él, la naturaleza, porque así ha nacido. Ni te asiste razón para decir que no existía antes de nacer, porque nunca nació quien era coeterno del Padre. El que lo vea que lo entienda, y quien no lo entienda, que lo crea; nútrase con la fe y lo entenderá. El Verbo de Dios estuvo siempre con el Padre, y siempre fue Verbo; y porque es Verbo, es Hijo. Siempre Hijo y siempre igual. No es igual por haber crecido, sino por haber nacido es igual, porque siempre nace el Hijo del Padre, Dios de Dios, coeterno del eterno. El Padre no tiene del Hijo el ser Dios; el Hijo tiene del Padre el ser Dios, porque el Padre le dio el ser Dios engendrándole, y en la misma generación le dio el ser coeterno a Él y el ser igual a Él. Esto es lo que es más que todo. ¿Cómo el Hijo es la Vida y tiene la vida? Lo que Él tiene, eso es. Una cosa es lo que tú eres y otra cosa es lo que tienes. Tienes, por ejemplo, sabiduría, ¿eres tú la sabiduría? Y porque tú no eres lo que tienes, si pierdes lo que tienes, te haces no poseedor, y así unas veces lo pierdes, otras veces lo recuperas. Nuestros ojos no son inseparables de la luz: la reciben cuando se abren, la pierden cuando se cierran. No es Dios de este modo el Hijo de Dios, el Verbo del Padre. No es el Verbo de tal forma que no sea cuando deja de sonar, sino que permanece desde su nacimiento. Tiene la sabiduría de modo que Él es la sabiduría y hace a otros sabios. Tiene la vida de modo que Él es la vida y hace que otros sean seres vivos. Esto es lo que es mayor que todo. Queriendo hablar del Hijo de Dios el evangelista San Juan, mira al cielo y a la tierra, los mira y se remonta sobre ellos. Sobre el cielo contempla los millares de ejércitos angélicos, contempla con la mente a todas las criaturas, como el águila contempla las nubes, y, remontándose sobre todas ellas, llega a aquello, que es mayor que todo, y dice: En el principio era el Verbo. Pero, como aquel de quien Él es Verbo no procede del Verbo, y el Verbo procede de aquel cuyo es el Verbo, dice: Lo que me dio el Padre, esto, es el ser su Verbo, el ser su Hijo unigénito y esplendor de su luz, es mayor que todas las cosas. Nadie, por lo tanto, arrebata a mis ovejas de mis manos. Nadie puede arrebatarlas de las manos de mi Padre.

Domingo IV de Pascua (ciclo c) - Fray Luis de León

Pastor
 Si es Pastor Cristo por el lugar de su vida, ¿cuánto con más razón lo será por el ingenio de su condición, por las amorosas entrañas que tiene, a cuya grandeza no hay lengua ni encarecimiento que allegue? Porque, demás de que todas sus obras son amor, que en nacer nos amó y viviendo nos ama, y por nuestro amor padeció muerte, y todo lo que en la vida hizo y todo lo que en el morir padeció, y cuanto glorioso ahora y asentado a la diestra del Padre negocia y entiende, lo ordena todo con amor para nuestro provecho.
Así que, demás de que todo su obrar es amor, la afición y la terneza de entrañas, y la solicitud y cuidado amoroso, y el encendimiento e intensión de voluntad con que siempre hace esas mismas obras de amor que por nosotros obró, excede todo cuanto se puede imaginar y decir. No hay madre así solícita, ni esposa así blanda, ni corazón de amor así tierno y vencido, ni título ninguno de amistad así puesto en fineza, que le iguale o le llegue. Porque antes que le amemos nos ama; y, ofendiéndole y despreciándole locamente, nos busca; y no puede tanto la ceguedad de mi vista ni mi obstinada dureza, que no pueda más la blandura ardiente de su misericordia dulcísima. Madruga, durmiendo nosotros descuidados del peligro que nos amenaza. Madruga, digo, antes que amanezca se levanta; o, por decir verdad, no duerme ni reposa, sino, asido siempre al aldaba de nuestro corazón, de continuo y a todas horas le hiere y le dice, como en los Cantares se escribe: «Ábreme, hermana mía, Amigo mía, Esposa mía, ábreme, que la cabeza traigo llena de rocío, y las guedejas de mis cabellos llenas de gotas de la noche. No duerme — dice David—, ni se adormece el que guarda a Israel.»

