sábado, 31 de mayo de 2014

Ascensión del Señor (ciclo a) Guión Litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: Hoy celebramos con júbilo la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos. Con la alegría de haber sido convocados a celebrar el triunfo de Jesús y con la esperanza de poder participar algún día de su gloria, nos  ponemos de pie y cantamos...

viernes, 30 de mayo de 2014

Oraciones para pedir los frutos del Espíritu Santo

Amor y alegría

“Espíritu Santo, Dios de Amor, que fortaleces y alegras las almas de tus hijos, en nombre de tu infinita misericordia, concédenos ser sarmientos desbordantes de savia y cargados de frutos en la Viña mística, para que después de glorificar al Padre y al Hijo en este mundo con una vida santa, podamos, por Ti, seguir alabándolos por siempre, junto con María, los Ángeles y Santos. Amén”.

 

Paz

“Espíritu Santo, Dios de Amor y Paz, te adoro presente en mi alma, y te suplico que  establezcas tu Paz en mí; esa Paz que Jesús tan amorosamente deseaba a Sus Apóstoles después de Su Resurrección; la Paz que es la condición para la vida en intimidad con Cristo y con el Padre; condición y la culminación de tu acción santificadora en las almas”.

“Te suplicamos, Espíritu Santo, por intercesión del Inmaculado Corazón de María, Tu Santísima Esposa y Reina de la Paz, que nos  concedas humildad de corazón, y la perfecta  fidelidad a Tu santas inspiraciones, a fin de que después de experimentar Tu Divina Paz en este mundo, podamos, por Ti, gozar de ella plenamente en el cielo por toda la eternidad. Amén.”

 

Paciencia y longanimidad

“Espíritu Santo, concédenos esa paciencia y  esa longanimidad que son tan necesarias para nosotros durante las pruebas de esta vida. Y después de habernos hecho la gracia de comprender mejor nuestra pobreza y nuestra nada, dígnate realizar en nuestras almas los designios de la divina misericordia sobre nosotros, para gloria de la Santísima Trinidad,  por los siglos de los siglos. Amén.”

jueves, 29 de mayo de 2014

Máximas de San Juan Bosco sobre la conciencia

CONCIENCIA
 
·        Por nosotros mismos somos incapaces de descubrir nuestros defectos.
 
·        Nadie mejor para aconsejarnos que el director de nuestra conciencia.
 
·        Conciencia pura y limpia, he aquí la verdadera tranquilidad para servir al Señor.
 
·        Conservad vuestra conciencia en tal estado que os permita acercaros, según el consejo del confesor, todos los días a la Santa Comunión.
 
·        Dichosos aquellos que en esta vida no tienen que soportar remordimiento de conciencia.
 
·        Está bien que uno sea siempre limpio y aseado en su persona, pero es mucho mejor que esto, tener la conciencia pura de todo pecado.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Aunque todos yo no (2) Beato manuel González García

I. La Obra desde lejos
 
   Mis sueños pastorales
 
         ¿Quién o qué ha iniciado a usted en la campaña contra el abandono de los Sagrarios? ¿Ha sido usted víctima o testigo o las dos cosas juntas de ese abandono que tan metido tiene en su corazón y en cuanto escribe y habla? me han preguntado no pocas personas, deseosas de explicarse el tesón con que desde hace ya bastante tiempo vengo empeñado en esa empresa.
   Gustoso expondré lo que pudiera llamar mi iniciación en la Obra de las Tres Marías, con el doble fin de satisfacer la curiosidad de esos amigos y de dar a este libro todo el interés de lo que se vive y de lo que se siente.
   ¡Dichoso yo si consigo de esta suerte iniciar a otros muchos en esa Obra tan necesaria como atrayente!
   Tomando, pues, el asunto desde lejos, comenzaré por dar cuenta a mis lectores de una de mis ilusiones de joven. Para mí, antes de ser sacerdote, era casi un dogma de fe la canonibilidad de los habitantes de los pueblos chicos y de las aldeas.
 
         Decir aldeano, y al punto surgir en mi imaginación un hombre robusto de cuerpo y de alma, bastote de forma y modales y sano de sentimientos, era una misma cosa. Para mí ese aldeano no tenía más que tres lugares: el campo donde le veía entregado a su trabajo, reposado, alegre, comenzado con el canto del santo Dios al despuntar el alba y terminado con el Bendito. La casa pobre pero limpia, cariñosa, en la que alternaban los besos y los gritos de alegría de los hijos con las Avemarías del rosario rezado alrededor de la lumbre. Y la iglesia, ¡ah, la iglesia! ¡qué encanto tenían para mi imaginación las iglesias de los pueblos! Cuatro paredes muy blanquitas, un altar con unos manteles muy planchados y una Virgen vestida como la más rica aldeana y adornada con las mejores flores de sus campos; y un Sagrario muy limpio, frecuentado por los mozos al terminar la faena del día y por las mozas antes de empezarla y por los ancianos e impedidos del pueblo durante el día...

