domingo, 29 de junio de 2014

San Pedro y San Pablo mártires en Roma - Benedicto XVI

MISA EN LA SOLEMNIDAD
DE LOS APÓSTOLES
SAN PEDRO Y SAN PABLO
HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
Basílica de San Pedro
Domingo 29 de junio de 2008
 
Santidad y delegados fraternos;
señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:
Desde los tiempos más antiguos, la Iglesia de Roma celebra la solemnidad de los grandes apóstoles san Pedro y san Pablo como una única fiesta en el mismo día, el 29 de junio. Con su martirio se convirtieron en hermanos; juntos son los fundadores de la nueva Roma cristiana. Como tales los celebra el himno de las segundas Vísperas, que se remonta a san Paulino de Aquileya (+806): "O Roma felix. Dichosa tú, Roma, purpurada por la sangre preciosa de tan grandes Apóstoles, que aventajas a cuanto hay de bello en el mundo, no tanto por tu fama, cuanto por los méritos de los santos, que martirizaste con espada sanguinaria".
La sangre de los mártires no clama venganza, sino que reconcilia. No se presenta como acusación, sino como "luz áurea", según las palabras del himno de las primeras Vísperas: se presenta como fuerza del amor que supera el odio y la violencia, fundando así una nueva ciudad, una nueva comunidad. Por su martirio, san Pedro y san Pablo ahora forman parte de Roma: en virtud de su martirio también san Pedro se convirtió para siempre en ciudadano romano. Mediante el martirio, mediante su fe y su amor, los dos Apóstoles indican dónde está la verdadera esperanza, y son fundadores de un nuevo tipo de ciudad, que debe formarse continuamente en medio de la antigua ciudad humana, que sigue amenazada por las fuerzas contrarias del pecado y del egoísmo de los hombres.
En virtud de su martirio, san Pedro y san Pablo están unidos para siempre con una relación recíproca. Una imagen preferida de la iconografía cristiana es el abrazo de los dos Apóstoles en camino hacia el martirio. Podemos decir que su mismo martirio, en lo más profundo, es la realización de un abrazo fraterno. Mueren por el único Cristo y, en el testimonio por el que dan la vida, son uno.
En los escritos del Nuevo Testamento podemos seguir, por decirlo así, el desarrollo de su abrazo, de este formar unidad en el testimonio y en la misión. Todo comienza cuando san Pablo, tres años después de su conversión, va a Jerusalén "para conocer a Cefas" (Ga 1, 18). Catorce años después, sube de nuevo a Jerusalén para exponer "a las personas más notables" el Evangelio que proclama, para saber "si corría o había corrido en vano" (Ga 2, 2). Al final de este encuentro, Santiago, Cefas y Juan le tienden la mano, confirmando así la comunión que los une en el único Evangelio de Jesucristo (cf. Ga 2, 9). Un hermoso signo de este abrazo interior que se profundiza, que se desarrolla a pesar de la diferencia de temperamentos y tareas, es el hecho de que los colaboradores mencionados al final de la primera carta de san Pedro -Silvano y Marcos-, también son íntimos colaboradores de san Pablo. Al tener los mismos colaboradores, se manifiesta de modo muy concreto la comunión de la única Iglesia, el abrazo de los grandes Apóstoles.
San Pedro y san Pablo se encontraron al menos dos veces en Jerusalén; al final, el camino de ambos desembocó en Roma. ¿Por qué? ¿Sucedió sólo por casualidad? ¿Ese hecho contiene un mensaje duradero? San Pablo llegó a Roma como prisionero, pero, al mismo tiempo, como ciudadano romano que, tras su detención en Jerusalén, precisamente en cuanto tal había recurrido al emperador, a cuyo tribunal fue llevado. Pero en un sentido aún más profundo, san Pablo vino voluntariamente a Roma.

sábado, 28 de junio de 2014

San Pedro y San Pablo (2002) San Juan Pablo II

SOLEMNIDAD DE
SAN PEDRO Y SAN PABLO
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II

