viernes, 31 de mayo de 2013

El Magnificat en la Visitación de la Virgen María - Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles de 6 de noviembre 1996
En el Magníficat María
celebra la obra admirable
de Dios
(Lectura:
capítulo 1 del evangelio de san Lucas,
versículos 46-48)

          1. María, inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios realizó en ella. Ese cántico es la respuesta de la Virgen al misterio de la Anunciación: el ángel la había invitado a alegrarse; ahora María expresa el jubilo de su espíritu en Dios, su salvador. Su alegría nace de haber experimentado personalmente la mirada benévola que Dios le dirigió a ella, criatura pobre y sin influjo en la historia.
          Con la expresión Magníficat, versión latina de una palabra griega que tenía el mismo significado, se celebra la grandeza de Dios, que con el anuncio del ángel revela su omnipotencia, superando las expectativas y las esperanzas del pueblo de la alianza e incluso los más nobles deseos del alma humana.
          Frente al Señor, potente y misericordioso, María manifiesta el sentimiento de su pequeñez: "Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava" (Lc 1, 46­48). Probablemente, el término griego ταπείνωσς esta tomado del cántico de Ana, la madre de Samuel. Con él se señalan la "humillación" y la "miseria" de una mujer estéril (cf. 1 S 1, 11), que encomienda su pena al Señor. Con una expresión semejante, María presenta su situación de pobreza y la conciencia de su pequeñez ante Dios que, con decisión gratuita, puso su mirada en ella, joven humilde de Nazaret, llamándola a convertirse en la madre del Mesías.

La visitación de la Virgen María a Santa Isabel - Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 2 de octubre de 1996
En el misterio de la Visitación
el preludio de la misión del Salvador
(Lectura:
capítulo 1 del evangelio de san Lucas,
versículos 44-45)

          En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres, oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.
          El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, usa el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se usa en los evangelios pare indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8, 31; 9, 9. 31; Lc 24, 7. 46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5, 27­28; 15, 18. 20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.
          El texto evangélico refiere, además, que María realice el viaje "con prontitud" (Lc 1, 39). También la expresión "a la región montañosa" (Lc 1, 39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: 'Ya reina tu Dios'!" (Is 52, 7).
          Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10, 15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.

jueves, 30 de mayo de 2013

San Fernando III rey de Castilla y León - P. Alfredo Sáenz S.J.

Óleo de San Fernando
de Bartolomé Esteban Murillo
Museo del Prado - Madrid (1671)
San Fernando

(1198-1252)


 La estampa de San Fernando se destaca con relevancia en el marco del glorioso siglo XIII, el siglo de oro de la Cristiandad, que cobijó a personajes como San Alberto Magno, Santo Tomás, San Buenaventura, San Luis, y tantos otros. Su figura, señera en la política de España, es sólo comparable con la de Isabel la Católica.
Cuando nace Fernando, la Iglesia estaba gobernada por Inocencio III, uno de los Papas más insignes de todos los tiempos, que concebía a Europa como un conglomerado de pueblos –la Cristiandad– bajo su tutela espiritual. «Un papa demasiado joven», se murmuró en Roma al ser elegido, en 1198. Tenía entonces 38 años. Pero empuñó el timón de la Iglesia con magnanimidad y señorío, no sujetándose a nada mundano, plenamente consciente de representar como vicario nada menos que al mismo Jesucristo, el Señor, el Emperador supremo. Fue durante su pontificado cuando emergieron las dos grandes Órdenes mendicantes que dieron un nuevo giro al curso de la historia, la iniciada por Francisco de Asís, y la fundada por Domingo de Guzmán.
Esplendoroso, por cierto, aquel siglo XIII, el siglo de las Cruzadas, de las Catedrales, de las Universidades, de las Sumas. El siglo de Fernando.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Origen de la Fiesta de Corpus Christi


A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.
          Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.
          Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

El Edicto de Milán y la libertad religiosa hoy - Card. Angelo Scola

El Edicto di Milán:
Initium Libertatis
En su XVII centenario

Discurso del  Arzobispo de Milán, pronunciado el 6 de diciembre 2012, dando el sentido que tendrán, durante el año 2013, las conmemoraciones relativas a este hito histórico de la libertad religiosa en la arquidiócesis que dirige, en cuyo territorio se materializó hace 1700 años.

