jueves, 2 de octubre de 2014

Santos Ángeles Custodios - Himnos de la Liturgia


 
oficio de lectura 1

Ángeles de la mañana,
ángeles del mediodía,
de la tarde y de la noche
son tu presencia divina.

Llenos de gozo, Señor,
te damos nuestra alegría,
peregrinos de la tierra,
huéspedes ya de tu vida.

¡Que nunca nos abandone,
en el sueño o la vigilia,
el ángel que nos pusiste
como compañero y guía!. Amén.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Santa Teresita del Niño Jesús, una vida eucarística de mano de María - Mons. Antonio Marino

Santa Teresa
del Niño Jesús,
una vida eucarística
de la mano de María

Meditación para el
1° de octubre de 2005
Mons. Antonio Marino
 

   1. María y la Eucaristía

"La Eucaristía y María en Santa Teresita" es el tema de esta meditación, cuando está por cerrar el año sobre la Eucaristía, instituido por el Papa Juan Pablo II. Se trata, en realidad, de dos temas que están en sí mismos conectados. Pertenecen, en distinto grado, a lo más esencial de la vida de la Iglesia y de la vida cristiana.  

La Iglesia vive de la Eucaristía. Ella es el sacramento de la unidad de la Iglesia. Es también la fuente de donde saca sus fuerzas para la misión evangelizadora, y a la vez la cumbre hacia donde tiende toda su misión, como nos lo recordaba el Concilio Vaticano II.

En la Eucaristía la Iglesia actualiza, sin repetirlo, el sacrificio redentor de la cruz, de modo que presenta al Padre como suyo propio el sacrificio de su Hijo por nosotros. En este admirable sacramento, se nos brinda la posibilidad de entrar en él, uniéndonos a la ofrenda sacrificial de Jesús.  

María es aquella mujer en cuyo seno virginal, el Espíritu Santo formó la hostia del sacrificio redentor. Este sacrificio, en realidad, no consiste en un momento aislado de la vida de Jesús, a saber, su muerte; sino que abarca la vida entera del Señor: comienza en el seno de María y culmina en la cruz, con el sello de su sangre; la resurrección eterniza el sacrificio del calvario, introduciendo en la gloria del Padre a nuestro Sumo Sacerdote cuya ofrenda es Él mismo.  

Decimos que la vida entera de Jesús es sacrificio, y por eso es salvadora, puesto que la esencia del sacrificio consiste en el acatamiento de la voluntad divina, cosa que Cristo hizo toda su vida, haciendo de esa voluntad su unidad interior más íntima, su alimento.  

María está presente con el protagonismo de su fe en el misterio de la Encarnación. Cuando brinda el consentimiento a la voluntad divina, el Hijo inaugura el sacrificio de alabanza al Padre, en cuanto hombre, y ella queda asociada a ese sacrificio a lo largo de su propia vida. También está presente al pie de la cruz, en comunión de voluntad con el designio del Padre y en comunión de amor crucificado con la ofrenda de su Hijo por los hombres.  

Pero en esta meditación no me propongo hablar de estas realidades en sí mismas, tal como las comprende la fe de la Iglesia y como las profundiza la teología, sino que deseo hablar de estas realidades tal como las vivía y las formulaba Santa Teresita del Niño Jesús. Ella no tenía ninguna pretensión teológica, se expresaba en un lenguaje espontáneo, encantador y sencillo, que surgía de la familiaridad que ella tenía con estas realidades, por contacto directo y vital. En esa sencillez tan cautivante llega a decir cosas muy profundas, que llamaron la atención de los mismos teólogos. Por eso, el Papa Juan Pablo II la ha proclamado doctora de la Iglesia, como antes Pablo VI lo había hecho con Santa Catalina de Siena y con Santa Teresa de Jesús. Hay por cierto en sus escritos doctrina eminente, que procede de una gran santidad de vida. Faltaba la declaración oficial por parte de la Iglesia, que finalmente ha llegado.

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