 Sábado 29 de junio de 2000
 
1. "Envuélvete en tu manto y sígueme" (Hch 12, 8).
Así el ángel se dirige a Pedro, detenido en la cárcel de Jerusalén. Y Pedro, según la narración del texto sagrado, "salió en pos de él" (Hch 12, 9).
Con esta intervención extraordinaria, Dios ayudó a su apóstol para que pudiera proseguir su misión. Misión no fácil, que implicaba un itinerario complejo y arduo. Misión que se concluirá con el martirio precisamente aquí, en Roma, donde aún hoy la tumba de Pedro es meta de incesantes peregrinaciones de todas las partes del mundo.
2. "Saulo,  Saulo, ¿por  qué  me  persigues? (...). Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer" (Hch 9, 4-6).
Pablo fue conquistado por la gracia divina en el camino de Damasco y de perseguidor de los cristianos se convirtió en Apóstol de los gentiles. Después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.
También a Pablo se le reservaba como meta lejana Roma, capital del Imperio, donde, juntamente con Pedro, predicaría a Cristo, único Señor y Salvador del mundo. Por la fe, también él derramaría un día su sangre precisamente aquí, uniendo para siempre su nombre al de Pedro en la historia de la Roma cristiana.

viernes, 27 de junio de 2014

En el 50° aniversario de la Haurietis Aquas (sobre el culto al Sagrado Corazón) Benedicto XVI

CARTA DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
AL PREPÓSITO GENERAL
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
CON MOTIVO DEL

50° ANIVERSARIO
DE LA ENCÍCLICA

HAURIETIS AQUAS

 

Al reverendísimo padre
PETER-HANS KOLVENBACH
Prepósito general
de la Compañía de Jesús

Las palabras del profeta Isaías, "sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación" (Is 12, 3), con las que comienza la encíclica con la que Pío XII recordaba el primer centenario de la extensión a toda la Iglesia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, no han perdido nada de su significado hoy, cincuenta años después. La encíclica Haurietis aquas, al promover el culto al Corazón de Jesús, exhortaba a los creyentes a abrirse al misterio de Dios y de su amor, dejándose transformar por él. Cincuenta años después, sigue siendo siempre actual la tarea de los cristianos de continuar profundizando en su relación con el Corazón de Jesús para reavivar en sí mismos la fe en el amor salvífico de Dios, acogiéndolo cada vez mejor en su vida.

El costado traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la encíclica Haurietis aquas:  debemos recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. Así podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en él, hasta vivir completamente de la experiencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás.

En efecto, como escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II, "junto al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así -y esta es la verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador- sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá construir la civilización del  Corazón de Cristo" (Carta de Juan Pablo II al prepósito general de la Compañía de Jesús, 5 de octubre de 1986:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de octubre de 1986, p. 4).

jueves, 26 de junio de 2014

San Josemaría Escrivá de Balaguer fue un maestro en la práctica de la oración - San Juan Pablo II

MISA DE CANONIZACIÓN
DEL BEATO

JOSEMARÍA ESCRIVÁ
DE BALAGUER

HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
SAN JUAN PABLO II
Domingo 6 de octubre de 2002

 

1. "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios" (Rm 8, 14). Estas palabras del apóstol san Pablo, que acaban de resonar en nuestra asamblea, nos ayudan a comprender mejor el significativo mensaje de la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, que celebramos hoy. Él se dejó guiar dócilmente por el Espíritu, convencido de que sólo así se puede cumplir plenamente la voluntad de Dios.

Esta verdad cristiana fundamental era un tema recurrente de su predicación. En efecto, no dejaba de invitar a sus hijos espirituales a invocar al Espíritu Santo para hacer que la vida interior, es decir, la vida de relación con Dios y la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas, no estuvieran separadas, sino que constituyeran una sola existencia "santa y llena de Dios". "A ese Dios invisible -escribió- lo encontramos en las cosas más visibles y materiales" (Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer, n. 114).

También hoy esta enseñanza suya es actual y urgente. El creyente, en virtud del bautismo, que lo incorpora a Cristo, está llamado a entablar con el Señor una relación ininterrumpida y vital. Está llamado a ser santo y a colaborar en la salvación de la humanidad.

2. "Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase" (Gn 2, 15). El libro del Génesis, como hemos escuchado en la primera lectura, nos recuerda que el Creador ha confiado la tierra al hombre, para que la "labrase" y "cuidase". Los creyentes, actuando en las diversas realidades de este mundo, contribuyen a realizar este proyecto divino universal. El trabajo y cualquier otra actividad, llevada a cabo con la ayuda de la gracia, se convierten en medios de santificación cotidiana.