          «El Edicto de Milán del año 313 tiene un significado histórico, porque marca el initium libertatis del hombre moderno»1. Esta afirmación de un ilustre cultor del derecho romano, el difunto Gabrio Lombardi, permite poner de relieve que las medidas, firmadas por los dos Augustos, Constantino y Licinio, determinaron no sólo el fin progresivo de las persecuciones contra los cristianos sino, sobre todo, el acta de nacimiento de la libertad religiosa. En cierto sentido, con el Edicto de Milán aparecen por primera vez en la historia las dos dimensiones que hoy llamamos “libertad religiosa” y “laicidad del Estado”. Son dos aspectos decisivos para la buena organización de la sociedad política. 
          Una interesante confirmación de este dato la encontramos en dos significativas enseñanzas de san Ambrosio. Por una parte, el arzobispo nunca dudó en recordar a los cristianos que debían ser leales respecto a la autoridad civil, la cual, a su vez —he aquí la segunda enseñanza— debía garantizar a los ciudadanos libertad en el plano personal y social. Se reconocía así el horizonte del bien público al cual están llamados a contribuir ciudadanos y autoridad. 
          No se puede negar, sin embargo, que el Edicto de Milán fue una especie de “inicio frustrado”. En efecto, los acontecimientos sucesivos abrieron una historia larga y atormentada.
          La histórica e indebida conmixtión entre el poder político y la religión puede representar una clave de lectura útil de las distintas fases que ha atravesado la historia de la práctica de la libertad religiosa. 

martes, 28 de mayo de 2013

La creación - Dios Creador

La Creación

Luego de haber hablado de la vida íntima de Dios -actividad ab intra-, trataremos ahora de la primera de las actividades ad extra de Dios: la Creación.
1 TODO EL UNIVERSO HA SIDO CREADO POR DIOS
1.1 Noción: creación "ex nihilo"
Por creación se entiende la acción de Dios mediante la cual da la existencia a los seres, sacándolos de la nada.
   lo. Es acción de Dios. Acción de su actividad externa, ya que tiene por objeto las criaturas, y no El mismo.
La creación es, pues, obra de las tres divinas Personas, aunque en la Sagrada Escritura suele atribuirse al Padre, porque en ella luce de modo especial el poder de Dios. Por eso decimos en el Credo: "Creo en Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra".
   2o. Mediante la cual da la existencia a los seres. En efecto, todos han sido creados por El, y por eso se llaman criaturas.
En el lenguaje de la Sagrada Escritura "Creador del cielo y de la tierra" significa, pues, Creador de todos los seres, tanto espirituales corno materiales.
   3o. Sacándolos de la nada. Sacar un ser de la nada significa producir un ser que antes no existía de ninguna manera, ni como tal, ni en materia alguna anterior.
Al fabricar un escultor una estatua, no la crea, pues aunque no existía como tal, existía la materia de que la formó; por ejemplo, la madera o el mármol. Dios, por el contrario, sí crea a los seres, pues no los formó de materia alguna anterior, ya que fuera de Dios nada existía.
Es importante percatarse que la nada no es un ser positivo, como un lugar de donde Dios saca los seres. Por el contrario la palabra "nada" se opone a "algo", y denota que antes de la creación no existía algo preexistente, de donde pudiera formar los seres.

lunes, 27 de mayo de 2013

La tortuga - Fábula del P. Leonardo Castellani

La tortuga
No te rías, oh Dios fuerte, de mis esfuerzos frustrados, porque hay una voluntad tristemente terca que gime a Tí desde el fondo de mi impotencia.
Te voy a poner un ejemplo.
Una vez, oh Dios infinitamente grande que estás aquí presente, pesqué una tortuga en el río Salado y la llevé para casa. La tortuga quería escapar y volverse al río patrio, lo cual manifestó sacando una pata por un agujero de la bolsa en que venía y rasguñando la barriga del bayo, que se llevó muchos rebencazos acompañados del tratamiento de "mancarrón imbécil" por pegar cimbrones bruscos a la zurda como si lo espoleasen con nazarenas, siendo así que yo ni siquiera lo taloneaba. Y era la tortuga que quería escapar.

A nuestro Papa, Benedicto XVI - Emotivo agradecimiento de jóvenes de la JMJ Madrid

domingo, 26 de mayo de 2013

Santísima Trinidad (ciclo c) Catena Aurea


Juan 16, 12-15
"Aún tengo que deciros muchas cosas: mas no las podéis llevar ahora. Mas cuando viniere aquel Espíritu de verdad, os enseñará toda la verdad. Porque no hablará de sí mismo: mas hablará todo lo que oyere, y os anunciará las cosas que han de venir. El me glorificará; porque de lo mío tomará y lo anunciará a vosotros. Todas cuantas cosas tiene el Padre, mías son. Por eso os dije: que de lo mío tomará, y lo anunciará a vosotros".

Teofilacto
Como había dicho el Señor "Os conviene que yo vaya", lo explica más diciendo: "Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis comprenderlas".