Algunos aspectos de la teología de la liberación - Cong. Para la Doctrina de la Fe

SAGRADA CONGREGACIÓN
PARA LA
DOCTRINA DE LA FE

INSTRUCCIÓN

SOBRE ALGUNOS ASPECTOS
DE LA «TEOLOGÍA
DE LA LIBERACIÓN»

 

INTRODUCCIÓN

El Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberación. En los últimos años esta verdad esencial ha sido objeto de reflexión por parte de los teólogos, con una nueva atención rica de promesas.

La liberación es ante todo y principalmente liberación de la esclavitud radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia. Lógicamente reclama la liberación de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico, social y político, que, en definitiva, derivan del pecado, y constituyen tantos obstáculos que impiden a los hombres vivir según su dignidad. Discernir claramente lo que es fundamental y lo que pertenece a las consecuencias es una condición indispensable para una reflexión teológica sobre la liberación.

En efecto, ante la urgencia de los problemas, algunos se sienten tentados a poner el acento de modo unilateral sobre la liberación de las esclavitudes de orden terrenal y temporal, de tal manera que parecen hacer pasar a un segundo plano la liberación del pecado, y por ello no se le atribuye prácticamente la importancia primaria que le es propia. La presentación que proponen de los problemas resulta así confusa y ambigua. Además, con la intención de adquirir un conocimiento más exacto de las causas de las esclavitudes que quieren suprimir, se sirven, sin suficiente precaución crítica, de instrumentos de pensamiento que es difícil, e incluso imposible, purificar de una inspiración ideológica incompatible con la fe cristiana y con las exigencias éticas que de ella derivan.

La Congregación para la Doctrina de la Fe no se propone tratar aquí el vasto tema de la libertad cristiana y de la liberación. Lo hará en un documento posterior que pondrá en evidencia, de modo positivo, todas sus riquezas tanto doctrinales como prácticas.

La presente Instrucción tiene un fin más preciso y limitado: atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista.

Esta llamada de atención de ninguna manera debe interpretarse como una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a « la opción preferencial por los pobres ». De ninguna manera podrá servir de pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y de la injusticia. Al contrario, obedece a la certeza de que las graves desviaciones ideológicas que señala conducen inevitablemente a traicionar la causa de los pobres. Hoy más que nunca, es necesario que la fe de numerosos cristianos sea iluminada y que éstos estén resueltos a vivir la vida cristiana integralmente, comprometiéndose en la lucha por la justicia, la libertad y la dignidad humana, por amor a sus hermanos desheredados, oprimidos o perseguidos. Más que nunca, la Iglesia se propone condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad, donde se registren y de donde provengan, y luchar, con sus propios medios, por la defensa y promoción de los derechos del hombre, especialmente en la persona de los pobres.

lunes, 26 de mayo de 2014

San Felipe Neri, profeta de la alegría que supo seguir a Jesús - San Juan Pablo II

JUAN PABLO II 
A LOS MIEMBROS DE LA 
 CONFEDERACION DEL ORATORIO 
CON OCASION DEL COMIENZO 
DE LAS CELEBRACIONES 
DEL CUARTO CENTENARIO 
DE LA MUERTE DE 
SAN FELIPE NERI
   
Reverendo padre:
Con ocasión del IV centenario del "dies natalis" de san Felipe Neri, florentino de nacimiento y romano de adopción, me complace dirigirme a usted y a todos los miembros de la Confederación del Oratorio, para recordar el ejemplo de santidad de su fundador y confirmar en cada uno la obra de la fe, los trabajos de la caridad, y la tenacidad de la esperanza (cf. 1 Ts 1, 3).
1. La amable figura del "santo de la alegría" conserva intacta la irresistible atracción que ejercía en cuantos se acercaban a él para aprender a conocer y experimentar las fuentes auténticas de la alegría cristiana.
En efecto, cuando recorremos la biografía de san Felipe nos sorprende y fascina el modo alegre y amable con el que sabía educar, acercándose fraternal y pacientemente a todos. Como es sabido, este santo solía recoger sus enseñanzas en breves y amenas máximas: "Estad quietos, si podéis", "escrúpulos y melancolía, fuera de mi casa", "sed humildes y no altaneros", "el hombre que no hace oración es un animal sin palabra"; y, llevándose la mano a la frente, "la santidad consiste en tres dedos de frente". En la ingeniosidad de esos y otros muchos "dichos", se puede apreciar el conocimiento agudo y realista que había ido adquiriendo de la naturaleza humana y de la dinámica de la gracia. En esas enseñanzas rápidas y concisas traducía la experiencia de su larga vida y la sabiduría de un corazón en el que moraba el Espíritu Santo. Para la espiritualidad cristiana, esos aforismos se han convertido ahora en una especie de patrimonio sapiencial.