"La vida habitual de un cristiano que tiene fe -solía afirmar Josemaría Escrivá-, cuando trabaja o descansa, cuando reza o cuando duerme, en todo momento, es una vida en la que Dios siempre está presente" (Meditaciones, 3 de marzo de 1954). Esta visión sobrenatural de la existencia abre un horizonte extraordinariamente rico de perspectivas salvíficas, porque, también en el contexto sólo aparentemente monótono del normal acontecer terreno, Dios se hace cercano a nosotros y nosotros podemos cooperar a su plan de salvación. Por tanto, se comprende más fácilmente lo que afirma el concilio Vaticano II, esto es, que "el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la construcción del mundo (...), sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber" (Gaudium et spes, 34).

miércoles, 25 de junio de 2014

Aunque todos yo no (7) Beato Manuel González Gracía

El SÍNTOMA MÁS TRISTE

 

   Pero con haberme interesado e impresionado tanto la observación de esos dos síntomas y, me atreveré a decir, motivos de decadencia de la vida cristiana y piadosa de la parroquia, la impresión dominante y más desconsoladora, la observación que podía llamar obsesionante fue la del mal sobre todo mal, y causa de todos los males:

 

 

   El abandono del Sagrario

 

   La semilla sembrada en aquel pueblecito de mis primeras desilusiones apostólicas, calentada en los invernaderos de las Hermanitas de los Pobres, iba despuntando y dando al aire su tallo...

   ¡El abandono del Sagrario!   ¡Dios mío, cómo te agradezco que entre todas las impresiones de mi vida de sacerdote y de párroco, la dominante, la casi exclusiva, hayas querido que sea la producida por el abandono del Sagrario! ¡Cómo tengo que agradecerte, Corazón de mi Jesús, el que me hayas llamado a ver, a sentir y predicar el Sagrario abandonado! Gracia tuya ha sido, Señor, y muy larga, la de haberme como clavado mis ojos y mi boca y mi mano y mi pluma y mi alma, en ese abandono, para llorar el cual no hay lágrimas bastantes en el mundo.

   Para hablar de ese abandono y dar a conocer su remedio, se ha escrito este libro.

 

 

HABLEMOS DEL ABANDONO DEL SAGRARIO

 

   Y ante todo, pregunto o supongo que me preguntan: ¿existe ese abandono en las proporciones que usted denuncia?

   Y empiezo por esta pregunta porque no han faltado quienes con más buenos o malos modos, me han llamado embustero o exagerado.

   ¿Hay que preocuparse del abandono del Sagrario como de un gran problema?

   Seguid leyendo y mediréis conmigo la magnitud de ese problema, conociendo la extensión y trascendencia del mal que lo plantea.

martes, 24 de junio de 2014

La mujer embarazada ya es madre - Mons. José Ignacio Munilla

¡Ya es madre!

Artículo de Mons. José Ignacio Munilla

En defensa del niño por nacer

El título elegido por Julia Hernández, Adjunta al Ararteko (Defensor del Pueblo en el País Vasco), para su artículo “Quiero ser madre, o no” (21.06.14), no deja lugar a dudas sobre la tesis central de su alegato pro abortista: ¡La maternidad es una elección subjetiva! Según la Adjunta al Ararteko, no es de recibo una regulación que pretenda proteger la vida del ‘nasciturus’, porque obligaría a la mujer a convertirse en madre contra su propia voluntad.

Pero, ¿es posible que se le escape a alguien la falacia que se esconde tras la tesis de que “a nadie se le puede obligar a ser madre”?... Obviamente, en el caso que nos ocupa, la mujer embarazada ya es madre. Ahora, de lo que se trata, es de si cabe invocar un supuesto derecho a acabar con la vida de su hijo. Dice el refrán que “la realidad es muy tozuda”, hasta el punto de que es imposible realizar un correcto discernimiento, sin partir de ella: ¡El niño ya está ahí! ¡La mujer ya es madre!… El aborto libre no permite elegir entre ser o no ser madre, sino entre ser madre de un hijo vivo o de un hijo muerto. Y la única forma de ocultar esta realidad, es seguir la estrategia del avestruz, escondiendo la cabeza debajo de la tierra.