San Agustín, in Ioannem, tract., 97
Todos los herejes se valen de esta palabra para encubrir sus atrevidas invenciones (aun las que más horror causan a la humana razón) apoyándose en esta sentencia evangélica; como si sus sistemas se hallaran comprendidos en aquello mismo que los discípulos no pudieron entonces comprender y les hubiera inspirado el Espíritu Santo aquello que el espíritu inmundo se avergüenza de enseñar y predicar públicamente. Pero hay cosas malas que no puede soportar el decoro humano, y otras buenas que no sabe comprender la limitada razón del hombre. El mal es el que reside en los espíritus impuros y el bien el que aparta a aquel de todo ser viviente. ¿Quién, pues, de nosotros se atreverá a creerse de aquellos que comprenden las cosas que otros no pueden alcanzar? Y, por tanto, ni aun de mí debe esperarse que las diga. Pero alguno dirá: mas ahora hay muchos que pueden oír lo que entonces Pedro no podía comprender. Así por ejemplo, muchos pueden ser coronados por el martirio, especialmente después de enviado el Espíritu Santo, lo que entonces, cuando el Espíritu no había venido aún, Pedro no podía. Concedamos que muchos puedan por esta razón, enviado ya el Espíritu Santo, comprender lo que no pudieron los discípulos antes de la venida del Espíritu Santo. ¿Acaso sabemos qué es lo que Jesucristo no quiso decir? ¿Puede alguno de nosotros decir qué es lo que calló? Me parece muy absurdo que el Señor no pudiera haber comunicado a los discípulos aquellos altísimos misterios que hallamos luego en los escritos apostólicos, así como es absurdo también que de haberlo hecho el Señor, no quedara recogido en dichos escritos. Los heresiarcas no pueden tolerar en las Santas Escrituras nada de lo que confirma la fe católica y condena sus errores, como de los maniqueos, sabelianos y arrianos, así como nosotros no podemos sufrir sus vanas teorías. Porque ¿qué es no poder tolerar una cosa sino el no tener paciencia para sufrirla? ¿Y qué fiel hay, aunque sea catecúmeno, que antes de recibir el Espíritu Santo por el bautismo no lea y oiga con gusto, aunque no lo entienda, lo que ha sido escrito después de la Ascensión del Señor? Dirá tal vez alguno: ¿No hay varones espirituales que en materia de doctrina oculten algo a los que son carnales y lo comuniquen a los que son espirituales? En verdad que no hay ninguna necesidad de que se oculte como secreta la doctrina a los fieles que no la pueden comprender, y se la enseñe a los de mayor capacidad, pero de ningún modo los hombres espirituales deben callar por la fe católica las cosas espirituales a los mundanos. Porque a todos se deben predicar, pero sin discutirlas tan difusamente que para hacerlas comprender a los que no tienen capacidad, más pronto les fastidien con sus sermones que les hagan comprender la verdad. Y tampoco se sospecha qué secretos serían los que pudiéndose enseñar no pudieran ser comprendidos por los discípulos, a no ser que aquello mismo que en materia de religión cualquiera de los hombres comprendamos, quisiera el Señor decírnoslo en la misma forma que habla a los ángeles. Porque entonces, aun los hombres espirituales, como aun no eran los apóstoles, ¿cómo lo podrían comprender? Porque aun aquello que puede saberse de la creación es mucho menos que el creador, y sin embargo, ¿quién no lo invoca? Siendo así que todos le reconocen ¿quién es que lo comprenda como es? ¿Quién, viviendo en carne mortal, puede comprender toda la verdad? Cuando dice el Apóstol: "en parte sabemos" ( 1Cor 13,9), pero es porque el Espíritu Santo hace que lleguemos a la plenitud de su conocimiento, de la que el mismo Apóstol dice: "Entonces cara a cara"; no como en esta vida, sino hasta la perfección, según el Señor nos prometió diciendo: "Pero cuando viniere el Espíritu de verdad, os enseñará y os ilustrará en toda verdad". De cuya promesa sacamos en consecuencia que su plenitud nos está reservada para la otra vida. Pero entre tanto el Espíritu Santo enseña espiritualmente a los fieles cuanto cada uno es capaz de comprender, y excita en sus corazones mayores deseos.

Elevación a la Santísima Trinidad - Beata Isabel de la Trinidad

Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.
Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.
¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

sábado, 25 de mayo de 2013

Santísima Trinidad - San Agustín

 

LIBRO I
En que fe prueba, al tenor de las Escrituras sagradas, la unidad e igualdad de la Trinidad soberana y se resuelven ciertas dificultades contra la igualdad del Hijo.