viernes, 19 de abril de 2013

Domingo IV de pascua (ciclo c) - Guión Litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia, santa grey de Dios, nos propone celebrar la “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”. Llamados a descubrir a Cristo como el Buen Pastor, reconozcamos su Voz en esta Liturgia para ser conducidos al Banquete de la Vida Eterna, conscientes de que el rebaño necesita pastores que lo guíen siguiendo el ejemplo de Jesús. Iniciamos la celebración  poniéndonos de pie y cantando...

jueves, 18 de abril de 2013

La reforma litúrgica de Benedicto XVI - Mons. Nicola Bux

Parte de la conclusión
del libro de Monseñor Nicola Bux,
“La reforma de Benedicto XVI”.
Publicado por L`Osservatore Romano

          Está naciendo un nuevo movimiento litúrgico que dirige la mirada a las liturgias de Benedicto XVI; no bastan las instrucciones preparadas por expertos, se necesitan liturgias ejemplares que hagan encontrar a Dios. Sólo por los espíritus voluntariamente superficiales no se advertiría. Es un nuevo inicio que nace desde lo profundo de la liturgia precisamente como el movimiento litúrgico del siglo pasado llegó a su culmen con el concilio.

          La liturgia como lugar del encuentro con el Dios viviente, no un show para hacer interesante la religión, no un museo de formas rituales grandiosas. El pueblo de Dios celebra el nuevo rito con respeto y solemnidad pero queda desorientado por las contradicciones de los dos extremos. La liturgia volverá a ser acción eclesial, no por obra de especialistas y equipos litúrgicos, sino de sacerdotes y laicos que, gracias al conocimiento de las fuentes, consideren la liturgia occidental como fruto de un desarrollo histórico y la oriental como reflejo de la eterna. Los antiguos padres y maestros medievales se opusieron a la mistificación de la liturgia y, conociendo la historia, nos han mostrado las múltiples formas de su camino. Del movimiento litúrgico pre-conciliar, el Santo Padre recoge su herencia y la hace fructificar, él ha acogido el deseo de que las formas antigua y nueva del rito romano coexistieran una junto a otra como ya ocurre con la ambrosiana y las orientales.

miércoles, 17 de abril de 2013

¿Son históricos los escritos de San Lucas del Nuevo Testamento? - Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola

Historicidad de los Libros Sagrados
Por Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola

          Problemas exegéticos en torno a la historicidad.
Especial estudio de los escritos de Lucas.
          Exposición realizada en el salón de conferencias
del Seminario Religioso «María, Madre del Verbo Encarnado»,
con ocasión de la Jornada Bíblica "Biblia y Hermenéutica".
San Rafael, 28 de septiembre de 1998
I - Fe cristiana e historia.
          Ninguna religión, fuera de la judeocristiana, considera el intercambio de Dios con el hombre como inserto en los anales del tiempo. Es casi un lugar común afirmar que los hebreos han sido los primeros en oponer a una concepción cíclica del tiempo otra lineal; aquellos también que valorizaron la historia como Epifanía de Dios.
          El hecho es notorio, cuando, en la síntesis más apretada de nuestra vida creyente, el "Símbolo de la fe", nos encontramos con el nombre de Poncio Pilato, como factor capaz de fechar el meollo mismo de nuestra redención.
          También ha sido una adquisición de las reflexiones más recientes la diferenciación de la ciencia histórica y su método respecto a los procesos de análisis de las ciencias exactas.
          Aquella no sale en busca de acontecimientos químicamente puros, sin que en su enfoque no intervenga la apreciación subjetiva de los testigos y de los historiadores. Esa clase de objetividad no condice con el material que se somete a estudio. Para ser objetivos con sucesos humanos es menester tener en cuenta lo subjetivo.
          Ahora bien, la historia bíblica está toda ella empapada de entusiasmo kerigmático, de modo que se encuentra en las antípodas de una ciencia histórica, practicada sine ira et studio, según la consigna de Tácito. Los autores de la Sagrada Escritura, los evangelistas, no tratan con indiferencia el anuncio del que son portadores, sino con el encendido celo de predicar hasta desde los tejados (cf. Lc 12, 3).