Por lo demás, supongo que nadie se atreverá a defender abiertamente la tesis de que la maternidad comienza en el parto, porque, entre otras cosas, tendría que vérselas con su propia madre… ¿Quién de nosotros no le ha escuchado a su madre el relato sobre cómo transcurrió “su” embarazo, con frecuencia, lleno de detalles emocionantes?

El problema de fondo, a mi modo de ver, estriba en que nuestra cultura ha endiosado el deseo subjetivo del individuo, hasta el punto de convertirlo en ideología. Nuestra relación con la realidad, en no pocos casos, es semejante a la manipulación del barro o de la plastilina. La realidad no es aceptada, sino que es subordinada al propio deseo: La vida en el seno materno no es considerada como vida humana hasta que no forme parte de nuestras aspiraciones. ¡Es el colmo del relativismo! Y es que, el olvido de nuestra vocación social y comunitaria, orientada a la búsqueda del bien común, ha hecho que la “ideología del deseo” se convierta en el dogma supremo del postmodernismo. ¡El propio deseo es dios, por encima de toda racionalidad! Para explicar el origen de esta gran distorsión de la realidad, decía Gilles Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés: “Con Nietzsche ha entrado en Occidente una mentalidad que desprecia la abnegación y estimula sistemáticamente los deseos inmediatos”.

domingo, 22 de junio de 2014

Corpus Christi (ciclo a) Guión litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: Hoy celebramos la fiesta de Corpus, la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. En esta Solemnidad, cobra todo su relieve el mandato del Señor “Hagan esto en conmemoración mía”. Hoy celebramos a Jesucristo siempre presente en la Eucaristía con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Nos ponemos de pie y cantamos...

sábado, 21 de junio de 2014

Corpus Christi (ciclo a) Benedicto XVI

HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

 

SANTA MISA Y PROCESIÓN EUCARÍSTICA
EN LA SOLEMNIDAD DEL

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Atrio de la Basílica de San Juan de Letrán
Jueves 22 de mayo de 2008

 

Queridos hermanos y hermanas: 

Después del tiempo fuerte del año litúrgico, que, centrándose en la Pascua se prolonga durante tres meses —primero los cuarenta días de la Cuaresma y luego los cincuenta días del Tiempo pascual—, la liturgia nos hace celebrar tres fiestas que tienen un carácter "sintético":  la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y, por último, el Sagrado Corazón de Jesús.

¿Cuál es el significado específico de la solemnidad de hoy, del Cuerpo y la Sangre de Cristo? Nos lo manifiesta la celebración misma que estamos realizando, con el desarrollo de sus gestos fundamentales:  ante todo, nos hemos reunido alrededor del altar del Señor para estar juntos en su presencia; luego, tendrá lugar la procesión, es decir, caminar con el Señor; y, por último, arrodillarse ante el Señor, la adoración, que comienza ya en la misa y acompaña toda la procesión, pero que culmina en el momento final de la bendición eucarística, cuando todos nos postremos ante Aquel que se inclinó hasta nosotros y dio la vida por nosotros. Reflexionemos brevemente sobre estas tres actitudes para que sean realmente expresión de nuestra fe y de nuestra vida.

Así pues, el primer acto es el de reunirse en la presencia del Señor. Es lo que antiguamente se llamaba "statio". Imaginemos por un momento que en toda Roma sólo existiera este altar, y que se invitara a todos los cristianos de la ciudad a reunirse aquí para celebrar al Salvador, muerto y resucitado. Esto nos permite hacernos una idea de los orígenes de la celebración eucarística, en Roma y en otras muchas ciudades a las que llegaba el mensaje evangélico:  en cada Iglesia particular había un solo obispo y en torno a él, en torno a la Eucaristía celebrada por él, se constituía la comunidad, única, pues era uno solo el Cáliz bendecido y era uno solo el Pan partido, como hemos escuchado en las palabras del apóstol san Pablo en la segunda lectura (cf. 1 Co 10, 16-17).

Viene a la mente otra famosa expresión de san Pablo:  "Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3, 28). "Todos vosotros sois uno". En estas palabras se percibe la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta precisamente alrededor de la Eucaristía:  aquí se reúnen, en la presencia del Señor, personas de edad, sexo, condición  social e ideas políticas diferentes.