CAPITULO I
Escribe contra aquellos que, abusando de la razón, calumnian la doctrina de la Trinidad. El error de los que polemizan acerca de Dios proviene de una triple causa. La escritura divina, dejadas a un lado las interpretaciones falsas, nos eleva gradualmente a las cosas de Dios. Inmortalidad verdadera. Por la fe somos nutridos y nos hacemos aptos para entender lo divino.
1. Ante todo, conviene advertir al futuro lector de este mí tratado sobre la Trinidad que mi pluma está vigilante contra las calumnias de aquellos que, despreciando el principio de la fe, se dejan engañar por un prematuro y perverso amor a la razón. Ensayan unos aplicar a las sustancias incorpóreas y espirituales las nociones de las cosas materiales adquiridas mediante la experiencia de los sentidos corpóreos, o bien con la ayuda de la penetración natural del humano ingenio, de la vivacidad del espíritu, o con el auxilio de una disciplina cualquiera, y pretenden sopesar y medir aquéllas por éstas.
Hay quienes razonan de Dios —si esto es razonar—al tenor de la naturaleza o afectos del alma humana y este error los arrastra, cuando de Dios discurren, a sentar atormentados e ilusorios principios. Existe además una tercera raza de hombres que se esfuerzan, es cierto, por elevarse sobre todas las criaturas mudables con la intención de fijar su pupila en la inconmutable sustancia, que es Dios; pero, sobrecargados con el fardo de su mortalidad, aparentan conocer lo que ignoran, y no son capaces de conocer lo que anhelan. Afirmando con audacia presuntuosa sus opiniones, pues se cierran caminos a la inteligencia y prefieren no corregir su doctrina perversa antes que mudar de sentencia.
Y éste es el virus de los tres mencionados errores; es decir, de los que razonan de Dios según la carne, de los que sienten según la criatura espiritual, como lo es el alma, y de los que, equidistantes de lo corpóreo y espiritual, sostienen opiniones sobre la divinidad tanto más absurdas y distanciadas de la verdad cuanto su sentir no se apoya en los sentidos corporales, ni en el espíritu creado, ni en el Creador. El que opina que Dios es blanco o sonrosado se equivoca; con todo, estos accidentes se encuentran en el cuerpo. Nuevamente, quien opina que Dios ahora se recuerda y luego se olvida, u otras cosas a este tenor, yerra sin duda, pero estas cosas se encuentran en el ánimo. Mas quien juzga que Dios es una fuerza dinámica capaz de engendrarse a sí mismo, llega al vértice del error, pues no sólo no es así Dios, pero ni criatura alguna espiritual o corpórea puede engendrar su misma existencia.

Santísima Trinidad (ciclo c) Guión Litúrgico

ENTRADA:
Hermanos Dios nos ha revelado su intimidad y por eso lo podemos conocer como Padre, Hijo y Espíritu Santo. En esta Solemnidad de la Santísima Trinidad, proclamamos este profundo misterio de un solo Dios verdadero en tres personas distintas. Con el gozo de haber recibido el don de la fe, nos ponemos de pie y cantamos...

viernes, 24 de mayo de 2013

Quiero llegar hasta tus pies benditos - Canción a María Auxiliadora



Quiero llegar hasta tus pies benditos
para implorar sobre mi vida entera
la bendición que ampare mi alegría
Auxiliadora madre mía.
Por ti viví los años de inocencia
porque aprendí de labios de mi madre
a invocar tu nombre cada día
Auxiliadora madre mía.

María Auxiliadora por San Juan Bosco

Palabras de
Don Bosco
a sus alumnos
el 20 de mayo de 1877

          "Estamos en la fiesta de Pentecostés, en la novena de María Santísima Auxiliadora.
          Durante este mes, se obtienen cada día muchas gracias de la Virgen.
          Unas veces son personas que vienen aquí a esta nuestra iglesia a pedir favores o a agradecer los recibidos; otras, llegan cartas de lejos con relatos de sucesos admirables, atribuidos a la invocación de nuestra buena Madre, y que expresan la gratitud de los agraciados.
          Pero las gracias más grandes son las que no se conocen.
          ¡Cuántas y cuántas personas hay que, por intercesión de María Santísima, pudieron ordenar los asuntos de su alma!
          Y, sin ir más lejos, aquí en nuestra casa son innumerables las gracias obtenidas y que se van obteniendo por muchos jóvenes, que invocaron a María con el título de Auxilium Christianorum, y obtuvieron gracias espirituales.
          Uno logró perder una mala costumbre, otro adquirió una virtud difícil de practicar…

jueves, 23 de mayo de 2013

Reflexiones acerca de la Fe - Cardenal Jorge A. Medina Estévez

  
La invitación  del Santo Padre Benedicto XVI a celebrar, a partir del próximo mes de octubre, un año consagrado a profundizar el sentido y la importancia de la fe en la vida cristiana, todo ello en conmemoración del medio siglo a contar de la inauguración del Concilio ecuménico Vaticano II, invita a la reflexión acerca del contenido, de la relevancia así como también de las posibles deficiencias o  desviaciones que pueden darse con respecto a esta actitud fundamental de los discípulos de Cristo.