domingo, 25 de mayo de 2014

Declaración conjunta del Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé I

ENCUENTRO PRIVADO CON
EL PATRIARCA ECUMÉNICO
DE CONSTANTINOPLA
Firma de una declaración conjunta
Delegación Apostólica en Jerusalén
Domingo 25 de mayo de 2014
 
1. Como nuestros venerables predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, que se encontraron aquí en Jerusalén hace cincuenta años, también nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, hemos querido reunirnos en Tierra Santa, “donde nuestro común Redentor, Cristo nuestro Señor, vivió, enseñó, murió, resucitó y ascendió a los cielos, desde donde envió el Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente” (Comunicado común del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, publicado tras su encuentro del 6 de enero de 1964). Nuestra reunión –un nuevo encuentro de los Obispos de las Iglesias de Roma y Constantinopla, fundadas a su vez por dos hermanos, los Apóstoles Pedro y Andrés– es fuente de profunda alegría espiritual para nosotros. Representa una ocasión providencial para reflexionar sobre la profundidad y la autenticidad de nuestros vínculos, fruto de un camino lleno de gracia por el que el Señor nos ha llevado desde aquel día bendito de hace cincuenta años.
2. Nuestro encuentro fraterno de hoy es un nuevo y necesario paso en el camino hacia aquella unidad a la que sólo el Espíritu Santo puede conducirnos, la de la comunión dentro de la legítima diversidad. Recordamos con profunda gratitud los pasos que el Señor nos ha permitido avanzar. El abrazo que se dieron el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras aquí en Jerusalén, después de muchos siglos de silencio, preparó el camino para un gesto de enorme importancia: remover de la memoria y de la mente de las Iglesias las sentencias de mutua excomunión de 1054. Este gesto dio paso a un intercambio de visitas entre las respectivas Sedes de Roma y Constantinopla, a una correspondencia continua y, más tarde, a la decisión tomada por el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Dimitrios, de feliz memoria, de iniciar un diálogo teológico sobre la verdad entre Católicos y Ortodoxos. A lo largo de estos años, Dios, fuente de toda paz y amor, nos ha enseñado a considerarnos miembros de la misma familia cristiana, bajo un solo Señor y Salvador, Jesucristo, y a amarnos mutuamente, de modo que podamos confesar nuestra fe en el mismo Evangelio de Cristo, tal como lo recibimos de los Apóstoles y fue expresado y transmitido hasta nosotros por los Concilios Ecuménicos y los Padres de la Iglesia. Aun siendo plenamente conscientes de no haber alcanzado la meta de la plena comunión, confirmamos hoy nuestro compromiso de avanzar juntos hacia aquella unidad por la que Cristo nuestro Señor oró al Padre para que “todos sean uno” (Jn 17,21).

Domingo VI de pascua (ciclo a) Guión Litúrgico

Entrada: En el día del Señor nos reunimos con alegría para celebrar nuestra pascua semanal,  confiados en las promesas de Jesús, el príncipe de la Paz. Nos ponemos de pie y cantamos…

sábado, 24 de mayo de 2014

Domingo VI de pascua (ciclo a) San Juan Pablo II

De la Encíclica Dominum et Vivificantem
1. Promesa y revelación de Jesús durante la Cena pascual
3. Cuando ya era inminente para Jesús el momento de dejar este mundo, anunció a los apóstoles « otro Paráclito ». El evangelista Juan, que estaba presente, escribe que Jesús, durante la Cena pascual anterior al día de su pasión y muerte, se dirigió a ellos con estas palabras: « Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo... y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad ».
Precisamente a este Espíritu de la verdad Jesús lo llama el Paráclito, y Parákletos quiere decir « consolador », y también « intercesor » o « abogado ». Y dice que es « otro » Paráclito, el segundo, porque él mismo, Jesús, es el primer Paráclito,  al ser el primero que trae y da la Buena Nueva. El Espíritu Santo viene después de él y gracias a él, para continuar en el mundo, por medio de la Iglesia, la obra de la Buena Nueva de salvación. De esta continuación de su obra por parte del Espíritu Santo Jesús habla más de una vez durante el mismo discurso de despedida, preparando a los apóstoles, reunidos en el Cenáculo, para su partida, es decir, su pasión y muerte en Cruz.
Las palabras, a las que aquí nos referimos, se encuentran en el Evangelio de Juan. Cada una de ellas añade algún contenido nuevo a aquel anuncio y a aquella promesa. Al mismo tiempo, están simultáneamente relacionadas entre sí no sólo por la perspectiva de los mismos acontecimientos, sino también por la perspectiva del misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que quizás en ningún otro pasaje de la Sagrada Escritura encuentran una expresión tan relevante como ésta.
4. Poco después del citado anuncio, añade Jesús: « Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo he dicho ». El Espíritu Santo será el Consolador de los apóstoles y de la Iglesia, siempre presente en medio de ellos—aunque invisible—como maestro de la misma Buena Nueva que Cristo anunció. Las palabras « enseñará » y « recordará » significan no sólo que el Espíritu, a su manera, seguirá inspirando la predicación del Evangelio de salvación, sino que también ayudará a comprender el justo significado del contenido del mensaje de Cristo, asegurando su continuidad e identidad de comprensión en medio de las condiciones y circunstancias mudables. El Espíritu Santo, pues, hará que en la Iglesia perdure siempre la misma verdad que los apóstoles oyeron de su Maestro.