La Eucaristía no puede ser nunca un hecho privado, reservado a personas escogidas según afinidades o amistad. La Eucaristía es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo. Nosotros, esta tarde, no hemos elegido con quién queríamos reunirnos; hemos venido y nos encontramos unos junto a otros, unidos por la fe y llamados a convertirnos en un único cuerpo, compartiendo el único Pan que es Cristo. Estamos unidos más allá de nuestras diferencias de nacionalidad, de profesión, de clase social, de ideas políticas:  nos abrimos los unos a los otros para convertirnos en una sola cosa a partir de él. Esta ha sido, desde los inicios, la característica del cristianismo, realizada visiblemente alrededor de la Eucaristía, y es necesario velar siempre para que las tentaciones del particularismo, aunque sea de buena fe, no vayan de hecho en sentido opuesto. Por tanto, el Corpus Christi ante todo nos recuerda que ser cristianos  quiere decir reunirse desde todas  las  partes para estar en la presencia del  único Señor y ser uno en él y con él.

La Eucaristía - San Alberto Hurtado

La Eucaristía
 

¿Cuál es, hermano, la aspiración suprema del hombre, no digo de cual o tal persona determinada, sino del género humano como tal? La posesión del bien; de todos los bienes; del Sumo Bien. El hombre desde sus comienzos ha aspirado a ser Dios. Esta búsqueda de la divinidad ha movido sus actividades como la luna las mareas. Si alguna filosofía no tiene esta preocupación religiosa, como el existencialismo sartriano y antes el epicureísmo y el estoicismo, su visión de la vida será necesariamente triste y vacía. Esta ansia de divinidad en el hombre no nace de una pura especulación intelectual, sino que es un recuerdo inconsciente de la historia de la humanidad. Dios hizo divino al hombre. Esta vida divina estaba en él como en germen, como en una semilla que debía florecer. El primer hombre era feliz: tenía paz, paz consigo mismo, paz con la naturaleza. Una tentación podía asaltarlo, y de hecho lo asaltó y lo venció: quiso ser Dios, no por gracia de lo alto, sino por sus propias fuerzas. Quiso independizarse de la voluntad divina. Ser autónomo como Dios. El hombre se retiró de Dios para ser Dios por sus propios medios, y la vida divina que se escondía en él desapareció de su alma, y el hombre se encontró hombre y nada más que hombre.

Durante muchos siglos la humanidad ha tratado de reconquistar la divinidad perdida. Lo ha intentado por la violencia pretendiendo dominar al mundo y reducirlo a la esclavitud. Mujeres, jóvenes y niños han sido sus víctimas, pero al fin no podía menos de decir: ¡mañana moriremos ! Otros pretendieron divinizarse por la sabiduría: estudiaron y discutieron, y al fin desesperados, llegaron a dudar de la existencia de todo saber: tal es el escepticismo antiguo, el pragmatismo y el relativismo de nuestros días.

Almas más nobles comprendieron que si el hombre no podía solo llegar hasta Dios; quizá Dios querría bajar hasta él. Para conseguirlo, le ofrecieron sus mejores dones para recordar a Dios que comprendían sus debilidades, sus faltas, sus pecados. Segregaron hombres que sirvieran de intermediarios entre ellos y Dios: los llamaron sacerdotes. Su misión era el sacrificio. Esta tentativa tampoco tuvo resultado, pues el sacerdote era un hombre como los demás y no podía unirlos con Dios. El altar del sacrificio no era Dios, sino un puro símbolo. La víctima ofrecida jamás fue precio digno para redimir al hombre de la ofensa hecha al propio Dios. Las religiones todas, antes de la venida de Jesús, fueron una hermosa aspiración de unir al hombre con Dios, pero nada más. Esa unión no se lograba. La raza humana necesitaba un Salvador y los hombres cumbres de los antiguos pueblos griegos y romanos, vislumbraban esa verdad que había sido confiada al pueblo hebreo y que sus profetas recordaban con insistencia.

Corpus Christi (ciclo a) Catena Aurea

Juan 6,51-58

Yo soy el pan vivo, que descendí del cielo. Si alguno comiere de este pan, vivirá eternamente. Y el pan que yo os daré es mi carne por la vida del mundo".