       ¿Qué es la fe?
         Tengamos presente, ante todo, que una parte muy  considerable de los conocimientos que poseemos no provienen de certezas que hayamos adquirido a través de experiencias personales, sino que los hemos obtenido por medio del testimonio de otras personas. Así, y para no multiplicar los ejemplos, lo que sabemos de la historia, de la fisiología, de la astronomía o de la paleontología no lo hubiéramos podido saber si no hubiéramos contado con el testimonio creíble de personas que nos han comunicado esas informaciones y que, en muchos casos, esas mismas personas  las han adquirido de otras que las antecedieron y se las proporcionaron. La confianza en la veracidad y competencia de otras personas es un elemento sin el cual se hace imposible la adquisición de muchos conocimientos desde luego en el plano de las realidades naturales  que, de suyo, se pueden obtener con el ejercicio de la razón, de la investigación y de la experiencia puramente naturales. La fe o credibilidad humanas suponen que el testigo, informante o maestro, sea competente y conozca cabalmente la materia, y que no haya razón para sospechar que pueda tener la intención  de ocultarnos la verdad o, peor aún, de engañarnos.

martes, 21 de mayo de 2013

El misterio de la Santísima Trinidad

El misterio de la Santísima Trinidad nos enseña que en Dios hay Tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; pero que las tres tienen una misma Naturaleza divina, y en consecuencia son un solo Dios.
1 EL MISTERIO DE LA TRINIDAD DE PERSONAS EN LA UNIDAD DE DIOS
1.1 El misterio
"Es necesario que el misterio del Hijo de Dios hecho hombre y el misterio de la Santísima Trinidad,que forman parte de las verdades principales de la Revelación, iluminen con la pureza de la verdad la vida de los cristianos-
(S.C. para la Doctrina de la Fe, Decl. Para defender la fe contra algunos errores actuales acerca de los misterios de la Encarnación y de la Santísima Trinidad, 21-11-1972 AAS 64¨, 1972,1, pp. 237-246, n. 1).
El misterio de la Santísima Trinidad nos enseña que en Dios hay Tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; pero que las tres tienen una misma Naturaleza divina, y en consecuencia son un solo Dios. Este misterio es un dogma de fe definido: cfr. Dz. 39, 54, 86, 703, etc.
Las palabras "naturaleza" y "persona", no se toman aquí en el sentido corriente de los términos, sino de acuerdo con el lenguaje filosófico, que es más preciso. La naturaleza o esencia de los seres es aquello que hace que las cosas sean lo que son; el principio que las capacita para actuar como tal (por ejemplo, la naturaleza del hombre es ser animal racional compuesto de alma y cuerpo), La persona, en cambio, es el sujeto que actúa (por ejemplo un hombre concreto con un nombre: Pancho Tiznado Téllez, que actúa de acuerdo a su naturaleza: piensa, quiere, trabaja, etc.). Así es claro que en cada hombre hay una sola naturaleza y una sola persona. En Dios, en cambio, no ocurre así: una sola Naturaleza sustenta a una Trinidad de Personas.

La naturaleza de Dios y su obrar

La manera que tenemos
de conocer a Dios y su acción
LA NATURALEZA DE DIOS Y SU OBRAR
1 LA NATURALEZA DE DIOS
1.1 Cómo podemos conocerlo
Podemos conocer a Dios por la razón y por la revelación.
En este capítulo se estudian aquellas realidades de la naturaleza divina susceptibles de ser alcanzadas por la razón. A partir del capítulo siguiente el principal apoyo en los desarrollos explicativos será el conocimiento a través de la Revelación.
La razón nos da a conocer la naturaleza de Dios de dos modos:
a) Por acción, atribuyéndole todas las perfecciones que encontramos en las criaturas, y todas las que podamos concebir.
b) Por remoción, removiendo de El todo cuanto las criaturas tienen de limitado e imperfecto.
Esta forma de conocer se llama analógica, es decir, según un grado de semejanza (Dios es bueno ya que vemos que las criaturas son buenas) y otro de desemejanza (Dios no es bueno del mismo modo ni en el mismo grado de las criaturas). A la analogía se sigue la eminencia: Dios es bueno, pero bueno infinitamente.
Así, pues, para el conocimiento racional de la naturaleza divina el punto de partida es la naturaleza de las criaturas y en particular la naturaleza humana: las perfecciones que ésta posee las trasladamos por analogía a la naturaleza divina, elevadas al infinito.
Y así, podemos atribuir a Dios la inteligencia, el poder, la bondad, la ciencia, la belleza, etc. Esta forma de proceder se apoya en un clarísimo texto de San Pablo (Rom. 1, 20-2 1): ". . . las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas".

lunes, 20 de mayo de 2013

La transmisión de la fe en la familia, la parroquia y la escuela - Conferencia Episcopal Española

Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe

Introducción

          1. «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-20).
          Desde la primera proclamación del kerigma apostólico, a la pregunta que les dirigen aquellos a quienes Dios ha abierto el corazón y perseveraban en la enseñanza (cf. Hch 2, 37. 42), los apóstoles y sus sucesores no tienen otra respuesta más que el mandato que el Señor les dio antes de subir al cielo: ofrecer el pan de la Palabra y la gracia de los sacramentos para que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y se salven.
El mandato del Señor
          2. Así, desde los primeros compases de la Iglesia en el mundo, la enseñanza tuvo un puesto significativo en su seno con acentos diversos: didajé (enseñanza), didascalía (instrucción) o catequesis (catecumenado). Más tarde, la creación de las escuelas catedralicias y parroquiales, por un lado, y el esfuerzo de tantas congregaciones y Órdenes religiosas dedicadas a la educación, por otro, son testimonio de dicha atención maternal. En las últimas décadas, la preocupación y ocupación eclesiales por esta tarea han llevado al Episcopado en España, especialmente por la Conferencia Episcopal y, en concreto, a través de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, a ofrecer valiosas reflexiones y orientaciones: a las familias, en su responsabilidad de dar testimonio de la fe a sus hijos; a las parroquias, en su responsabilidad de proponer la iniciación cristiana a niños, adolescentes y jóvenes; a las instituciones y a los agentes de enseñanza en general, y de la enseñanza religiosa en particular, en su responsabilidad de ofrecer una formación religiosa y moral y como propuesta de diálogo entre la fe y la cultura. Esto muestra el testimonio vivo y el interés permanente de la Iglesia por la educación al servicio del hombre y de la sociedad[1].
La emergencia educativa
          3. En efecto, la Iglesia, consciente en todo momento de su misión de anunciar el Evangelio, ha considerado siempre la formación de los fieles como una de sus tareas esenciales. Hoy, atenta a dicha misión y dadas las circunstancias socioculturales, donde todo cambia con vertiginosa rapidez y donde la fe de los creyentes se encuentra acosada y contrastada por tantos interrogantes, la Iglesia ofrece, también, su regazo de madre y maestra al servicio de la educación integral del hombre.
          4. Reconocemos con profundo agradecimiento que la cultura de nuestro tiempo ha logrado conquistar y ha adquirido valores importantes que humanizan muchos aspectos de la vida personal, comunitaria y social. Con todo, percibimos en ella algunos factores característicos que influyen de modo particular en la crisis de la transmisión de valores humanos y referencias específicamente religiosas y, más en concreto, en lo referente a la comunicación y educación en la fe. Ante este hecho generalizado en la mayor parte del mundo, con algunas características propias en nuestro país, el papa Benedicto XVI ha llamado la atención sobre lo que él ha denominado la «emergencia educativa», o, lo que es lo mismo, la urgencia educativa. Al hablar de ella en distintos escenarios, el pontífice subraya la necesidad de «redescubrir y reactivar un itinerario que, con formas actualizadas, ponga de nuevo en el centro la formación plena e integral de la persona humana»[2].

Ya desde el principio María desempeña su papel de Madre de la Iglesia - Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 6 de septiembre de 1995
Presencia de María
en el origen de la Iglesia
(Lectura:
capítulo primero del libro de los Hechos de los Apóstoles,
versículos 13-14)

          1. Después de haberme dedicado en las anteriores catequesis a profundizar la identidad y la misión de la Iglesia, siento ahora la necesidad de dirigir la mirada hacia la santísima Virgen, que vivió perfectamente la santidad y constituye su modelo.
          Es lo mismo que hicieron los padres del concilio Vaticano II: después de haber expuesto la doctrina sobre la realidad histórico-salvífica del pueblo de Dios, quisieron completarla con la ilustración del papel de María en la obra de la salvación. En efecto, el capítulo VIII de la constitución conciliar Lumen gentium tiene como finalidad no sólo subrayar el valor eclesiológico de la doctrina mariana, sino también iluminar la contribución que la figura de la santísima Virgen ofrece a la comprensión del misterio de la Iglesia.

domingo, 19 de mayo de 2013

El Espíritu Santo es el alma de la misión - Papa Francisco

SANTA MISA CON LOS
MOVIMIENTOS ECLESIALES
EN LA SOLEMNIDAD
DE PENTECOSTÉS
HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
FRANCISCO
Domingo 19 de mayo de 2013