Domingo VI de pascua (ciclo a) San Agustín

San Agustín
TRATADO 74
ACERCA DE LAS PALABRAS:
"SI ME AMÁIS, OBSERVAD MIS MANDATOS",
HASTA:
 "PERMANECERÁ CON VOSOTROS
Y ESTARÁ DENTRO DE VOSOTROS"

1. En la lectura del evangelio hemos oído estas palabras del Señor: Si me amáis, observad mis mandatos, y yo rogaré al Padre y os dará otro consolador para que esté con vosotros eternamente: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conoceréis, porque morará con vosotros y estará dentro de vosotros. Muchas son las cosas que hay que indagar en estas breves palabras del Señor; pero mucho es para nosotros buscar todas las cosas que hay que buscar en ellas o hallar todas las cosas que en ellas buscamos. No obstante, prestando atención a lo que nosotros debemos decir y vosotros debéis oír, según lo que el Señor se digna concedernos y de acuerdo con nuestra capacidad y la vuestra, recibid, carísimos, lo que nosotros os podemos decir, y pedidle a Él lo que nosotros no os podemos dar. Cristo prometió el Espíritu Santo a los apóstoles, pero debemos advertir de qué modo se lo ha prometido. Dice: Si me amáis, guardad mis mandatos, y yo rogaré al Padre y os dará otro consolador, que es el Espíritu de verdad, para que permanezca con vosotros eternamente. Este es, sin duda, el Espíritu Santo de la Trinidad, al que la fe católica confiesa coeterno y consustancial al Padre y al Hijo, y el mismo de quien dice el Apóstol: La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. ¿Por qué, pues, dice el Señor: Si me amáis, guardad mis mandatos, y yo rogaré al Padre y os dará otro consolador, cuando dice que, si no tenemos al Espíritu Santo, no podemos amar a Dios ni guardar sus mandamientos? ¿Cómo hemos de amar para recibirlo, si no podemos amar sin temerlo? ¿O cómo guardaremos los mandamientos para recibirlo, si no es posible observarlos sin tenerle con nosotros? ¿Acaso debe preceder en nosotros el amor que tenemos a Cristo, para que, amándole y observando sus preceptos, merezcamos recibir al Espíritu Santo a fin de que no ya la caridad de Cristo, que ha precedido, sino la caridad del Padre se derrame en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado? Perversa es esta sentencia. Quien cree amar al Hijo y no ama al Padre, no ama verdaderamente al Hijo, sino lo que él se ha imaginado. Porque nadie, dice el Apóstol, puede pronunciar el nombre de Jesús si no es por el Espíritu Santo. ¿Y quién dice Señor Jesús del modo que dio a entender el Apóstol sino aquel que le ama? Muchos lo pronuncian con la lengua y lo arrojan del corazón y de sus obras, conforme de ellos dijo el Apóstol: Confiesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan. Luego, si con los hechos se niega, sin duda también con los hechos se habla. Nadie, pues, puede pronunciar con provecho el nombre del Señor Jesús con la mente, con la palabra, con la obra, con el corazón, con la boca, con los hechos, sino por el Espíritu Santo; y de este modo solamente lo puede decir el que ama. Y ya de este modo decían los apóstoles: Señor Jesús. Y si lo pronunciaban sin fingimiento, confesándolo con su voz, con su corazón y con sus hechos; es decir, si con verdad lo pronunciaban, era ciertamente porque amaban. Y ¿cómo podían amar sino por el Espíritu Santo? Con todo, a ellos se les manda amarle y guardar sus mandatos para recibir al Espíritu Santo, sin cuya presencia en sus almas no pudieran amar y observar los mandamientos.