Comenzaron entonces los judíos a altercar unos con otros, y decían: "¿Cómo nos puede dar éste su carne a comer?" Y Jesús les dijo: "En verdad, en verdad os digo: Que si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el último día".

"Porque mi carne verdaderamente es comida: y mi sangre verdaderamente es bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente".

  

San Agustín, ut supra

¿Pero nosotros, no comeremos del pan que baja del cielo? Aquellos murieron, como nosotros también hemos de morir en cuanto a la muerte de este cuerpo, visible y material. Pero en cuanto a la muerte del espíritu, de la que murieron los padres de éstos, Moisés comió el maná y muchos otros que agradaron a Dios y no murieron porque aquella comida visible fue entendida por ellos en sentido espiritual. Tuvieron de ella hambre espiritual, la gustaron en espíritu y espiritualmente quedaron saciados. Y nosotros hoy también recibimos un alimento visible, pero una cosa es el sacramento y otra la virtud del sacramento. ¿Cuántos hay que reciben este pan del altar, y mueren a pesar de ello? Por esto dice el Apóstol ( 1Cor 11,29): "Que come y bebe su propia condenación". Por tanto, comed el pan del cielo en espíritu y llevad vuestra inocencia ante el altar. Los pecados, ya que son diarios, que no sean mortales. Antes que os aproximéis al altar, ved lo que hacéis, ved lo que decís: perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores ( Mt 6,12). Si perdonas, te serán perdonadas. Aproxímate tranquilo, es pan, no veneno. Y si alguno comiese de este pan, no morirá, pero respecto de la virtud del sacramento y no en cuanto se refiere al sacramento visible; esto es, el que lo come interiormente y no exteriormente.

 

Alcuino

Y por eso no muere el que come este pan, porque "Yo soy el pan vivo que bajé del cielo".

 

Teofilacto

Con este fin se encarnó; y no fue primero sólo hombre y después tomó la divinidad, como dice Nestorio, mintiendo.

 

San Agustín, ut supra

También el maná bajó del cielo, pero el maná era sombra y este pan es la realidad.

 

Alcuino

Mi vida es la que vivifica. Por esto sigue: "Si alguno comiere de este pan, vivirá", no sólo en la vida presente por medio de la fe y de la santidad, sino "vivirá eternamente. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo".

viernes, 20 de junio de 2014

Lauda Sion Salvatórem. Secuencia del Corpus Christi. Santo Tomás de Aquino. Cantada - Letra y traducción



En latín
Lauda, Sion, Salvatórem; Lauda ducem et pastórem, In hymnis et cánticis.

Quantum potes, tantum aude: Quia major omni laude, Nec laudáre súfficis.

Laudis tehma sepeciális, Panis vivus et vitális Hódie propónitur;

Quem in sacrae mensa coenae, Turbae fratrum duodénae Datum non ambígitur.

Sit laus plena, sit sonóra, Sit jucúnda, sit decóra Mentis jubilation.
Dies enim solémnis ágitur, In qua mensae prima recólitur Hujus institution.

In hac mensa novi Regis, Novum Pascha novae legis Phase vetus términat.

Vetrutámen nóvitas, Umbram fugat véritas Noctem lux elíminat.

Quod in coena Christus gessit, Faciéndum hoc expréssit In sui memoriam.

Docti sacris institútis, Panem, vinum, in salútis Consecrámus hóstiam.

Dogma datur Christiánis, Quod in carnem transit panis, Et vinum in sánguinem.

Quod non capis, quod non vides, Animósa firmat fides, Praeter rerum órdinem.

Sub divérsis speciébus, Signis tantum, et non rebus, Latent res exímiae.

Caro cibus, sanguis potus, Manet tamen Christus totus Sub utráque spécie.

A suménte non concísus, Non confráctus, non divísus, Ínteger accípitur.

Sumit unus, sumunt mille, Quantum isti tantum ille, Nec sumptus consúmitur.

Sumunt boni, sumunt mali: Sorte tamen inaequáli, Vitae vel intéritus.

Mors est malis, vita bonis; Vide parís suptiónis, Quam sit dispar éxitus.