          Queridos hermanos y hermanas:
          En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.
          Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».
          A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

sábado, 18 de mayo de 2013

Pentecostés - San Agustín


El don de Dios,
la gracia de Dios
y la abundancia
de su misericordia

      1. Hoy celebramos la santa festividad del día sagrado en que vino el Espíritu Santo. La fiesta, grata y alegre, nos invita a deciros algo sobre el don de Dios, sobre la gracia de Dios y la abundancia de su misericordia para con nosotros, es decir, sobre el mismo Espíritu Santo. Hablo a condiscípulos en la escuela del Señor. Tenemos un único maestro, en el que todos somos uno; quien, para evitar que podamos vanagloriarnos de nuestro magisterio, nos amonestó con estas palabras: No dejéis que los hombres os llamen maestro, pues uno es vuestro maestro: Cristo. Bajo la autoridad de este maestro, que tiene en el cielo su cátedra —pues hemos de ser instruidos en sus escritos—, poned atención a lo poco que voy a decir, sí me lo concede quien me manda hablaros. Quienes ya lo sabéis, recordadlo; quienes lo ignoráis, aprendedlo. Con frecuencia estimula al espíritu dotado de una santa curiosidad el que la fragilidad y debilidad humana sea admitida a investigar tales misterios. Ciertamente es admitida. Lo que está oculto en las Escrituras, no lo está para negar el acceso a ello, sino más bien para abrirlo a quien llame, según las palabras del mismo Señor: Pedid, y recibiréis; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Con frecuencia, pues, al espíritu de los interesados en estas cosas le intriga el por qué el Espíritu Santo prometido fue enviado a los cincuenta días de su pasión y resurrección.

Pentecostés (ciclo c) Guión Litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: Hoy, culminando la celebración del Tiempo Pascual, celebramos la solemnidad de Pentecostés. El Espíritu Santo, no fue enviado solamente a los Apóstoles, sino también a la Iglesia, a la cual vivifica y con perpetua asistencia gobierna. De aquí le nace a la Iglesia la fuerza incontrastable que tiene en las persecuciones, el vencimiento de sus enemigos, la pureza de la doctrina y el espíritu de santidad que mora en Ella. Llenos de gozo por este don que Dios nos hace. Iniciamos la Santa Misa cantando….

viernes, 17 de mayo de 2013

La fe sobrenatural, creo en Dios

La fe es la respuesta o aceptación
del hombre a todo aquello
que Dios le ha revelado

LA FE SOBRENATURAL: CREO EN DIOS
Tratamos ahora de la fe, inmediatamente después de haber hablado de la Revelación. Este orden perfectamente lógico pues la fe es la respuesta o aceptación del hombre a todo aquello que Dios le ha revelado.
1 NATURALEZA DE LA FE
1.1 Noción general
Fe en general es admitir por cierto lo que otro nos dice. Por ejemplo, cuando creo un hecho que me lo cuenta una persona que merece crédito. Así, lo que caracteriza a la fe es admitir una cosa porque otro la dice; o lo que es lo mismo, admitirla por el testimonio del otro.
"Cuando Dios revela, se le debe la "obediencia de la fe" (Rom. 16, 26; cfr. Rom. 1, 5; Cor. lo, 5-6), por la que el hombre se entrega todo él con libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando voluntariamente su asentimiento a la revelación que El le hace" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, núm. 5).

jueves, 16 de mayo de 2013

Nuestro sacerdocio está íntimamente unido al Espíritu Santo y a su misión - Juan Pablo II

CARTA DEL
SANTO PADRE
JUAN PABLO II
A LOS SACERDOTES
PARA EL
JUEVES SANTO DE 1998
   
Queridos hermanos en el sacerdocio:
Con la mente y el corazón puestos en el Gran Jubileo, celebración solemne del bimilenario del nacimiento de Cristo y comienzo del tercer milenio cristiano, deseo invocar con vosotros al Espíritu del Señor, a quien está dedicada particularmente la segunda etapa del itinerario espiritual de la preparación inmediata al Año Santo del 2000.
Dóciles a sus suaves inspiraciones, nos disponemos a vivir con una participación intensa este tiempo favorable, implorando del Dador de los dones las gracias necesarias para discernir los signos de salvación y responder con plena fidelidad a la llamada de Dios.
Nuestro sacerdocio está íntimamente unido al Espíritu Santo y a su misión. En el día de la ordenación presbiteral, en virtud de una singular efusión del Paráclito, el Resucitado ha renovado en cada uno de nosotros lo que realizó con sus discípulos en la tarde de la Pascua, y nos ha constituido en continuadores de su misión en el mundo (cf. Jn 20,21-23). Este don del Espíritu, con su misteriosa fuerza santificadora, es fuente y raíz de la especial tarea de evangelización y santificación que se nos ha confiado.
El Jueves Santo, día en que conmemoramos la Cena del Señor, presenta ante nuestros ojos a Jesús, Siervo « obediente hasta la muerte » (Fil 2,8), que instituye la Eucaristía y el Orden sagrado como particulares signos de su amor. Él nos deja este extraordinario testamento de amor para que se perpetúe en todo tiempo y lugar el misterio de su Cuerpo y de su Sangre y los hombres puedan acercarse a la fuente inextinguible de la gracia. ¿Existe acaso para nosotros, los sacerdotes, un momento más oportuno y sugestivo que éste para contemplar la obra del Espíritu Santo en nosotros y para implorar sus dones con el fin de conformarnos cada vez más con Cristo, Sacerdote de la Nueva Alianza?