Domingo VI de pascua (ciclo a) Catena Aurea

Juan 14, 15-21
"Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador para que more siempre con vosotros: el Espíritu de la Verdad, a quien no puede recibir el mundo, porque ni lo ve ni lo conoce; mas vosotros lo conoceréis, porque morará con vosotros y estará en vosotros".
"No os dejaré huérfanos: vendré a vosotros. Todavía un poquito, y el mundo ya no me ve. Mas vosotros me veis, porque yo vivo y vosotros viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. Quien tiene mis mandamientos y los guarda, aquél es el que me ama. Y el que me ama será amado de mi Padre y yo le amaré, y me le manifestaré a mí mismo".

Crisóstomo In Ioannem hom., 74.
Habiendo dicho el Señor: "Todo lo que pidiereis esto haré" ( Jn 14,13), para que no creyesen que bastaría sencillamente hacer una petición cualquiera, añade: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". Como diciendo: Entonces haré lo que pedís. O bien porque ellos naturalmente se turbasen al oírle decir que iba a su Padre, dijo: "No es amarme el que os turbéis, sino el que hagáis mis mandamientos". Y esto es en verdad el amor: obedecer y creer al que se ama. Pero como era natural que ellos lo buscasen en su presencia corpórea, y deseasen ardientemente el consuelo que antes tuvieron, les dice: "Y yo rogaré al Padre y os dará otro consolador".

San Agustín In Ioannem tract., 74.
En tales palabras manifiesta que El era también el Consolador. La palabraParacletus 1 significa abogado, y así se dijo de Cristo: "Tenemos un abogado en Jesucristo para con el Padre" ( 1Jn 2,1).

Alcuino.
O bien, Paráclito quiere decir Consolador, porque efectivamente tenían ellos a la sazón en El un consolador que solía elevarlos y fortalecerlos con la dulzura de sus milagros y con su predicación.

Dídimo De Spiritu Santo.
Llamó al Espíritu Santo otro Consolador, no por la diversidad de esencia sino de operación, porque el Salvador desempeñaba el oficio de mediador y de enviado, para que a modo de Pontífice rogase por nosotros pecadores, y la denominación de Paráclito respecto del Espíritu Santo ya tiene otro sentido, y es el de consolador de los tristes. Mas no se vaya a deducir de esta diversidad de operaciones que la esencia del Hijo es distinta de la del Espíritu Santo, siendo así que en otro lugar el Espíritu Paráclito desempeña el papel de enviado delante del Padre. Así se lee: "El mismo Espíritu pide por nosotros" ( Rom 8,26). Y en cambio, el Salvador consuela los corazones de aquellos que necesitan de consolación, como se lee: "Y consoló a los humildes del pueblo" ( 1Mac 14,14).

viernes, 23 de mayo de 2014

Sobre una cierta liberación - Card. Joseph Ratzinger

SOBRE UNA CIERTA "LIBERACIÓN"
 
Una "Instrucción" esclarecedora - La necesidad de redención - Un texto de "teólogo particular" - Concepto y origen de la teología de la liberación - Estructura fundamental de la teología de la liberación - Conceptos fundamentales de la teología de la liberación - Entre marxismo y capitalismo
El diálogo imposible
 
Una "Instrucción" esclarecedora

      En los días de este coloquio con el cardenal Ratzinger en Bressanone todavía no se había publicado (sería presentada en septiembre) la Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, aunque ya estaba preparada con fecha del 6 de agosto.  Sin embargo, sí se había publicado —por una indiscreción periodística— el texto en el que Ratzinger explicaba su posición personal, como teólogo, sobre este tema; y se conocía ya anticipadamente la "convocatoria para dialogar" a uno de los representantes más conocidos de aquella teología.
El tema de la de la "teología de la liberación" había, pues, invadido las páginas de los diarios; y lo haría aún más después de a presentación de la Instrucción.  Pero lo que desconcierta, y ciertamente se puede demostrar, es que muchos comentarios —incluso los más ambiciosos y los publicados por los más prestigiosos periódicos y revistas— juzgaban el documento de la Congregación sin haberlo leído nada más que a través de síntesis incompletas, quizá hasta sospechosas de parcialidad.  Más aún: casi todos los comentarios se ocupaban solamente de las implicaciones políticas del documento, ignorando sus motivaciones religiosas.
Precisamente por esto, la Congregación para la Doctrina de la Fe decidió no hacer ningún tipo de comentario, remitiendo al texto mismo, que resultaba tan combatido como desconocido.  Leer la Instrucción: esto es todo lo que se nos ha rogado que pidamos al lector, sean cuales sean luego sus conclusiones.
Sin embargo, nos ha parecido de interés el proporcionar aquí el texto que —aunque publicado por aquella "indiscreción periodística"— se ha hecho ya de dominio público.  En él se refleja con fidelidad el pensamiento de Joseph Ratzinger (en cuanto teólogo, no en cuanto Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), y no resulta fácil encontrar al lector no especialista. Este texto puede servir también para comprender el pensamiento personal del cardenal sobre un tema tan espinoso y actual como éste.  Aquí más que nunca, para el Prefecto, «defender la ortodoxia significa verdaderamente defender a los pobres y evitarles las ilusiones y sufrimientos de quien no sabe dar una perspectiva realista de redención ni siquiera material».
Recordamos además lo que la Instrucción advierte desde su misma introducción: «La Congregación para la Doctrina de la Fe no se propone tratar aquí el vasto tema de la libertad cristiana y de la liberación.  Lo hará en un documento posterior que pondrá en evidencia, de modo positivo, todas sus riquezas tanto doctrinales como prácticas» 18 (Nota 18: Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunos aspectos de la «Teología de la liberación».  Prólogo). Así, pues, se trata de la primera parte de una exposición que ha de ser completada.