Fracto demum Sacraménto, Ne vacílles, sed meménto Tantum ese sub fragménto Quantum toto tégitur.

Nulla rei fit scissúra, Signi tantum fit fractúra Qua nec status nex statúra Signáti minúitur.

Ecce Panis Angelórum, Factus cibus viatórum, Vere panis filiórum, Non mitténdus cánibus.

In figures praesignátur Cum Ísaac immolator, Agnus Paschae deputátur, Datur manna pátribus.

Bone Pastor, panis vere, Jesu, nostril miserére. Tu nos pasce, nos tuére, Tu nos bona fac vidére. In terra vivéntium.

Tu, qui cuncta scis et vales, Qui nos pascis hic mortales, Tuos ibi commensáles, Cohaerédes et sodáles Fac santórum cívium.

Amen.
Traducción castellano
Alaba, alma mía a tu Salvador; alaba a tu guía y pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas, porque Él está sobre toda alabanza, y jamás podrás alabarle lo bastante.

jueves, 19 de junio de 2014

Aunque todos yo no (6) Beato Manuel González García

A un cura novel
 
   Carta abierta:
   Querido hermano in C.J.: Todo edificado y lleno de buena voluntad me deja la lectura de su carta, por la humilde y franca confesión que me hace en ella. "Acabo de llegar a esta mi parroquia, me escribe, y aquí me tiene usted, que con todos mis Meritissimus y premios del seminario, con mis borlas de doctor, con mis provisiones de sociología y con todo lo que yo había leído, aprendido, proyectado y hasta soñado para cuando llegara este caso, no acierto qué hacer ni por dónde empezar.
   Porque la verdad es que al verme en una iglesia tan grande y tan vacía, al encontrarme con unos feligreses tan sin importárseles un comino de que les haya venido un cura nuevo, al no oír de los ministros y de los escasos amigos de la parroquia, más consejos «que el no se canse usted, que esta gente es imposible, no se saca nada de ellos», paréceme que se me ha olvidado todo y si de algo me acuerdo o en algo pienso, es para aumentar la sensación de soledad, impotencia, casi desaliento que, desde que llegué, me viene asaltando.
   ¿Quiere usted decirme en caridad de Dios
 
   por dónde empiezo?...

miércoles, 18 de junio de 2014

Aunque todos yo no (5) Beato Manuel González García

   La tragedia pastoral
 
   Al poema pastoril en mis ensueños apostólicos del semina­rio, había sucedido de pronto la visión de una trage­dia.
   Sobre aquel cuadro todo luz, todo expansión, todo alegría de los pueblos que yo creía cristianos y por tanto tiempo había embelesado mi alma, acababa de caer una mancha roja, como de sangre, que quitaba toda la alegría del cuadro y apagaba toda la luz.
   ¡La sangre que al Corazón más bueno de todos los buenos corazones de padres, le está haciendo brotar la herida del abandono más cruel y brutal de todos los malos hijos! ¡Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma!
   ¡Ay!, ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse!
   ¡Ay! ¡qué bien me diste a entender la definición de mi sacerdocio haciéndome ver que un sacerdote no es ni más ni menos que un hombre elegido y consagrado por Dios para pelear contra el abandono del Sagrario!...

Tres falsos dilemas - P. Alfredo Sáenz S.J.

TRES FALSOS DILEMAS
 
"ABIERTO" O "CERRADO"
"PRECONCILIAR" O "POSTCONCILIAR"
"CONSERVADOR" O "PROGRESISTA"
 
Estamos en la actualidad confrontados a una serie de dilemas. Y frente a tales dilemas se nos obliga a tomar necesariamente partido por una de las dos posibilidades: Ud. es integrista o es progresista, es conservador o moderno, es abierto o es cerrado, elige la ortopraxis o la ortodoxia, es preconciliar o postconciliar... Innúmeras disyuntivas que, al parecer, nos exigen perentoriamente una opción, una elección.
Tipifiquemos estos diversos dilemas en tres de ellos que comprenden a los restantes.
 