miércoles, 15 de mayo de 2013

Veni Creator Spiritus - Ven Espíritu Creador. Canto Gregoriano


            Veni Creator Spiritus es un cántico eclesial que invoca la presencia del Espíritu Santo.
          El Breviario Romano asigna este himno a las Vísperas (I y II) y a la Tercia de Pentecostés y en toda su octava. La Iglesia también lo canta en funciones solemnes tales
como la elección de Papas, la consagración de obispos, la ordenación de sacerdotes, ladedicación de iglesias, la celebración de sínodos o concilios, la coronación de reyes, etc.
          También se canta en ceremonias más privadas que acompañan la apertura y el cierre del año académico en instituciones de enseñanza.El himno a sido atribuido con buenas evidencia a Rabano Mauro (  Rabanus Maurus
,780-856), quien fuera abad de Fulda y arzobispo de Maguncia. El himno también hasido atribuido a San Ambrosio y a San Gregorio Magno, pero sin evidencia real para una u otra atribución.En el Concilio celebrado en Reims en 1049, que presidió el Papa León IX, se cantó alcomienzo de la tercera sesión en lugar del antífona ordinaria, “Exaudi nos, Domine”.Los fieles debidamente preparados reciben una indulgencia plenaria si lo recitan públicamente el día de Pentecostés.


1. Veni, creator Spiritus
mentes tuorum visita,
imple superna gratia,
quae tu creasti pectora.

martes, 14 de mayo de 2013

¿Quién es el Espíritu Santo? - Papa Francisco

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 8 de mayo de 2013
          Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
          El tiempo pascual que estamos viviendo con alegría, guiados por la liturgia de la Iglesia, es por excelencia el tiempo del Espíritu Santo donado «sin medida» (cf. Jn 3, 34) por Jesús crucificado y resucitado. Este tiempo de gracia se concluye con la fiesta de Pentecostés, en la que la Iglesia revive la efusión del Espíritu sobre María y los Apóstoles reunidos en oración en el Cenáculo.
          Pero, ¿quién es el Espíritu Santo? En el Credo profesamos con fe: «Creo en el Espíritu Santo que es Señor y da la vida». La primera verdad a la que nos adherimos en el Credo es que el Espíritu Santo es «Kyrios», Señor. Esto significa que Él es verdaderamente Dios como lo es el Padre y el Hijo, objeto, por nuestra parte, del mismo acto de adoración y glorificación que dirigimos al Padre y al Hijo. El Espíritu Santo, en efecto, es la tercera Persona de la Santísima Trinidad; es el gran don de Cristo Resucitado que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como Hijo enviado por el Padre y que nos guía a la amistad, a la comunión con Dios.
          Pero quisiera detenerme sobre todo en el hecho de que el Espíritu Santo es el manantial inagotable de la vida de Dios en nosotros. El hombre de todos los tiempos y de todos los lugares desea una vida plena y bella, justa y buena, una vida que no esté amenazada por la muerte, sino que madure y crezca hasta su plenitud. El hombre es como un peregrino que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed de un agua viva fluyente y fresca, capaz de saciar en profundidad su deseo profundo de luz, amor, belleza y paz. Todos sentimos este deseo. Y Jesús nos dona esta agua viva: esa agua es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús derrama en nuestros corazones. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante», nos dice Jesús (Jn 10, 10).

lunes, 13 de mayo de 2013

Historia de la Virgen de Fátima - Dibujos animados

Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada - Benedicto XVI

HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
Explanada del Santuario de Fátima
Jueves 13 de mayo de 2010

          Queridos peregrinos
          “Su estirpe será célebre entre las naciones, [...] son la estirpe que bendijo el Señor” (Is 61,9). Así comenzaba la primera lectura de esta Eucaristía, cuyas palabras encuentran un admirable cumplimiento en esta asamblea recogida con devoción a los pies de la Virgen de Fátima. Hermanas y hermanos amadísimos, también yo he venido como peregrino, a esta “casa” que María ha elegido para hablarnos en estos tiempos modernos. He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de su protección materna. He venido a Fátima, porque hoy converge hacia este lugar la Iglesia peregrina, querida por su Hijo como instrumento de evangelización y sacramento de salvación. He venido a Fátima a rezar, con María y con tantos peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos. En definitiva, he venido a Fátima, con los mismos sentimientos de los Beatos Francisco y Jacinta y de la Sierva de Dios Lucía, para hacer ante la Virgen una profunda confesión de que “amo”, de que la Iglesia y los sacerdotes “aman” a Jesús y desean fijar sus ojos en Él, mientras concluye este Año Sacerdotal, y para poner bajo la protección materna de María a los sacerdotes, consagrados y consagradas, misioneros y todos los que trabajan por el bien y que hacen de la Casa de Dios un lugar acogedor y benéfico.

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