jueves, 22 de mayo de 2014

Santa Rita indica en todos los estadios de vida, cuál es el camino de la auténtica a la santidad - San Juan Pablo II

Urna que contiene el cuerpo incorrupto de Santa Rita
Carta al Arzobispo de Spoleto
con motivo del VI centenario
del nacimiento
de Santa Rita de Cascia

Al venerable hermano
Ottorino Pietro Alberti
arzobispo de Spoleto y obispo de Norcia


Con la reciente carta, relativa a las celebraciones todavía en curso para el VI Centenario del nacimiento de Santa Rita de Casia, Ella ha querido renovarme la amable invitación, ya manifestada en marzo del pasado año, para que con una visita especial, o con otra iniciativa, participe en persona en el unánime coro de elogios que se escucha en el mundo cristiano en honor de Colei, que mi antecesor León XIII llamó "la perla preciosa de Umbria".


Tal petición, que se ha compartido no solo con los hijos de las diócesis a Usted confiada, sino con la innumerable lista de los devotos de la Santa, encuentra en mí junto al vivo deseo de no dejar pasar el presente "Año Ritiano" sin que yo recuerde y exalte su mística y su personalidad. Por eso, uniéndome espiritualmente a los peregrinos, que también de tierras lejanas llegan en gran muchedumbre a Casia, estoy contento de poner una flor de piedad y de veneración sobre su tumba, en recuerdo de los insignes ejemplos de su alta virtud.


Estoy también agradecido a la Providencia divina por algunos singulares enlaces, que unen el presente Centenario a otros aniversarios altamente sugestivos para quien sabe leer en la justa la perspectiva las vicisitudes de la historia humana. No olvido, en efecto, la visita que hice a Norcia para rendir homenaje, a quince siglos de su nacimiento, al gran patriarca del monasticismo occidental, San Benito. Ni puedo omitir la reciente apertura del Centenario de San Francisco de Asís. Son dos figuras, éstas, al lado de las cuales la humilde mujer de Roccaporena se coloca como una hermana menor, como si a componer un "tríptico ideal" de radiante santidad, que atestigua y conjuntamente solicita profundizar, en el sentido de la coherencia, sobre el ininterrumpido filón de gracia que surca la tierra fecunda de la Umbría cristiana.


Pero no puedo omitir una otra feliz coincidencia, reconocible en el hecho que Rita nace un año después la muerte de Catalina de Siena, como para marcar una continuidad de maravilloso y espiritual significado.


Es conocido por todos cómo el itinerario terreno de la Santa de Casia se articula en diversos estadios de vida, cronológicamente sucesivos y -lo que más cuenta- dispuestos en un orden ascendente, que marca las diversas fases de desarrollo de su vida de unión con Dios. ¿Por qué Rita es santa? No tanto por la fama de los prodigios que la devoción popular atribuye a la eficacia de su intercesión cerca de Dios omnipotente, como por la estupefacta "normalidad" de la existencia diaria, que ella vivió primero como esposa y madre, luego como viuda y finalmente como monja agustiniana.


Era una desconocida joven de esa tierra que, en el calor del ambiente familiar, había aprendido la costumbre de la tierna piedad hacia el Creador en la visión, que es ya una lección, del sugestivo escenario de la cadena de los Apeninos. ¿Dónde estuvo entonces la razón de su santidad? ¿y dónde lo heroico de su virtud? Vida tranquila era la suya, sin el relieve de acontecimientos exteriores cuando, contra sus propias preferencias, abrazó el estado matrimonial. Así se hizo esposa, revelándose inmediatamente como verdadero ángel del hogar y desarrollando una acción decisiva al transformar las costumbres de su consorte. Fue también madre, alegrándose del nacimiento de dos hijos, por los cuales, después del asesinato de su marido, tanto tembló y sufrió, en el temor de que en sus almas surgiera la sombra de un deseo de venganza contra los asesinos de su padre. Por su parte, habían sido generosamente perdonados, determinando también la pacificación de las familias.