lunes, 15 de abril de 2013

El relativismo en lo religioso y la espiritualidad - Mons. José Ignacio Munilla

El vaso, el agua y el elefante

          Tengo que confesar que me preocupa cómo se difunden en nuestros días algunas imágenes sobre la religiosidad y la espiritualidad, que son claramente incompatibles con nuestra fe católica.
          La Iglesia Católica se encuentra en plena celebración del Año de la Fe. Los obispos hemos recibido el ministerio de guardar la integridad de la fe. Se trata de una encomienda que abarca tres niveles: Tener una fe coherente, predicar con pedagogía y rebatir los errores contrarios. Pues bien, tengo que confesar que me preocupa cómo se difunden en nuestros días algunas imágenes sobre la religiosidad y la espiritualidad, que son claramente incompatibles con nuestra fe católica. Me refiero en concreto a las dos siguientes:
          «El vaso y el agua»: Se pretende diferenciar entre la religión y la espiritualidad sirviéndose del referido símil. Las religiones serían como el vaso (hay muchos vasos); mientras que la espiritualidad sería como el agua. Se puede beber agua en diversos tipos de vasos o sin necesidad de ellos. Así ocurriría también con las religiones; todas ellas serían igualmente válidas para beber el agua de la espiritualidad.
          «El elefante»: Se representa a un elefante rodeado de una serie de personajes vestidos con los atuendos típicos de diferentes religiones; todos ellos con los ojos totalmente vendados: Un obispo católico toca con sus manos la trompa; un monje budista palpa un colmillo del elefante; un imán acaricia una de las patas traseras; un rabino manosea una de las orejas del elefante… Y en la parte baja inferior de esta viñeta se puede leer: «Dios es mayor que lo que las religiones dicen sobre Él». Es obvio que la conclusión a la que pretende hacernos llegar esta imagen del elefante es que todas las religiones se reducen a un intento infructuoso del hombre de alcanzar a Dios.

domingo, 14 de abril de 2013

Domingo III de pascua (ciclo c) - Mons. Fulton Sheen

El amor como condición de autoridad

Después de lo sucedido en Jerusalén durante la semana de la pascua, los apóstoles regresaron a sus hogares de origen, particularmente a orillas del lago de Galilea, tan lleno para ellos de tiernos recuerdos. Mientras estaban pescando, el Señor les había llamado para que fueran «pescadores de hombres». Galilea sería ahora el teatro del último milagro del Señor, tal como lo había sido del primero, cuando convirtió el agua en vino. En la primera ocasión no había «vino»; en esta última no había «pescado». En ambas nuestro Señor formuló un mandato: en Caná, que fueran a llenar las tinajas; en Galilea, que echaran las redes al lago. En uno y otro caso el resultado fue abundancia de vino y de pescado respectivamente; Caná tuvo sus seis tinajas de agua llenas del vino de la mejor calidad, y fue servido al final de todo; Galilea tuvo repletas sus redes de pescado.

Domingo III de pascua (ciclo c) - P. Leonardo Castellani S.J.

Las dos pescas milagrosas

La Pesca Milagrosa es un milagro repetido, lo mismo que la Multiplicación de los Panes y la Echada de los Mercaderes del Templo. Cuando Cristo repita el mismo gesto, eso tiene misterio; y la segunda vez no significa lo mismo que la primera; porque de no, bastaba la primera. Este milagro significa el poder de Dios sobre los animales irracionales... y los racionales.
La Primera Pesca Milagrosa está junto con la Segunda Llamada de los Apóstoles (la llamada a ser Apóstoles y no ya meros creyentes) y la segunda “ricapesca” –como traduce Lutero– está después de la Resurrección en la penúltima –y no en la última, como dice Lagrange– ­aparición de Jesús: la última, antes de la Ascensión; junto con la confirmación de Pedro, pecador contrito, como jefe de la Iglesia: “Apacienta mis ovejas”.