1. "ABIERTO" O "CERRADO"
Los católicos parecen dividirse ineludiblemente en dos clases: los que están abiertos al mundo, al cambio, y los que se cierran a toda innovación.
Es "abierto" aquel que ama la vida, el que no se ata a costumbres ancestrales, aquel que tiene libertad de espíritu, el que sabe interpretar las normas de la Iglesia con sentido amplio y vital, aquel que ama las experiencias y las novedades porque ve en ellas expresiones diversas de la vida que no se detiene...
Es "cerrado" aquel que mira al mundo con hosquedad, tiene un carácter ambivalente: el mundo hecho por Dios y el mundo puesto bajo el Maligno. No todo "abrirse" al "mundo" es, por consiguiente, laudable. Y, en ocasiones, puede ser mortal para la fe.
Bueno, se nos dirá, si Ud. pone tantos reparos para abrirse al mundo, por lo menos ábrase al cambio. Ya que los cambios son señal de juventud, de la perenne juventud que debe caracterizar al cristiano. ¿Qué responder a tan gentil invitación? Sin duda que hay cambios que son necesarios o, al menos, convenientes. La misma Iglesia los ha preconizado y los seguirá preconizando, ya que a lo largo de la historia trata siempre, en lo posible, de adaptarse a las circunstancias para llegar a todos los hombres. Sin embargo, hoy se cae en lo que podríamos llamar un triunfalismo del cambio. Se han hecho cambios: quiere decir que vamos viento en popa. Cuando más bien habría que decir: ha habido cambios; éstos son positivos y con ellos coincido, y estos otros son perniciosos y con ellos me sé incompatible. El cambio no es algo mágico, no tiene sentido único. Es esencialmente ambiguo. Lo cual muestra cuán innoble sea el recurso de aquellos que no vacilan en tachar de inmovilistas a quienes no comparten el sentido de algunos cambios concretos que de hecho se han ido introduciendo en la vida de la Iglesia, a veces de manera subrepticia.

lunes, 16 de junio de 2014

Máximas de San Juan Bosco sobre la confianza con los educadores


CONFIANZA

·        Haz el bien sin esperar el agradecimiento de nadie, sino de Dios únicamente.

 

·        Insisto que hay necesidad de tener suma confianza con los superiores en asuntos del alma; es la llave de la paz interior, el arma más eficaz para ahuyentar la melancolía, el secreto para encontrar la certeza y la satisfacción tanto en la vida como en la muerte y para alcanzar la perfección cristiana.

 

·        Dios permite las tribulaciones, para sacar mayor bien y mostrar su misericordia y poder.

 

·        Os comunico un secreto que puede haceros mucho bien: abrid vuestro corazón al superior, depositad en él vuestra confianza y sed escuetamente sinceros.

domingo, 15 de junio de 2014

Santísima Trinidad (ciclo a) San Juan Pablo II

San Juan Pablo II
Homilía en la Solemnidad
de la Santísima Trinidad
Plovdiv - Plaza Central
Domingo, 26 de mayo de 2002
 
1. "A ti gloria y alabanza por los siglos".
Así acabamos de cantar en el Salmo responsorial. Nuestra asamblea, queridos hermanos y hermanas, se reúne hoy, en el día del Señor, para celebrar la grandeza y la santidad de nuestro Dios y para profesar la fe de la Iglesia.
Con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés culminó el ciclo de los acontecimientos con los que Dios, en etapas históricas sucesivas, salió al encuentro de los hombres y les ofreció el don de la salvación. La liturgia nos invita hoy a remontarnos hasta la Fuente suprema de este don:  Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, la santísima Trinidad.
2. El Antiguo Testamento subraya la unidad de Dios. En la primera lectura hemos escuchado cómo Dios proclama ante Moisés:  "Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad" (Ex 34, 6). Moisés, por su parte, exhorta a su pueblo:  "Escucha, Israel:  el Señor nuestro Dios es el único Señor" (Dt 6, 4).
El Nuevo Testamento nos revela que el único Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo:  una sola naturaleza divina en tres Personas, perfectamente iguales y realmente distintas. Jesús los nombra expresamente, ordenando a los Apóstoles bautizar "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19).
Todo el Nuevo Testamento es un anuncio continuo y explícito de este misterio, que la Iglesia, fiel custodia de la palabra de Dios, ha proclamado, explicado y defendido siempre. Por eso, al Dios altísimo y omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, le decimos también hoy:  "A ti gloria y alabanza por los siglos".

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