Oraciones y Novena a Santa Rita de Casia

Oracion:
Santa de lo Imposible. Oh Santa Patrona de los necesitados, Santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible; Santa Rita, tan humilde, tan pura, tan mortificada, tan paciente y de tan compasionado amor por Jesús Crucificado que podrías obtener de El cualquier cosa que le pidas. A cuenta de esto recurrimos confiados a ti, esperando, si no siempre alivio, al menos consuelo. Se favorable a nuestra petición, mostrando el poder de Dios a nombre de este/a suplicante, se generosa con nosotros, como lo has sido en tantos casos maravillosos, para la más grande gloria de Dios, por la divulgación de tu propia devoción, y por el consuelo de aquellos que confían en ti. Prometemos, si nuestra petición es concedida, glorificar tu nombre, informando del favor concedido, para bendecir y cantar tus alabanzas por siempre. Confiando entonces en los meritos y poder ante el Sagrado Corazón de Jesús, te rogamos:

 

(Mencione ahora su petición)                

Obten para nosotros nuestra petición
Por los singulares méritos de tu infancia,
Por la perfecta unión con la Divina Voluntad,
Por los heroicos sufrimientos durante tu vida de casada,
Por el consuelo que experimentaste con la conversión de tu esposo,
Por el sacrificio de tus niños antes de verlos ofender gravemente a Dios,
Por tu milagrosa entrada al Convento,
Por las austeras penitencias y las sangrientas ofrendas tres veces al día.
Por el sufrimiento causado por la herida que recibiste con la espina del Salvador Crucificado;
Por el amor divino que consumió tu corazón,
Por la notable devoción al Sagrado Sacramento, con el cual exististe por cuatro años, Por la felicidad con la cual partiste de tus pruebas para reunirte con el Divino Esposo,
Por el ejemplo perfecto que diste a la gente de cada estado de vida.

Santa Rita de Casia - Dibujos animados


miércoles, 21 de mayo de 2014

Máximas de San Juan Bosco sobre la Virgen María

·                    La devoción y el amor a María Santísima es una gran protección y un arma poderosa contra las asechanzas del demonio.
·                    Aun cuando María os obtuviera muchas gracias, de nada os servirían, si no os consiguiera la de no caer en pecado mortal.
·                    Estad seguros de que cuanto más puras sean vuestras miradas y palabras, tanto más agradaréis a la Virgen María y mayores gracias os obtendrá Ella de su divino Hijo y Redentor nuestro.
·                    Si queréis, amados jovencitos, ser los verdaderos amigos de Jesús y María, debéis no tan sólo huir de los escandalosos, sino esforzaros con el buen ejemplo a reparar el gran mal que éstos hacen a las almas.
·                    Si María favorece tanto a este miserable cuerpo, ¿cuántos favores no concederá a las almas que la invocan?

Pío XII a la Iglesia Perseguida

«DUM MAERENTI ANIMO»

A LA IGLESIA PERSEGUIDA

Constitución Apostólica
del Papa Pío XII
promulgada el 29 de Junio de 1956

 

Mientras con ánimo afligido consideramos las gravísimas condiciones en que sufre la Iglesia, en no pocas regiones del mundo, a causa del materialismo ateo allí imperante, Nos viene a la mente la situación en que hace cinco siglos se encontraban los pueblos de Europa central, y que fue causa de que Nuestro Predecesor, de i. m., Calixto III, publicase una Carta apostólica, del 29 de junio de 1456, Cum his superioribus annis.

Las gentes que habitaban las fértiles regiones regadas por el Danubio, y las otras circunvecinas, si no habían sido ya abatidas por la catástrofe, corrían serio peligro, no sólo en sus personas y sus bienes, sino aun en la misma fe de sus mayores. Esto ocurría principalmente en Hungría y en las tierras que hoy constituyen las naciones de Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Yugoslavia y Rumania. Pero la gravedad del momento la sentían también los que habitaban en países menos cercanos, sobre todo los pueblos de Alemania y de Polonia.