Domingo III de Pascua (ciclo c) Catena Aurea

Juan 21,1-19
          Después se mostró Jesús otra vez a sus discípulos en el mar de Tiberíades. Y se mostró así: Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, y Natanael, que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: "Voy a pescar". Le dicen: "Vamos también nosotros contigo". Salieron, pues, y subieron en un barco; y aquella noche no cogieron nada. Mas cuando vino la mañana, se puso Jesús a la ribera: pero no conocieron los discípulos que era Jesús. Y Jesús les dijo: "¿Hijos, tenéis algo de comer?" Le respondieron: "No". Les dice: "Echad la red a la derecha del barco, y hallaréis". Echaron la red, y ya no la podían sacar por la muchedumbre de los peces. Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: "El Señor es". Y Simón Pedro cuando oyó que era el Señor, se ciñó su túnica (porque estaba desnudo), y se echó en el mar. Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos), tirando de la red con los peces. Y luego que saltaron a tierra, vieron brasas puestas, y un pez sobre ellas y pan. Jesús les dice: "Traed acá los peces que cogisteis ahora". Entonces subió Simón Pedro y trajo la red a tierra llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
          Jesús les dice: "Venid, comed". Y ninguno de los que comían con El osaba preguntarle: "¿Tú quién eres?", sabiendo que era el Señor. Llega, pues, Jesús, y tomando el pan se lo da, y asimismo el pez. Esta fue ya la tercera vez que se manifestó Jesús a sus discípulos después que resucitó de entre los muertos.
          Y cuando hubieron comido, dice Jesús a Simón Pedro: "¿Simón, hijo de Juan, me amas más que éstos?" Le responde: "Sí, Señor, Tú sabes que te amo". Le dice: "Apacienta mis corderos". Le dice segunda vez: "¿Simón, hijo de Juan, me amas?" Le responde: "Sí, Señor, Tú sabes que te amo". Le dice: "Apacienta mis corderos". Le dice tercera vez: "¿Simón, hijo de Juan, me amas?" Pedro se entristeció porque le había dicho la tercera vez: "¿Me amas?" Y le dijo: "Señor, Tú sabes todas las cosas: Tú sabes que te amo". Y le dijo: "Apacienta mis ovejas".
          "En verdad, en verdad te digo, que cuando eras mozo, te ceñías e ibas a donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos y te ceñirá otro, y te llevará a donde tú no quieras". Esto dijo, señalando con qué muerte había de glorificar a Dios.

San Agustín, in Ioannem, tract., 122
Por lo que anteriormente dijo el Evangelista, parece que indica el fin de este libro. Pero sigue contando cómo se manifestó el Señor en el mar de Tiberíades. Por esto dice: "Después se manifestó otra vez junto al mar de Tiberíades".
 
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 86
Dice después, porque ya no iba de continuo con ellos como antes. Y dice se dejó ver, porque no lo hubieran visto si El no lo hubiese permitido, y porque su cuerpo era inmortal. Hace también mención del lugar, como demostrando que el Señor les había quitado el temor y se atrevían ya a alejarse de casa; no se encerraban en ella, y sin temor de los judíos habían ido a Galilea.

sábado, 13 de abril de 2013

Domingo III de pascua (ciclo c) - San Agustín

La Iglesia militante
y la Iglesia triunfante

1. Después de la narración del hecho en que Tomás, su discípulo, por las cicatrices de las llagas, que fue invitado a tocar en la carne de Cristo, vio lo que no quería creer y lo creyó, inserta el evangelista lo siguiente: "Otras muchas maravillas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. Más todas estas cosas han sido escritas para que vosotros creáis que Jesús es el Cristo, Hijo de Dios vivo, a fin de que, creyéndolo, tengáis la vida en su nombre". Este capítulo parece indicar el final de este libro, pero en él se narra aún la manifestación del Señor junto al mar de Tiberíades, y cómo en la captura de los peces se recomienda el misterio de la Iglesia, y cómo ha de ser la futura resurrección de los muertos. Creo que contribuye a dar valor a esta recomendación el que esta conclusión    sirviese de prólogo a la narración siguiente, para dejarla, en cierto modo, en un lugar más destacado. Comienza así esta narración: "Después se manifestó Jesús junto al mar de Tiberíades, y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, y Natanael, que era de Cana de Galilea, y los hijos del Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Díceles Simón Pedro: Voy a pescar. Ellos le replican: Vamos también nosotros contigo".

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