El Pontífice Calixto III, comprendiendo bien el peligro, juzgó deber suyo exhortar paternalmente a los Pastores y fieles del orbe católico a expiar las propias culpas con obras de penitencia, reformar las costumbres conforme a los principios de la moral cristiana, a implorar con súplicas fervientes el socorro eficaz de Dios. Trabajó, además, sin tregua y por todos los medios posibles por alejar de los fieles el peligro; y, finalmente, atribuyó al auxilio divino la victoria de aquellos valientes que, animados por las exhortaciones de San Juan de Capistrano y guiados por el valiente jefe Juan Hunyady, defendieron bravamente la ciudadela de Belgrado. Para que de este acontecimiento quedase memoria en la liturgia y para que todos los cristianos diesen a Dios las debidas gracias, instituyó la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, que había de celebrarse en todo el mundo el día 6 de agosto[1].

2. También hoy, por desgracia, vosotros, que habitáis en dichas regiones, os veis tristemente afligidos y atormentados juntamente con muchos católicos, tanto de rito latino como de rito oriental, que moran en los países que se extienden a Oriente y Septentrión, hasta las costas del mar Báltico. Ya han pasado más de diez años, como lo sabéis por propia experiencia, desde que la Iglesia de Jesucristo fue privada de sus derechos, aunque no en todas partes en el mismo grado. Como consecuencia de esta situación, las piadosas asociaciones y confraternidades religiosas han sido disueltas y dispersadas; se ponen obstáculos a los Pastores en el ejercicio de su ministerio, cuando no se les deporta, destierra o encarcela; hasta se ha pretendido, directa y temerariamente, suprimir las diócesis católicas de rito oriental, e incitar con todos los medios al clero y fieles al cisma. Sabemos también que no pocos se ven sometidos a toda clase de vejámenes por haber confesado franca, sincera y animosamente su fe y por haberla defendido valerosamente. Pero lo que verdaderamente Nos llena de dolor es el saber cómo envenenan las mentes de los niños y de los jóvenes con falsas y perversas doctrinas, a fin de alejarles de Dios y de sus santos mandamientos, con sumo daño para su vida presente y peligro para la futura.

martes, 20 de mayo de 2014

Hermanos pero separados - Card. Joseph Ratzinger

HERMANOS PERO SEPARADOS
 
¿Un cristianismo más "moderno"? - Hay quien dice... - Un largo camino - «Pero la Biblia es católica» - Iglesias en la tempestad


¿Un cristianismo más "moderno"?


          Pasamos ahora al tema del ecumenismo, a las relaciones entre las diversas confesiones cristianas.  Como ciudadano de un país multiconfesional como Alemania, Joseph Ratzinger escribió importantes contribuciones sobre este tema.  Ahora, en su nueva misión, no tiene menos presente el problema ecuménico.

Dice: «El empeño ecuménico, en este período de la historia de la Iglesia, es parte integrante del desarrollo de la fe».  Y de nuevo, en este tema —y tanto más cuanto más importantes son los asuntos—, se advierte en él una necesidad de precisión.  Ya en otra ocasión observaba: «Cuando se corre por un camino equivocado, se aleja uno de la meta».  En cuanto está de su parte, vigila, ejerce su "función crítica", convencido de que, al igual que en cualquier otro asunto, «también en el ecumenismo los equívocos, las impaciencias, la superficialidad, nos alejan de la meta en vez de acercarnos a ella».  Se muestra convencido de que «las definiciones claras de la propia fe sirven a todos, incluso al interlocutor», y de que «el diálogo puede profundizar y purificar la fe católica, pero no puede cambiarla».

Empiezo con una "provocación": Eminencia, hay quien dice que se está dando un proceso de "protestantización" del catolicismo.

La respuesta, como siempre, apunta al núcleo de la cuestión sin agazaparse en distinciones evasivas: «Depende de cómo se defina el "protestantismo". Quien hable hoy de la "protestantización" de la Iglesia católica, se referirá sin duda, en términos generales, a un cambio de eclesiología, a una concepción diferente de las relaciones entre la Iglesia y el Evangelio. Existe, de hecho, el peligro de semejante cambio: no es un mero espantapájaros montado por algunos círculos integristas».

Pero, ¿por qué precisamente el protestantismo —cuya crisis no es ciertamente menor que la del catolicismo— debería atraer hoy a teólogos y laicos que hasta el Concilio permanecían fieles a la Iglesia de Roma?

«Desde luego, no es fácil explicarlo.  Me viene a las mientes la siguiente consideración.  El protestantismo surgió en los comienzos de la Edad Moderna y, por lo mismo, está más ligado que el catolicismo a las fuerzas profundas que produjeron la era moderna.  Su configuración actual se debe en gran medida al contacto con las grandes corrientes filosóficas del siglo XIX.  Su suerte y su peligro están en su apertura a la mentalidad contemporánea. No es extraño que teólogos católicos, que no saben qué hacer con la teología tradicional, lleguen a opinar que hay en el protestantismo caminos adecuados y abiertos de antemano para una fusión de fe y modernidad».

¿Qué principios entrarían en juego en esa opinión?

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